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La mirada

O Bierzo 018

Nunca nos vemos. Nos rodeamos de espejos pero no queremos vernos. No queremos descubrirnos. Sorprendernos siendo distintos a quien creemos ser. Nos asustan antiguas cicatrices de batallas libradas. Esas que nos hicieron más resistentes pero también más frágiles. Queremos mirar hacia delante, pero buscamos un refugio en el recuerdo de un doloroso ayer. De un pasado que nos aprisiona en la delectación de lo que fue, de la maravilla que ya pasó, y que de recuerdo en esperanza, nos detiene cautivos en la constante actividad de la inacción. Así, quizá por miedosa comodidad y extraña complacencia, nos conformamos soñando lo que ha de venir. Hilvanando el deseo con el hilo negro de la desesperanza. Tejiendo el futuro con la punzante aguja de un pasado que murió. Y por consciente dejación, buscamos la liberación por la queja, cambiamos la mirada nueva por la rebeldía inútil y rabiosa y  la arrebatadora caricia  de una sonrisa compartida por el placer fugaz de la insatisfacción. Y así, en continua actividad contra el silencio, aguantamos lo malo de la desidia y la desilusión, seguros de estar ya preparados para claudicar de la alegría y  soportar lo peor. Todo antes que mirarnos a los ojos para encontrar dentro y salir fuera. Cualquier cosa mejor que dejar de ser quien nunca fuimos. Esa persona que se hizo desde la máscara, para vestirse uniformado. Mejor vivir de prestado que enfrentar de manera decidida, sencilla y valiente, al que estamos siendo para ser, sin miedo, quien en verdad somos. Todo antes que abatir los muros que nos encierran. Cualquier cosa antes que vencer el miedo en el que nos sentimos tan seguros. Todo antes que borrar de nuestra mente las ideas tatuadas, las creencias del signo que sean, las palabras gastadas, las acciones repetidas, las formas  insaciables… y darle al deseo de vivir lo suyo, y no lo impuesto. Cualquier cosa antes que entregarnos en acción permanente a construir lo real, lo presente, lo que nos hace nuevos, distintos, comunes y extraordinarios. La vida solamente nos pide una cosa: mantener el deseo de aprender a vivir conforme a quien somos. Por eso, alcémonos del suelo, pongámonos en marcha y hagamos de la memoria herramienta práctica y no instrumento de relación. Recuerda para olvidar y desde ese presente continuo, observa atentamente y sin miedo ni prejuicio,  sé creativo.

Alfredo Jaso

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Ruido

Enero. Papa.Cabohome7

Estamos rodeados de ruido. En la calle. En el trabajo. En casa. Nos hemos acostumbrado a su permanente presencia. A su constante y ruidoso estar. Hay ruido por todas partes, un ruido que nos aturde, que nos atontona. Un ruido ensordecedor que no nos deja oír. Con tanto ruido, no escuchamos otra cosa. Ni oímos la música callada de los días. Ni la armonía melódica de un latido. No escuchamos  el trino agudo del ave libre, ni el doloroso gemir de un cuerpo  cautivo de su propio cansancio. Es ese ruido ensordecedor, el que no nos deja escucharnos. El que nos impide nuestra propia voz hablando en nombre propio, ni oír la voz del otro y el sonido de su demanda y sus misterios. El ruido nos aleja de la realidad. Nos encumbra sobre un sonoro ara levantando sobre nuestra ruidosa e interesada soberbia. Nos levanta por encima de nuestra vanidad y nos lleva más allá del fragor de nuestros miedos. Así, los ruidosos días, se han convertido en un barullo que lleva al interior de nuestras cabezas esa desquiciante y sonora balumba que nos aparta del silencio de nuestras preguntas.  Nos hemos hecho de tal manera a ese ruidoso existir, que el silencio nos atemoriza como asusta un rugido en la noche. Por eso, hay que rellenar el silencio con ruidos habituales a los que terminamos por acostumbrarnos. Ruido inútil que reclama nuestro interés y se apodera de nuestra atención. Ruido ruin que levanta un muro que nos separa y aleja de lo más cercano.

Aunque resulte paradójico, entre tanto ruido es urgente aprender a escuchar. Llegar a diferenciar aquello que suma de lo que nos resta. Comprender que no es lo mismo una voz compartida que un grito irrespetuoso. Un aullido melódico que una melodía musical que provoca. Debemos aprender a escuchar en todo momento y lugar. Pero para ello primero es necesario acercarse al silencio. Reclamarlo como una necesidad propia y colectiva. Silencio para derribar y construir. Hacer silencio aunque nos asuste y nos incomode el sonido sordo de nuestros miedosos  reproches. Silencio para aprender a escuchar aunque nos duela la verdad silenciosa de nuestras miserias. Silencio como ejercicio de valentía y paciencia. Silencio para escuchar lo que cuentan nuestras manos cansadas. Para oír  el amable rumor de un dulce fraseo. Para comprender lo que dice nuestra piel ajada o el grito poderoso del deseo.

Desde el silencio,  es urgente escuchar con atención y sin miedo. Que no nos asuste el tono brillante de nuestra propia voz hablando en nombre propio. Que no nos asuste la valentía de nuestro miedo, ni el miedo ajeno de la voz de los que se dicen valientes a costa de nuestro silencio. Observa con atención y desde el silencio, escucha lo que dices y lo que te cuenta la vida. Sin trampas que te atrapen, sin juicios que condenen, sin ventajas que te salven. Sin ruido interesado que se interponga entre tú y la vida. Escucha desde el silencio y  se tú sin miedo, sin preludios, ni ambages.  No prestes atención al ruido. No permitas que distorsione la voz de quien tú eres. Guarda silencio para que tu voz suene más potente, más clara y así pueda llegar más lejos. Escucha y escúchate. Guarda silencio y vive sin miedo. Escucha, observa, comprende desde el silencio, comparte generosamente tu palabra y así desde el silencio, tu trabajo de cada día será más creativo.

Alfredo Jaso

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Gracias

Metafora sonríe

Agradece cada mañana  el regalo de vivir. El regalo de una vida que te ha permitido conocer y nos ha invitado a conocernos. El regalo de la justa medida, esa regla sin mesura en la que encontrar suficientes motivos para la compasión propia y ajena. Agradece cada día haber aprendido a mantener en el corazón el recuerdo dulce de las personas que has querido, las que se dejaron querer y las que te olvidaron y cada día, da gracias por la fortuna de saber, que pese a la distancia y el tiempo todavía puedes quererlas. Da gracias a quien viviendo el amor  te enseñó  a amar la vida. Gracias por hacerlo generosamente, mostrándote un camino que no estaba marcado, que nadie marcó pero que vivía en su mirada y en el fondo de tu corazón. También da gracias a la vida por los sin sabores y las incertidumbres, por el recuerdo amargo de las personas que se esforzaron y perdieron su tiempo intentando apartarte de la alegría, y agradece el poder recordarlas con cierta ternura y sin rencor. Agradece a todos hacerte saber de tus errores, de tu vanidad de ser humano mediocre y de tus limitaciones de persona vulgar, pues es ahí donde se asomaron todas tus virtudes de persona valiente y comprometida. Da gracias por mantener aún  los compromisos sin ataduras, ni cadenas. Por permanecer firme sin doblegarte del todo al tedio y la rutina, y por haber adquirido nuevas y hermosas responsabilidades que te enriquecen y a veces te abruman. Agradece también a la vida, la invitación a comprender el motivo de tus razones y tantas veces, la sin razón de las mismas. Di gracias a tod@s los que te han acompañado con su sonrisa generosa, su palabra cercana, su comprensión y su paciencia y su ejemplo vital, pues sin ell@s no sabríamos creer, ni tendríamos la valentía de descubrir, conocernos y conocer. Da gracias  a la vida porque sin ell@s  tu, yo, ninguno de nosotr@s seríamos quien somos y por lo tanto el brillo de nuestro trabajo no sería igual. Ahora, desde la libertad del agradecimiento, utiliza todo lo vivido, todo lo aprendido , todo lo que has recibido y compartido, eso que conforma todo lo que eres y ponte a trabajar sin miedo. Sé tú, sé quien eres, entrégalo todo y en cada proyecto que emprendas, sé creativo.

Alfredo Jaso

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