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Tener  éxito en la vida, es sonreír mucho y saber reírse de lo que no tiene importancia y también de lo que la tiene, pero no tanto. Saber que la vida ha de tomarse a broma, pero que debemos vivirla muy en serio y no al revés. Tomarla en serio para vivirla medio en broma.

Tener  éxito en la vida, es aprender a descubrir que la belleza y el amor están en las pequeñas cosas, en las más sencillas, las que tenemos más cerca, pero también, en la manera que tenemos de mirarlas y en la libre y respetuosa relación que mantenemos con ellas.

Tener  éxito en la vida,  es descubrir sin miedo, que en el tortuoso camino de los días, hemos de construir el amor a la vida, sobre los inquebrantables pilares de la alegría, la belleza, el respeto, la libre generosidad, pero también del placer. Pues no hay más justificación a la vida, que la de aprender a disfrutar del placer de vivirla.

Tener  éxito en la vida, es saber aceptar la generosidad de los que llegan, conociendo nuestra débil carencia, sin el debe del amor propio. Es hacer de la compasión, vara de medida para comprender nuestras limitaciones, sin dejar que el orgullo, su miedo y el rancio sabor del rencor, nos colmen de mil razones, casi siempre sin razón.

Tener éxito en la vida, es querer mantener el compromiso con el trabajo bien hecho, sabiendo disfrutar del paso de cada tarea, para convertir ese gozo en una oportunidad para aprender. Es saber compartir lo aprendido, no desde el autoritarismo del que manda e impone, si no  impartiendo el magisterio, desde la autoridad del que más sabe y más entrega.

Tener  éxito en la vida, es saber soportar la traición de falsos amigos y comprender los errores de los amigos verdaderos.  Pues es de unos y de otros, de quienes aprenderás mucho más de ti. Por eso, tener éxito en la vida es aprender a buscar lo mejor en los demás, sin dobleces, ni falsos intereses, y a ser compasivo con nuestras propias debilidades y con las humanas miserias de lxs otrxs.

Tener éxito en la vida, es contentarse con lo justo. Deseando sin esperanza, sin aguardar recompensas, sin buscar vanas pretensiones que ocultan lo que somos, bajo el disfraz de lo que queremos ser y haciendo el ejercicio diario de pedirle a los días, nada más que el regalo de vivir.

Tener éxito en la vida, es querer compartir la alegría a sabiendas del peligro que supone saber que una sonrisa, es una invitación a la creativa transformación y a la revolucionaria generosidad.

Alfredo Jaso

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Confianza

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Tengo absoluta confianza en que el mundo va a mejorar. Lo digo sin pretender construir un muro de vanos y buenos deseos desde el que esconderme de la realidad. Lo digo como lo siento, con una sonrisa. Pero lo digo también desde la sensata responsabilidad que propone ser consciente de mis propias decisiones. Al poner sobre el papel mi voluntad, no miro para otro lado. No me escabullo ante las injusticias para las que un solo ser humano no tiene remedio. Situaciones sobre las que una sociedad madura y responsable ha de actuar para ponerles definitivo fin. Pero tengo muy claro que si asumimos que la vida es un juego, no deberíamos darlo por perdido antes de haber tirado todas las cartas. Si nos jugamos la vida con una sonrisa, desde la responsabilidad, conviene jugarnosla muy en serio y entregarnos en cada envite, sin miedo a perder la jugada. Sin permitir que los que con cantos de sirena, aprovechan nuestra desesperanza en su beneficio o los que hacen de sus mentiras confortable red de embustes, nos arrebaten la posibilidad de sonreír y de vivir la vida muy en serio pero tomándonosla medio en broma.  Así, si uno no cree en esa posibilidad de un mundo más justo para todos, si uno no juega sus bazas, inevitablemente, se descarta y pierde la partida.

No me olvido de que  hemos dejado de ser esos animales asustados, que buscaban el cómodo amparo de la manada y  nos hemos dejado convertir en uno más, de los miembros  de un dócil rebaño que cree vivir libre e independiente, dentro de la confortable limitación del aprisco. No niego que hoy somos individuos interesadamente interesados, que piensan que solo aquello que les viene bien, está bien. Sujetos sujetados, que acodados en la atrevida ignorancia, hacemos del respeto y la responsabilidad, palabras en deteriorado desuso. Lo sé, eso estamos siendo y por eso, desde esa cómoda perspectiva, nos resulta más fácil pensar que lo que vemos en el momento presente, continuará indefinidamente. Por eso, sentimos que nada podemos a hacer y que nuestro esfuerzo resultará presuntuoso e inútil. Reconozco que yo también, por comodidad, he intentado unirme al clan del pesimismo. Tampoco me importa decir que en ocasiones me he dejado llevar por la indignación y he vociferado de manera airada, pretendiendo que por la potencia de mi voz o la fuerza de mi puño, en un acto de irracional heroísmo, el contrario cambiase. Pronto descubrí que en uno y otro caso, ni en la atadura del pesimismo o en la permanente y difusa indignación está la respuesta. En ambos casos, al final del camino, me encontré solo. Desde ambas miradas, la mente se acomoda y desde las dos posturas, se termina siempre justificando lo peor. Unos y otros nos prefieren ignorantes. Hombres y mujeres temerosos por la permanencia perpetua de las cosas, atados como Sísifo a un inevitable destino. Es lógico, una vida es un espacio de tiempo muy limitado y un ser humano corriente, un animal débil y preparado para sobrevivir en la permanencia pero desde el miedo, incapaz de transformar el mundo.

Sin embargo, misteriosamente, como en un caos determinado, la vida cambia y el cambio se produce si hay reflexión, voluntad y acción de uno con muchos. Se trata de que la vida no nos cambie tanto y tan hacia la mansedumbre, como para que nos impida intentar al menos cambiar nuestra vida.  Debemos permanecer en atenta observación ante lo que nos rodea, intentando comprender lo que sucede. La vida nos pide vivir sin prejuicios, para actuar de manera creativa sobre la realidad que vemos. Debemos decidir con responsabilidad y respeto para transformar lo que vivimos.

Cada día me encuentro con personas que, a pesar de la adversidad de los acontecimientos, me transmiten la alegría de vivir. Más allá del puñado de creyentes de una ortodoxia que condiciona y les convierte en activistas atados en ocasiones, a la ceguera de una ideología que contrapone, quiero creer que hay miles de personas afines a las libres ideas de cambio. Personas de gestos comprometidos, honestos, generosos y sencillos, que actúan sobre su propia vida, para cambiar de raíz el mundo.

Veo que la mayoría de la gente se toma la vida en serio y la vive medio en broma. A mi me gusta hacerlo al revés, tomarla a  broma y vivirla en serio. Un optimista no es necesariamente un risueño despistado, cantando tímidamente en la penumbra de nuestros tiempos. Mantener la alegría en la adversidad no es una simple necesidad romántica. Se basa en el hecho científico de que la historia de la humanidad no se sustenta solamente en la crueldad, sino también en la compasión, en la simpatía, en la bondad, en el valor y la acción noble, responsable y comprometida. Se basa en la acción de seres humanos libres, que no se mienten. Que no hablan en nombre de nadie, ni por boca de otros. Personas que con su ejemplo, nos dicen que es necesario actuar. Sonreír. Tomarse la vida a broma y vivirla muy en serio. Nosotros, tú y yo, también podemos ser libres. Nosotros decidimos. Aquello que prioricemos con respecto a nuestros valores y oriente nuestras decisiones, determinará nuestras vidas. Si solo vemos lo peor, si componemos nuestras horas con fríos minutos sin sentido, si convertimos nuestros en días en un triste almanaque detenido, hecho de miedos, pesimismo y resentimiento, se derrumbará nuestra capacidad de actuar. El futuro es una sucesión infinita de presentes,  y vivir hoy, tal como creemos que debemos vivir,  de manera creativa y en desafío total ante el pesimismo y el afán de revancha que nos rodea, es en si una gran victoria. Ahora, cada uno de nosotros,  debe de decidir libremente, como quiere ver el mundo.

Alfredo Jaso

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Atentos

Gotas corazón

En Metáfora desconocemos el triste significado de la palabra impersonal. Por eso nos gusta llamar a las cosas por su propio nombre y a las personas por su nombre propio. Es nuestra manera de demostrar la atención que ponemos en cada nueva propuesta, en cada nuevo cliente, en cada colaborador que se incorpora a nuestro trabajo. Nos gusta tener un trato cercano y atento porque estamos seguros de que solo así convertimos cada momento en algo especial con alguien único. En Metáfora nos gusta poner la atención en todo lo que hacemos. Estar atentos como gesto de respeto y responsabilidad. Atentos para observar y comprender. Atentos para compartir y disfrutar. La atención es la capacidad de observación global. Estar atento es tener la mente alerta, pendiente de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Seguros de que somos actores principales de lo que nos rodea y de que son nuestra actitud y nuestras decisiones, las que alteran el discurrir de lo sucede. Por eso, estar atento, es una manera de tomar consciencia de la responsabilidad que se adquiere, solamente por el hecho de mantener en pie, el diálogo con la vida. Distinto es estar concentrado. Con el interés fijo en algo concreto. Sin tener consciencia de lo que más allá de nosotros está pasando. Siendo monologista de nuestra propia existencia. Llenándonos de razones, sin más motivo que responder al centro de nuestro exclusivo interés. La concentración es necesaria en labores de precisión. Pero no lo es tanto cuando se trata de aprender a vivir o cuando pretendemos desarrollar una actividad de relación más creativa. La concentración nos situa en exclusiva en el centro de nuestra actividad pero nos distrae de la atención al total de la acción y su discurso. Así, pensemos en el científico que permanece concentrado, con su total interés puesto en la reproducción celular, pero que está despreocupado del incendio que empieza a destruir el laboratorio. Es por esto, que quizá nos prefieren concentrados, con el interés interesado puesto en la mismidad del yo mismo, egoístas, frágiles y temerosos y no nos quieren atentos, alerta, libres y creativos. Dispuestos siempre para estar cerca de todo aquello en lo que ponemos nuestra atención. En Metáfora, nos gusta observar atentamente. Comprender sin prejuicio. Vivir sin miedo. Compartir generosamente y disfrutar de los días como un regalo.  Estamos seguros de que solamente con esa atenta actitud, seremos capaces de sacar el mayor partido a nuestra concentrada aptitud, para poder ser cada día, más creativos.

Alfredo Jaso

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Medir las ideas

Corazón

Quisiéramos tener entre el repertorio de todas nuestras ideas bonitas, aquellas que son como rayos de sol. Las más cálidas y cariñosas, las más inocentes y sinceras, esas que tan solo con compartirlas llenan los días de luz. Ideas que solamente con ponerlas en pie, llevan la alegría a la sonrisa y son capaces de convertir los días grises en color. En Metáfora quisiéramos encontrar entre las palabras del diccionario esas que suenan a dulce melodía, las que animan los corazones con sus sonidos y son como caricias que nos protegen ante el dolor. Nos gustaría ser capaces de hacer brillar las ideas hasta poder alumbrar con ellas la posibilidad de un mundo mejor para todxs. Nos gustaría poder gastar las palabras a fuerza de rozarlas con buenos sentimientos, para poder compartir siempre la alegría y el regalo de vivir. Las ideas y las palabras se engrandecen cuando crecen y se pronuncian desde el corazón. Es cierto que en ocasiones, ideas y palabras por su fuerza y tamaño son capaces de llegar lejos y que en su constante viajar a veces pierden su milimétrica precisión. Así, amigo es una palabra poderosa y enorme. Que sin embargo se gasta con facilidad y se vuelve hueca cuando se pronuncia interesadamente. Que se torna ingrata cuando se pone en contra de quien nos ofreció su desinteresada amistad. Es tan grande, que entre su brillo luminoso y sus líneas de garabato sentido, caben muchas definiciones, tantas como personas que la pronuncian y alumbran. Amigo es quien te acompaña toda una vida o aquel que te ofrece durante un eterno segundo su generosa mano y desaparece de tu lado para siempre. La amistad es un sentimiento comprometido solidario, generoso que a veces se prolonga a gritos y en otras crece desde el silencio. Que se da sin pedir nada a cambio, que nada espera y que por tanto, como todo lo importante, no se puede medir. Cuando tenemos la sabiduría de encontrarlas en nuestra vida, no hay que perder el tiempo en preguntas. No hay que sacar el fiel o la vara. No hay que echar cuentas, ni pedir recompensas, hay que vivir y vivirlas. En Metáfora creemos en un mundo sin medidas, ni cuentas. Un mundo donde el valor radica en el poder de lo intangible, de aquello que se entrega y se comparte sin esperanza y se da generosamente para hacer crecer la posibilidad de un mundo mejor, más justo para todxs. Un mundo en el que el otro no sea un extraño que meter en el saco de la desconfianza. Un mundo de personas sin miedo a la libertad, ni temor a la responsabilidad. Basado en el respeto a las distintas miradas y las diferentes sensibilidades. Habrá quien diga que en Metáfora no somos lo mejores creativos del mundo. Es cierto, no tenemos cada día ideas luminosas y geniales. Pero hay algo que nos distingue cuando nos ponemos a la tarea,  sabemos sonreír a la vida con el corazón. Desde nuestro trabajo diario, buscamos compartir la sonrisa responsable. Esa que hace brillar las ideas. Esa que acerca, que abre puertas y hace amigos. Y estamos convencidos que un mundo de amigos, de personas comprometidas, solidarias y generosas, tiene que ser un mundo mejor. Un mundo de sonrisas, tiene que ser un mundo más justo. Así que no preguntes por el impacto de las propuestas, ni pidas que se indague por el peso de las ideas, ni por la medida de las palabras, simplemente observa con atención, comprende sin prejuicio, comparte sin miedo y sonríe con nosotros, sonríe con el corazón y busca llenar el mundo de amigos. Ese será tu verdadero éxito.

Alfredo Jaso

 

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Tomar distancia

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Tomar distancia es querer comprender desde fuera sin perder lo visión de lo que somos por dentro. Reclamar nuestro derecho a ser quien somos y alejarse para percibir la realidad desde una mirada honesta y objetiva. Tomar distancia es aceptar nuestra responsabilidad. Asumir sin miedo el derecho a ejercer nuestra libertad  y aceptar con respeto, el que otrxs tomen sus propias decisiones. No es fácil, tenemos miedo a la libertad. Miedo al dolor que causa el error. Pero tomar distancia es necesario para vencer ese miedo a mirar dentro. Para mirar debajo de todas esas máscaras que nos pusimos para ser quienes queríamos ser. Para desnudarnos de todos los uniformes que vestimos, prejuicios bobos que nos limitan, pero que nos confieren la seguridad de ser aceptados por los que creemos iguales. Es necesario tomar distancia para aceptar la posibilidad de avanzar al tiempo que se toman decisiones. Esa es nuestra propuesta: tomar distancia para poder tener una mirada atenta y objetiva sobre lo que nos rodea. Tomar distancia para estar más cerca, para acertar en la justa medida y en la más certera propuesta. Tomar distancia para mirar distinto y ser metáfora que propone una nueva visión, para una misma circunstancia. Solo así, mirando lejos. Tomando distancia. Haciendo camino. Siendo valientes. Encontraremos la palabra precisa. La idea brillante. La respuesta correcta.

Alfredo Jaso

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Amor

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Cuando unx pone en su tarea todo lo mejor que tiene y comparte lo mejor de todo lo que es, está poniéndole amor a cada cosa que hace. A cada nuevo proyecto. En cada idea. A todas y cada una de las palabras. Si nos comprometemos en cada nueva acción, dando lo que tenemos en ese momento, estamos poniendo en ello, lo mejor de nosotrxs mismos. Somos lo que damos y dar, es el mejor regalo que podemos recibir. Por eso, quedarse exhausto por haberlo dado todo, sin duda es tener mucho. Cuando damos todo lo que somos, estamos entregando amor a nuestra tarea. Amar lo que se hace, como la huella que se deja sobre la vida que unx lleva, nos hace más libres, pero también mucho más responsables y dese luego, nos compromete más. En Metáfora no nos escondemos. No nos asusta decir gracias, ni dar enhorabuenas, ni ofrecer disculpas para cimentar y construir relaciones sólidas. No nos asusta ser responsables y comprometidos para defender el trabajo bien hecho. No le tememos a compartir, por miedo a perder lo que tenemos, al contrario, nos gusta sumar porque queremos ser más, para así estar más cerca. En Metáfora no nos asunta mostrar lo que somos. Amamos la vida y amamos el trabajo que hacemos, porque forma parte de nuestras vida. Amar es tomar libre posesión de unx mismx y compartir esa libertad sin esperar la aprobación de la mayoría. Por encima de cualquier aptitud profesional, es esa decidida actitud personal, la que aporta un valor diferencial a todas y cada una de las tareas abordadas por Metáfora de Comunicación. Porque si comunicar es compartir lo que se hace y sabemos que se hace lo que se es, será solo desde la sencillez valiente y comprometida de los hechos y las acciones creativas, desde donde podremos alzarnos seguros y confiados, para mostrar sin miedo, quién cada unx de nosotrxs es.

Alfredo Jaso

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