Yo te apoyo

 

Anoche, haciendo recuerdos de un tiempo pasado, me recordaron un chiste de borricos, de esos que se contaban cuando éramos niños y niñas decía: «Qué pena mi borrico, ahora que se había acostumbrado a pasar hambre, va y se me muere». Es un chiste con vuelta, de esos que hacen pensar. Enseguida me di cuenta de lo oportuno del rebuzno chistoso. Pensé, en estos tiempos difíciles ¿Cuántas empresas y profesionales se sentirán como ese borrico, que se había acostumbrado al tiempo de la dura precariedad y que no ve más salida que tirar la toalla? Sin duda son más de las que creemos. Entre todas ellas estoy seguro de que hay muchas personas que han puesto todo lo que tenían en un sueño y que ahora despiertan en medio de una cruel e injusta pesadilla. Por eso ahora debemos plantear cadenas de apoyo y ayuda para juntos intentar salir a flote.  Se ha dicho siempre que la unión nos hace más fuertes, por eso en este tiempo de apuro y mientras se va solucionando lo urgente, es necesario que todas y todos estemos unidos y apoyemos y demandemos los servicios y productos de aquellos y aquellas que se esfuerzan por mantener el compromiso diario con la labor bien hecha. Es urgente que apoyemos a quienes hacen del amor puesto en cada tarea, modo de trabajo diario. Que confiemos en quienes saben que lo primero es antes y que siempre lo importante va primero que lo superficial. Es necesario apoyar a quienes crecen alzándose sobre sus valores humanos y éticos. A quienes creen que son los buenos medios los que construyen un mejor fin y apoyar a quienes ponen lo que son, al servicio de lo que hacen. Pequeñas empresas con creatividad y valores. Pequeñas tiendas cercanas que hacen un comercio más justo. Hosteleros que cuidan el detalle y trabajan con productores de cercanía. Profesionales y artesanos honestos y de ley.  Es crítico que cuando solucionemos lo urgente,  contemos con ellas y ellos y contratemos a profesionales y empresas valiosas y con valores, para que después que pase la pandemia, unidas y unidos todos, dejemos de ser como ese borrico hambriento y precario que trabaja sin más esperanza que sobrevivir y podamos crecer de otra manera más justa, más equitativa y armónica, más sostenible y menos precaria para así dedicarnos a lo importante, mantener vivo y fuerte el libre latido de la vida. Porque acabar con la pandemia es cuestión de una vacuna, recuperar la salud de nuestra sociedad, tiene que ver con nuestras decisiones, nuestros hábitos y nuestros compromisos con la vida.

AJV