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Invitación a la alegría

La calidad de relaciones sociales y su entramado de convenciones culturales es el espacio donde se atenúan nuestras fricciones emocionales. Cuando una cultura no es capaz de crear  y sostener este espacio-soporte, como un ámbito de desarrollo justo y solidario basado en la responsabilidad y el respeto, se genera una comunidad destructiva. Se crea así una comunidad donde la afirmación de uno implica la destrucción del otro, y cuya consecuencia es una unión en la desunión a partir de la cual triunfa solamente el más fuerte. Ese  que suele ser el que mejor sabe utilizar cualquier tipo de violencia sobre los otros. Sin embargo la consecución del objetivo, la victoria sobre el otro, no mitiga el dolor del enfrentamiento, por el contrario, en las personas sensibles lo refuerza de tal manera, que genera desasosiego. Esa ansiosa desazón que es el desasosiego social, hace el caldo gordo que alimenta el desarrollo de la creencia religiosa, política, económica o sentimental como sustrato sobre el que se alza y empodera el imaginario identitario. Somos otros. Somos distintos. Somos lo que creemos ser.

El desasosiego se ha convertido en un estado de ánimo predominante en nuestras vidas cotidianas. Este indica la falta de sosiego, es decir de tranquilidad. Esta sensación extraña e inquietante de permanente fragilidad, peligro y sospecha son los pilares básicos sobre los que se asienta el miedo. En una sociedad habituada al temor, nace de manera natural el mal humor. El mal humor es la manifestación que produce esa apariencia de pelea constante, de enfado perenne, que en el fondo es la señal de un fracaso social permanente.

Nuestra cultura ha generado un imaginario social y simbólico donde el que no siente cumplidas sus ensoñaciones o satisfechos ciertos mandatos, tras un período de justificada pero inocua y malhumorada rebeldía, termina por sentirse fracasado y culpable de su situación. Encontrado el culpable, señalado este por el dedo acusador, debe resignarse a su situación. Por eso hoy la dominación se ejerce, fundamentalmente, imponiendo en la subjetividad, la resignada sensación de que nada puede ser cambiado. Si nada puede transformarse. Todo debe  mantenerse inmóvil a riesgo de que pueda empeorar aún más. El resultado es vivir en un mundo asustado, donde la creencia postiza, como promesa de un tiempo mejor, le puede a la  razón. Vivir un tiempo mal humorado, pero resignado, donde impera el sálvese quien pueda y en el que se apela al egoísmo de la falsa ilusión de singularidad como manera de esclavitud. Así, esa degradación de los valores éticos de fraternidad, igualdad y libertad, sin duda pretende el sometimiento desde el desasosiego, el mal humor, el desinterés  y la apatía social.

Cabe entonces preguntar ¿Es posible acabar con el desasosiego y el mal humor? ¿Podemos enfrentar tanta tristeza inútil? Yo, rumiador de  mis secretas tristezas. Que aprendí de mi padre que  estar con más pena que gloria es más que nada un «malestar». Que la vida me ha enseñado que se empieza soportando lo malo y se acaba aguantando lo peor,procuro ofrecerle al profesional  de la angustia y la desesperanza,al adalid del inmovilismo y el miedo, mi mejor sonrisa. Hay que tomar partido por la alegría.

Ser alegre aún si motivos. Alegre por el regalo de vivir. Alegre por la oportunidad ejercer libremente el derecho de regalarnos y compartir una sonrisa. La alegría permite el triunfo del principio lúdico del placer sobre el principio de una malhumorada falsa realidad. Pero alegría responsable no para negar la realidad, sino para poder enfrentarla y tentar la posibilidad de transformarla. Por eso la alegría responsable compartida es solidaria y peligrosa, porque la alegría es siempre y en su afán transformador, revolucionaria.

La alegría hace posible  una actitud creativa, que permite mitigar las dificultades de la vida a partir de la predisposición al cambio. La alegría plantea la necesidad de construir un tiempo de sentimientos alegres que enfrente la ruina de las pasiones tristes. Alegría no por tontuna y simple emoción. Alegres de manera responsable y comprometida. Responsabilidad que reclama reflexión. Compromiso que exige respeto. La alegría vital propone un paso al frente del compromiso razonado, contra al desasosiego irracional. La alegría es una sonrisa generosa contra el mal humor intransigente. No debemos dejar que sentimientos negativos nos coman la alegría y nos llenen el ánimo de emociones contenidas. Aprende a mirar lo bueno y bello que nos rodea  y que está también en nosotros. Aprendamos a compartir la sonrisa y dejemos de repartir desdichas y malas caras. Disfrutemos responsablemente del regalo de vivir. Del reto de la existencia como un hecho irrenunciable, como una manera permanente de aprender. Vivamos para transformar lo que nos rodea, para mejorar aquello que no sea justo. Neguemos el triunfo ruin de la oscuridad. La victoria de aquellos que quieren convencernos de que no hay otra salida más que la resignación. De los que con su mal humor neutralizan la opción del cambio.

No tengas miedo al cambio. Que no te asuste pedir lo justo, reclamar tu dignidad de persona. Hazlo todo con el corazón pero desde la inteligencia. Con serenidad, sin resquicios y desde la responsabilidad. Con contundencia pero sin rabia, sin ese mal orgullo que te convierte en alguien igual al que combates. Siendo tú,  sin ser otro que no eres y sin necesidad de mostrar una coraza de desconfianza que no es del todo tuya y que por eso no te protegerá cuando más falta te haga. No te engañes, la creencia que defiende una verdad verdadera, que busca la derrota del otro. Aquello que busca el sufrimiento y la renuncia rara vez procuran satisfacciones. Ese «cielo» se gana con la fuerza de la justicia y la energía transformadora de la sonrisa.

Observa atentamente. Comprende sin prejuicio. Comparte generosamente y sonríe sin miedo. No pierdas el tiempo en discutir. En mirar atrás o pensar en el futuro. No hables, haz, porque cada acto, cada obra tuya hablará por sí sola y es una explicación de lo que quieres, de quien eres, y qué estás buscando. Utiliza la sonrisa compartida  como revolucionaria herramienta de trabajo diario en la convivencia. Vive en la libertad responsable para tener la disposición férrea de defender y respetar la libertad propia y ajena y haz de la creatividad colaborativa vital instrumento transformador.

Alfredo Jaso

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Amo la radio

 

En Metáfora sabemos que si la palabra acaricia a las ideas con el tacto luminoso de la música, rápidamente la emoción se hace mensaje compartido. La voz y la palabra, la nota y el sonido ayudan a construir en silencio la identidad personal, esa que en la suma total de individuos, y en sus diferentes tonos, da voz a la cultura de los pueblos. Música y palabra, en binomio creativo, son capaces de fijar y profundizar en emociones que pertenecen ya a un acervo popular que todos reconocemos. Esta pareja de de voz y melodía, enriquece el proceso creativo y la eficacia del mensaje con su compleja sencillez. Entre estrofa y ritmo se esconden o brillan sin miedo ideas, sentimientos y propuestas.

La radio es el medio perfecto para desarrollar este reto. En Metáfora amamos la radio y por ello sabemos que las piezas publicitarias pensadas para este entorno han de ser un desafío a la creatividad.  La radio es un arma poderosa capaz de convertir información en conocimiento. En este, como casi en ningún caso somos de los puristas, de esos que piensan que las propuestas publicitarias lastran los contenidos radiofónicos. La buena publicidad es aquella que se mimetiza con el medio y el formato, para ofrecer al oyente un mensaje potente. Esa es la que se agradece como información y juego de la inteligencia. En cambio, me entristece la mala publicidad, la que interrumpe e impide el discurrir fluido de los asuntos. La que chirría porque no se adapta al medio. La que se repite por miedo al fracaso y aparece forzada y sin fuerza. Los publicistas, salvo raras y honrosas excepciones, no aman la radio. Les atrae más el brillo del éxito rápido de otros medios. Olvidan que la radio no se ve, desperdiciando así la posibilidad de usar la imaginación para crear “un universo sonoro” como decía Deglanné. Piensan que la radio no se escucha y aplican fórmulas de compromiso sin adaptar sus propuestas a conceptos radiofónicos.

En Metáfora amamos la radio. Esa que es hilván de misterios y complicidades que nos comprometen en una nueva cita. La que nos invita a compartir conocimientos para hacerlos crecer. La que nos habla y me escucha. La que tiene anuncios que sorprenden y nos invitan a soñar. Esa que sueñan los más valientes profesionales de la radio. La radio que sirve para transformar la fealdad de los barrios, la tristura de los días y el tedio de los conformistas. La que acaba con el frío de los corazones cautivos de su propia miseria,  la sinsorga de los pobres de ánimo, la monotonía de los que no sueñan, la apatía de los que se conforman y la oscuridad de los que no aman para vivir. Todavía hoy, junto a mí como cuando era niño, asomada a la noche, suena la radio, esa compañera valiente que ampara en cada sonido, en cada anuncio, en cada música, en cada palabra, la espuma fugaz de nuestros sueños.

Alfredo Jaso

 

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No sabe pero contesta

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Es la demoscopia el nuevo oráculo de Delfos. El lugar al que todos acuden para comprobar la veracidad de sus argumentos. Hoy nada se decide sin el previo análisis de los datos compilados y de las opiniones vertidas.  Ha de responderse un SI o un NO a un cuestionario que evalúa gustos e intereses y para los indecisos, queda una socorrida tercera vía, un comodín que para los de irresoluto parecer, se resume en un «NO SABE, NO CONTESTA».  A pesar de la escasa relevancia de esta casilla en el número  total de las respuestas, sociólogos y analistas suelen concederle a este apartado el valor de la cualificación silenciosa, esa que denota, si no inteligencia, si al menos honestidad y sentido común. Deberíamos convenir que si no se tiene conocimiento o información sobre alguna materia en cuestión, lo más adecuado sería no contestar al respecto. Sin embargo hoy lo más habitual es responder con soltura a cualquier cuestión que se nos plantee y en muchas ocasiones, hacerlo con total libertad y desde la más libre ignorancia. En estos tiempos que vivimos, tendemos a considerar que si de continuo se nos reclama nuestra opinión, ha de ser porque esta se tiene por valiosa. Nada que objetar al que quiere saber y pregunta, pero cierto reparo ante el que responde y opina sin saber.  Hemos aceptado como necesario ejercicio democrático el que exista la libre opinión, y así  proliferan los «todólogos» que en cualquier medio de comunicación exponen su parecer sobre materias en las que muy probablemente no sean expertos. Opiniones que ya de cuarta mano, se extienden en la calle como verdades tautológicas.  Bueno es que la libertad nos permita opinar sobre cualquier asunto, pero mejor habría de ser que la inteligencia nos hiciera callar cuando no tenemos conocimientos suficientes sobre la materia. Es cierto que se entiende mejor cuando nos enfrentamos a una realidad social poblada de genios capaces de enfrentarse a cualquier dilema y responder ante cualquier demanda. Así vemos como un ministro con cartera, sirve al poco, para otros varios ministerios. Un consejero puede desempeñar a lo largo de su carrera política, varias responsabilidades autonómicas o un concejal de festejos terminar como responsable de urbanismo. Pero señalar esta realidad entre los responsables de gestionar lo de todxs, resulta cómodo y casi siempre llama al aplauso fácil más sin embargo, no debería parecernos extraño, pues en el día a día descubrimos que personajes con cierta notoriedad pública y sin mucho rigor intelectual ejercen de periodista sin saber del oficio, oímos que personas que no son arquitectos diseñan casas, licenciados sin ninguna preparación pedagógica enseñan materias que no dominan, esforzados estudiantes  hacen de camareros sin saber llevar una bandeja y cualquier ciudadano o ciudadana,  se permite opinar sobre aspectos relacionados con el diseño, la comunicación y la publicidad, solo porque camina por la calle y ve la televisión. Cierto es que en este oficio, no es difícil tener una idea una vez y hasta puede que esta incluso sea brillante y es quizá por ello, que como el burro flautista de la fábula, cualquiera se siente capacitado para expresar una opinión al respecto y ejercer de critico.  Opinan, deciden y en ocasiones ejercen sobre estas materias personas cuyo conocimiento en estos asuntos es cuando menos relativo y tangencial y todxs admitimos que así ha de ser porque al fin y al cabo todo el mundo tiene derecho a opinar aunque no sepa y porque sobre gustos…así como a nadie se le ocurre decirle a un profesional de la medicina que ponga una vía unos milímetros más arriba o de un color más fuerte, que en una radiografía el plano no está bien compuesto o en una fórmula magistral parece que le falta consistencia al mensaje, en nuestro oficio eso si está permitido y muchas ocasiones las decisiones las toman y las opiniones se dan, como dije al comienzo, con total libertad y desde la más libre ignorancia. Así pues y teniendo en cuenta que como dijo el poeta Celaya,  «nosotros somos quien somos«, propongo a los expertos demoscópicos que para no llamarnos a engaños, añadan una nueva categoría en sus resultados estadísticos esa que se incluya al más peligroso, el que  «NO SABE, PERO CONTESTA».

Alfredo Jaso

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Sin miedo

 

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Cuando eres tan inocente e ingenuo que te asustan con el coco y el miedo se aferra a tu corazón como una punzada terrible. Y la noche oscura se abre como un pozo de tenebrosas tinieblas. Responde valiente al desafío sin temor a enfrentar lo desconocido. Vive sin miedo. Aprende a creer en ti y comprende que el miedo es el borde que protege la frontera de ese pequeño mundo que aún debes descubrir. Por eso te digo, vive sin miedo. Confía en el valor de tus valores y se valiente para saber que a la incertidumbre de un nuevo paso le sigue la certeza del siguiente.

Más adelante, cuando llega la edad del amor y te encuentras perdidamente enamorad@ de la persona equivocada. Y sientes que te duele en el pecho con esa pena dulce de no ser correspondido. Y sufres por un amor propio que no entiendes. Que no te hace libre, si no que te ata al apego de ser querido. Y sientes el miedo al abandono atenazando la alegría del amor. Y crees que el mundo se acaba si una mirada no responde a la tuya. No creas a los que te dicen que te engañaron, que no valió la pena. Que entregaste más de que se te dio. No les escuches. Comprende que el amor crece cuando lo entregas. Que solo tienes lo que das y que saber dar es un regalo que compartir. Un presente que te enseña a ser libre por ti y no solo con otrxs. No aceptes la cobardía de los que pierden por miedo a ganar y convierte tu corazón en una herramienta vital para alzarte sobre la miseria de sus vidas y forjar el fiel de tu libertad. Por eso te digo, vive sin miedo. Crece en ese tiempo de joven esperanza y vive sin miedo. Sin miedo. Aprendiendo a entregar el amor a la vida generosamente en cada sonrisa.

Luego, cuando llega el tiempo maduro y aceptas que el peligro es parte de la aventura de vivir. Y eres tan frágil que te sientes invencible. Que tienes tanto que perder que luchas por ganar. Que tu orgullo y tu vanidad se hacen tan grande  que no ves tu pobre insignificancia de ser humano pequeño. Y te ensanchas en el que quieres ser olvidando quién estás siendo. Y al tropezar y caer, oyes el aullido del vacío. Y en tu vertiginosa caída sientes miedo a perder aquello que pensabas que eras. Entonces no creas a los que te dijeron que no vales nada. No escuches su miserable plegaria de dolor. No busques refugio en la tristeza, ni dejes que unas mano vacías, sean el cuenco del fracaso. Siente que queda tiempo para hacer. Siente el impulso del corazón y la fuerza de tus manos que te ayudan a construir un tiempo presente sin barreras. Un ahora de puentes sin fronteras. Y vive porque la vida no te pide lo que no das pero te enseña compartir lo que tienes. Y por eso creces en cada decisión valiente y eres más tú, cuanto menos escuchas a los que te amenazan con su cobarde temor. Por eso te digo, vive sin miedo. Sin miedo. Pues ya sabes que si te vencen las dificultades podrás levantarte de nuevo. Y volverás a arriesgar y aprenderás a perder como una manera de ganar.

Y más tarde, cuando el tiempo va tan rápido que todo se vuelve lento. Cuando cada minuto de acerca al momento final. Un día cualquiera. Una semana de un mes cualquiera, llaman a tu puerta y sientes que te entregan tu última carta. Una invitación para un viaje sin regreso. Y sientes el miedo atrapando las horas y los días sin piedad. Sientes el miedo del tiempo perdido, de las horas  acabadas. De las últimas luces sin memoria. De los recuerdos sin contorno. De las despedidas sin adiós. Entonces alguien te dirá que la vida es eso, prepararse para la ausencia. Acostumbrarse al dolor. No les hagas caso. Y un momento antes de rendirte y cerrar los ojos para mirar del lado donde caen los sueños, busca caminos que recorrer sin prisa. Encuentra motivos que no saben de su razón. Y aún en ese momento te digo, vive sin miedo. Sin miedo. Por qué si te alzaste ante el temor de la infancia. y venciste al miedo a la noche oscura. Si en la juventud derrotaste al recelo de amar y luego más mayor doblegaste el pánico a perder. Si fuiste tan osado que quisiste vivir de primera mano y pudiste comprender el regalo mágico de los días.Si tuviste la oportunidad de compartir con valentía y mirar con compasión a quien no te comprendía.Si dijiste NO y decidiste que SI. Entonces comprenderás que pusiste de ti todo lo que había. Que entregaste a los días lo mejor que tenías. Que fuiste creativx y valiente y viviste desde el respeto, en libertad y SIN MIEDO.

Alfredo Jaso

 

 

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Citius. Altius. Fortius

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«Más rápido, más alto, más fuerte» es la frases latina que define la ambición del inevitable hombre blanco. «Más rápido, más alto, más fuerte», un dicho de sesgo deportivo, que como un mantra, propone un plus ultra vital inalcanzable. «Más rápido, más alto, más fuerte» para llegar antes, más lejos y durante más tiempo sin preguntarse a dónde, ni por qué, ni por cuánto tiempo. Hoy ninguna actividad humana es ajena a esta premisa. Nada escapa ya a estos objetivos veloces altos y fuertes. Los hemos interiorizado como si formaran parte de una creencia religiosa o de un mandato ideológico. «Más rápido, más alto, más fuerte».
Como adictos a cualquier droga, nos hemos acostumbrado a buscar ese límes vital, y nos han convencido y hemos aceptado como verdad indiscutible, que no vivir al límite es como vivir a medias. Hemos asumido que solamente en la búsqueda de esa medida extrema se encuentra la verdad de la vida. No se trata ya de avanzar hacia un horizonte que sabemos de antemano inalcanzable. Ni de plantearnos el disfrute del paso y la zancada, que se aprende críticamente en cada gesto. Es un objetivo material, a menudo inútil, pero sumamente adictivo. Un lograr de cualquier manera alcanzar la meta y acto seguido, esclavo del objetivo, plantearse sumisamente un nuevo reto a conseguir. La meta es a veces simplemente deportiva o el reto es en ocasiones, solamente profesional, pero nunca se han de escatimar ni medios, ni esfuerzo. Primero el objetivo, luego el objeto, después si acaso las personas. Tampoco importa la manera, ni se evalúa el modo. Lo importante es la satisfacción de la propia medida superada el «Más rápido, más alto, más fuerte».
Pero ¿Por qué esa búsqueda del límite? ¿Qué intención se oculta tras este modo de vida materialmente extremo? ¿Qué nuevo ser humano nos propone esta lucha contra el límite? ¿Acaso en la superación de esas barreras, hemos forjado un ser humano más generoso, noble y poderoso? ¿Ha conseguido este modo de vida desarrollarnos personalmente en la asimilación de nuevas e instructivas experiencias? ¿Eso ha hecho posible un mundo más crítico con la injusticia y por tanto, más justo para todxs? ¿O por el contrario, ha construido una sociedad competitiva, hecha de sonoras pero vacías sensaciones y de individuales e inicuas plusmarcas y éxitos materiales?  ¿Acaso esta ficticia superación del propio límite, no ha hecho posible un mundo en constante comparación, en continuo conflicto, en lucha fratricida y permanente contra uno y contra todos? No me cabe duda de que esta perenne y fútil búsqueda limitada, ha sido útil para alzar a una parte de la sociedad, sobre los valores de una férrea disciplina. Sobre ese pilar, se ha levantado una sociedad acostumbrada a aceptar sumisamente los retos y metas propuestas y dispuesta siempre, a renunciar y sacrificarse agonísticamente, para conseguir unos y otras. Una sociedad compuesta por personas sometidas a la férrea disciplina del objetivo, que «empoderados» de sí mismos, juegan a traspasar un límite físico, inútil e irreal que se les propone como reto, meta y límite individual. Una sociedad que sabe utilizar la fragilidad de esos hombres y mujeres, para cercenar su inteligencia y su capacidad de ejercer el derecho irrenunciable al pensamiento crítico y a la decisión propia. Y esa idea de superación del límite, en el fondo crea una sociedad de seres humanos limitados. Encerrados dentro de su propia barrera. Dopados con la «soma» de un mundo feliz,  que paradójica mente, se alza sobre los pilares de la satisfacción, desde la renuncia y el esfuerzo sin límite.
Si lo piensas libre mente, la negación de la existencia del límite, sí bien es cierto que plantea un horizonte infinito e inalcanzable, lo propone también sin barreras y por tanto, pleno de libertad. Y debemos convenir que un ser humano sin miedo y libre, es una persona indomable. Así pues, no te pongas límites, tú ya eres lo que estás siendo, lo que quieres ser. Solamente tienes que regalarte la compasión, la paciencia y la generosidad con la que poder comprender y comprenderte. No necesitas llegar antes, si no a su justo tiempo. No tienes por qué alcanzar metas más altas, si no estar a la altura de tus decisiones. No has de ser más fuerte, para superar un límite, si no más libre para llegar más allá de ti mismx. Por eso, observa atentamente, comprende sin prejuicios, comparte generosamente, siente, vive y sonríe sin miedo y de manera siempre ilimitada. Así, sin más límite que el que te imponga tu libre y poderosa imaginación, serás cada día más fuerte y en cada propuesta, más creativo.

Alfredo Jaso

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Competencia

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Hay que ser valientes para proponer una manera distinta de mirar y poner nuestra atención en aquello que parece invisible a los ojos. Hay que tener valor para dirigir nuestra atención sobre lo que observamos y querer comprender la misma realidad de desde otra perspectiva. Eso es una Metáfora. La figura retórica del pensamiento por medio de la cual, una realidad o concepto, se expresan por medio de una realidad o concepto diferentes. Para lograrlo se necesita de una mirada libre y responsable capaz de proponer ideas distintas con palabras diferentes. Las palabras son conceptos precisos, pero precisamente es la personal mirada la que propone nuevos significados para sus significantes. En Metáfora de Comunicación siempre he tenido muy claro, que es necesario plantear una manera distinta de ver, para ser capaces de proponer una forma diferente de trabajar. Siempre he sabido que es el valor de la mirada valiente el que puede transmitir los valores que hagan la diferencia. Esa mirada que se dirige hacia el valor de los valores y que pone el acento en el trabajo hecho en libertad y desde la responsabilidad.

Esa es la decisión a tomar. Mirar como todxs o ver como unx mismo. Tomar esa decisión es comenzar a ponerse en marcha. Recorrer un nuevo camino que implica dar sentido a una nomenclatura diferente y capaz de expresar conceptos que se comprenden de distinta manera. Desde un primer momento quise definir claramente esas nuevas palabras. Competencia era una de ellas. Es una palabra de significado equívoco. En nuestro oficio, la gran mayoría la entiende como un motivador entorno de oposición o rivalidad. Sin embargo, en Metáfora nunca he visto a los demás compañeros como alguien a quien derrotar o con quien competir. Jamás he pretendido luchar contra otros. Siempre he creído que es mejor compartir para crecer que competir para derrotar. Para mi, la competencia es fundamentalmente la aptitud desarrollada como pericia para intervenir en un asunto de manera que suponga una resolución o proponga un avance . Pero para ser competente hace falta mucho más que una aptitud profesional, hay que saber sumar a la aptitud, una poderosa actitud. Sumar al conocimiento, una decidida voluntad para el aprendizaje compartido y una generosa disposición la continua mejora. Por eso ser competente es además de saber hacer, saber ser y también, saber estar. Saber estar es querer comprender y saber  respetar. El/La profesional competente no es aquel que derrota y resta, si no el que suma y multiplica. Un profesional competente no es el que compite para destacar deslumbrando, si no el que es capaz de brillar para iluminar un camino que otros siguen. Siempre he creído que la calidad del trabajo hecho depende de la actitud y la valía personal. El hacer no puede estar desgajado del ser y el saber estar. Al fin y al cabo, alguien dijo que somos lo que hacemos para intentar comprender aquello que somos. En Metáfora nos gusta tener una mirada distinta, por eso reforzamos cada día el compromiso con la excelencia en la actitud creativa, la calidad en la aptitud profesional y el respeto por el trabajo bien hecho. Nos gusta observa con atención. Comprender desde el respeto. Compartir para crecer. Crecer para estar más cerca. Aquí estamos. Así somos. Así trabajamos.

Alfredo Jaso

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El Mundo

horizonte

 

El mundo no es un basto territorio lleno de irresolubles problemas. No es una geografía vital lejana llena de peligrosos deseos, amargas responsabilidades, de asfixiantes apegos que nos acechan. El mundo es el ámbito en el que desarrollamos nuestras relaciones. Ese espacio en el que plasmamos nuestra capacidad para generar relaciones de calidad con nosotros mismos y con otrxs. El mundo eres tú. Tu lo construyes cada día. Levantas barreras o tiendes puentes. Superas retos o te rindes. El mundo es la imagen que tienes de ti. Si te tomas el interés de observar con atención para descubrir y comprender quién eres. Si atentamente observas tus reacciones ante distintas situaciones, sin juicio ni condena, haciendo de la comprensión un gesto generoso pero objetivo, podrás alzarte del suelo libremente. Podrás pasar de la inútil actividad a la fecunda acción. De la queja estéril a la sonrisa compartida. Serás capaz de transformar el mundo. Pero si como un maniquí adolescente mantienes caretas y uniformes, creencias e ideologías para aceptarte. Si como una máquina de repetición, tarareas conclusiones alojadas en la memoria, hechas de experiencias propias y ajenas, generadoras de prejuicios, verás como tu mundo se llena de tensiones, frustraciones y conflictos. Sentirás como una tristeza paralizante te arroja hacia el desánimo. Para evitarlo, lo fácil es buscar el refrendo de la autoridad. Una pauta que nos marque normas. Una creencia que soporte nuestras razones. Sin embargo ese autoritaria ortodoxia impide el conocimiento. Nos roba la objetividad. Nos viste el ego con ropas que nos agradan. Nos llena la mente con imágenes y prejuicios. Penaliza el ejercicio de la libertad y nos quita la oportunidad de ser quien somos, para complacernos en el que queremos ser. Ser observador de nuestra propia existencia no es algo tan complicado. Mostrar interés por nuestra propia vida no debería resultarnos tan difícil. Eso no significa ser egoísta, significa estar atento para comprender. Significa estar dispuesto para actuar sin miedo, libremente. Sin objetivos ni metas. Sin conclusiones. Sin conflicto, sin juicio ni condena. Pero implacablemente, observando con precisión de cirujano nuestras reacciones. Desnudarnos para ver quien somos, de manera inconsciente y natural, de forma objetiva y sencilla. Sin más pretensiones que la de ser, lo hacemos cada mañana. Sin embargo cada noche ejercemos de ejecutores de nuestra conciencia y en un infantil examen nos ponemos la nota según aquel que queremos ser. Pero no te engañes. Tú ya eres quien quieres ser. Tu eres el mundo. Somos el mundo. La realidad no existe si no que tú la construyes cada vez que tomas una decisión. Si te callas o te engañas. Si dimites de tu responsabilidad estás dejando pasar la ocasión para transformarlo. El mundo eres tú. Lo construyes cada día en cada gesto. Por eso observa, comprende, vive, comparte, disfruta, sonríe y olvida para escribir por ti y no por boca de otrxs. Vive, sé creativo y escribe tu nombre en tu mente y en tu corazón. Escribe en mayúsculas un nombre propio, y que resuene por las calles, en tus ideas y tus trabajos, tu propio nombre.

Alfredo Jaso

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Atentos

Gotas corazón

En Metáfora desconocemos el triste significado de la palabra impersonal. Por eso nos gusta llamar a las cosas por su propio nombre y a las personas por su nombre propio. Es nuestra manera de demostrar la atención que ponemos en cada nueva propuesta, en cada nuevo cliente, en cada colaborador que se incorpora a nuestro trabajo. Nos gusta tener un trato cercano y atento porque estamos seguros de que solo así convertimos cada momento en algo especial con alguien único. En Metáfora nos gusta poner la atención en todo lo que hacemos. Estar atentos como gesto de respeto y responsabilidad. Atentos para observar y comprender. Atentos para compartir y disfrutar. La atención es la capacidad de observación global. Estar atento es tener la mente alerta, pendiente de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Seguros de que somos actores principales de lo que nos rodea y de que son nuestra actitud y nuestras decisiones, las que alteran el discurrir de lo sucede. Por eso, estar atento, es una manera de tomar consciencia de la responsabilidad que se adquiere, solamente por el hecho de mantener en pie, el diálogo con la vida. Distinto es estar concentrado. Con el interés fijo en algo concreto. Sin tener consciencia de lo que más allá de nosotros está pasando. Siendo monologista de nuestra propia existencia. Llenándonos de razones, sin más motivo que responder al centro de nuestro exclusivo interés. La concentración es necesaria en labores de precisión. Pero no lo es tanto cuando se trata de aprender a vivir o cuando pretendemos desarrollar una actividad de relación más creativa. La concentración nos situa en exclusiva en el centro de nuestra actividad pero nos distrae de la atención al total de la acción y su discurso. Así, pensemos en el científico que permanece concentrado, con su total interés puesto en la reproducción celular, pero que está despreocupado del incendio que empieza a destruir el laboratorio. Es por esto, que quizá nos prefieren concentrados, con el interés interesado puesto en la mismidad del yo mismo, egoístas, frágiles y temerosos y no nos quieren atentos, alerta, libres y creativos. Dispuestos siempre para estar cerca de todo aquello en lo que ponemos nuestra atención. En Metáfora, nos gusta observar atentamente. Comprender sin prejuicio. Vivir sin miedo. Compartir generosamente y disfrutar de los días como un regalo.  Estamos seguros de que solamente con esa atenta actitud, seremos capaces de sacar el mayor partido a nuestra concentrada aptitud, para poder ser cada día, más creativos.

Alfredo Jaso

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Medir las ideas

Corazón

Quisiéramos tener entre el repertorio de todas nuestras ideas bonitas, aquellas que son como rayos de sol. Las más cálidas y cariñosas, las más inocentes y sinceras, esas que tan solo con compartirlas llenan los días de luz. Ideas que solamente con ponerlas en pie, llevan la alegría a la sonrisa y son capaces de convertir los días grises en color. En Metáfora quisiéramos encontrar entre las palabras del diccionario esas que suenan a dulce melodía, las que animan los corazones con sus sonidos y son como caricias que nos protegen ante el dolor. Nos gustaría ser capaces de hacer brillar las ideas hasta poder alumbrar con ellas la posibilidad de un mundo mejor para todxs. Nos gustaría poder gastar las palabras a fuerza de rozarlas con buenos sentimientos, para poder compartir siempre la alegría y el regalo de vivir. Las ideas y las palabras se engrandecen cuando crecen y se pronuncian desde el corazón. Es cierto que en ocasiones, ideas y palabras por su fuerza y tamaño son capaces de llegar lejos y que en su constante viajar a veces pierden su milimétrica precisión. Así, amigo es una palabra poderosa y enorme. Que sin embargo se gasta con facilidad y se vuelve hueca cuando se pronuncia interesadamente. Que se torna ingrata cuando se pone en contra de quien nos ofreció su desinteresada amistad. Es tan grande, que entre su brillo luminoso y sus líneas de garabato sentido, caben muchas definiciones, tantas como personas que la pronuncian y alumbran. Amigo es quien te acompaña toda una vida o aquel que te ofrece durante un eterno segundo su generosa mano y desaparece de tu lado para siempre. La amistad es un sentimiento comprometido solidario, generoso que a veces se prolonga a gritos y en otras crece desde el silencio. Que se da sin pedir nada a cambio, que nada espera y que por tanto, como todo lo importante, no se puede medir. Cuando tenemos la sabiduría de encontrarlas en nuestra vida, no hay que perder el tiempo en preguntas. No hay que sacar el fiel o la vara. No hay que echar cuentas, ni pedir recompensas, hay que vivir y vivirlas. En Metáfora creemos en un mundo sin medidas, ni cuentas. Un mundo donde el valor radica en el poder de lo intangible, de aquello que se entrega y se comparte sin esperanza y se da generosamente para hacer crecer la posibilidad de un mundo mejor, más justo para todxs. Un mundo en el que el otro no sea un extraño que meter en el saco de la desconfianza. Un mundo de personas sin miedo a la libertad, ni temor a la responsabilidad. Basado en el respeto a las distintas miradas y las diferentes sensibilidades. Habrá quien diga que en Metáfora no somos lo mejores creativos del mundo. Es cierto, no tenemos cada día ideas luminosas y geniales. Pero hay algo que nos distingue cuando nos ponemos a la tarea,  sabemos sonreír a la vida con el corazón. Desde nuestro trabajo diario, buscamos compartir la sonrisa responsable. Esa que hace brillar las ideas. Esa que acerca, que abre puertas y hace amigos. Y estamos convencidos que un mundo de amigos, de personas comprometidas, solidarias y generosas, tiene que ser un mundo mejor. Un mundo de sonrisas, tiene que ser un mundo más justo. Así que no preguntes por el impacto de las propuestas, ni pidas que se indague por el peso de las ideas, ni por la medida de las palabras, simplemente observa con atención, comprende sin prejuicio, comparte sin miedo y sonríe con nosotros, sonríe con el corazón y busca llenar el mundo de amigos. Ese será tu verdadero éxito.

Alfredo Jaso

 

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Amor

deCorazón

Cuando unx pone en su tarea todo lo mejor que tiene y comparte lo mejor de todo lo que es, está poniéndole amor a cada cosa que hace. A cada nuevo proyecto. En cada idea. A todas y cada una de las palabras. Si nos comprometemos en cada nueva acción, dando lo que tenemos en ese momento, estamos poniendo en ello, lo mejor de nosotrxs mismos. Somos lo que damos y dar, es el mejor regalo que podemos recibir. Por eso, quedarse exhausto por haberlo dado todo, sin duda es tener mucho. Cuando damos todo lo que somos, estamos entregando amor a nuestra tarea. Amar lo que se hace, como la huella que se deja sobre la vida que unx lleva, nos hace más libres, pero también mucho más responsables y dese luego, nos compromete más. En Metáfora no nos escondemos. No nos asusta decir gracias, ni dar enhorabuenas, ni ofrecer disculpas para cimentar y construir relaciones sólidas. No nos asusta ser responsables y comprometidos para defender el trabajo bien hecho. No le tememos a compartir, por miedo a perder lo que tenemos, al contrario, nos gusta sumar porque queremos ser más, para así estar más cerca. En Metáfora no nos asunta mostrar lo que somos. Amamos la vida y amamos el trabajo que hacemos, porque forma parte de nuestras vida. Amar es tomar libre posesión de unx mismx y compartir esa libertad sin esperar la aprobación de la mayoría. Por encima de cualquier aptitud profesional, es esa decidida actitud personal, la que aporta un valor diferencial a todas y cada una de las tareas abordadas por Metáfora de Comunicación. Porque si comunicar es compartir lo que se hace y sabemos que se hace lo que se es, será solo desde la sencillez valiente y comprometida de los hechos y las acciones creativas, desde donde podremos alzarnos seguros y confiados, para mostrar sin miedo, quién cada unx de nosotrxs es.

Alfredo Jaso

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