El miedo

En Metáfora sabemos que el miedo es algo que todas y todos sentimos diariamente. Todas las personas enfrentamos el miedo a perder, el miedo a no saber responder, el miedo a sufrir, a no saber buscar, miedo a no encontrar, miedo a decidir…pero también sabemos que no es lo mismo sentir miedo que actuar con cobardía. El miedo es en ocasiones dañino, pero sin embargo la cobardía es siempre despiadada. Olvida leyes morales y desprecia normas éticas. Se vuelve manipuladora para aprovecharse y abusar del más débil. Ensucia verdades, levanta mentiras y se revuelve violenta ante el más mínimo atisbo de contrariedad y peligro. Hoy pudiera parecer que los cobardes abundan. Pero lo cierto es que, aunque puedan hacer mucho ruido, no son más. Se presentan como esa cómoda minoría silenciosa. Esa que se mimetiza y deja hacer por no destacar ni distinguirse. La se deja guiar por los que vociferan para empezar a hablar con falsas palabas ya gastadas y de segunda mano. La que con un chato e interesado “que cada palo aguante su vela” o “si no lo hago yo lo harán otros” justifica el ruin afán de su pérfido beneficio. Pero aún así, lo peor de la cobardía, es que cubre las relaciones humanas con una triste pátina de hiel que emponzoña el día a día y va pudriendo la compartida alegría de vivir para convertirla en ese odio revenido que se hace rencor contra quien piensa, siente o vive de manera diferente. Por eso es urgente no dejarse doblegar por la cobardía y hacerse fuerte en los valores éticos, en los derechos humanos y llenarse de razones para construirnos cada mañana desde la valiente dignidad de personas libres. En Metáfora sabemos que somos más los que sin alardes de gallardía ni palabras gruesas, creemos en la justa convivencia. Más lo que queremos escuchar sin necesidad de imponer. Todavía somos más los que creemos en la utilidad de los puentes que acercan orillas y en la luz de la cultura que nos libera de la grisura de la mediocridad para alzar el pensamiento crítico sobre la mentira interesada. Todavía son menos, muchos menos los que gritan, insultan y enarbolando banderas quieren levantar fronteras. Por eso, durante estos últimos días no podemos evitar la pregunta. ¿Habrá quienes pongan su creatividad al servicio de los que llegan a los gobiernos y se presentan en contra de derechos humanos más básicos? ¿Alguien pondrá su trabajo a favor de los que alzan la bandera de su verdad como la única y se enfrentan al que piensa, ama y vive de manera diferente? ¿Habrá quién diga SI a apoyar con su trabajo a gente con tan mezquinas propuestas y talante tan poco democrático y respetuoso? Sabemos que alguien habrá. Alguien que al amparo de una falsa buena profesionalidad sostendrá que un buen profesional tiene que estar al servicio de quien le paga sin hacer conjeturas ni preguntas. Que se justificaran atendiendo a que siempre debe de haber una diferencia entre lo personal y lo laboral, pues por un lado van los valores de las personas y por otro los de las empresas. Pero en Metáfora sin pretender dar lecciones, respetando las decisiones ajenas y sus particulares condicionantes, desde la modestia de nuestra opinión pero la fuerza de nuestros valores diremos NO a sus propuestas y sus llamadas a concurso. Desde la conciencia tranquila de nuestro compromiso diremos NO a secundar con nuestra creatividad y nuestro trabajo hecho con amor y responsabilidad, su ideología excluyente y retrógrada. Porque una cosa es escuchar e intentar comprender y otra apoyar con nuestro trabajo a quienes están en contra de los valores básicos de respeto y la defensa de los derechos humanos. Para quienes decidan que en nuestro trabajo se han de dejar fuera las convicciones democráticas y se pongan al servicio de esos ideales que entran ahora en nuestras instituciones y gobiernos, la comprensión del miedo y la necesidad. Allá ellas y ellos con sus circunstancias y su pragmática profesionalidad. Pero ante el recorte de derechos, ante el espíritu rancio nacionalsindicalista, frente al grito y la amenaza, la barbarie, la mentira y el miedo, no debemos de olvidar que somos más, todavía somos más, los que defendemos la ética basada en los derechos humanos. Todavía somos más los que estamos contra toda irracional e injusta violencia de palabra y obra. Más los que creemos en la vida y en el diálogo desde el fraterno respeto a la rica diversidad. Desde la equidad en el reparto de obligaciones y oportunidades entre mujeres y hombres de cualquier lugar de la tierra y sea cual sea su condición y credo. Por eso en Metáfora desde la responsable libertad sin miedo y desde la creatividad puesta al servicio de la mejora de las condiciones de la vida que vivimos les diremos NO cueste lo que cueste. Otra cosa será dejar morir la alegría lentamente y agonizar con el corazón lleno de dolor y la mirada rebosante de miedo y de vergüenza.

Foto: Ian Espinosa