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Producto interior brutísimo

 

Llevamos semanas viendo a los amos del Producto Interior Bruto, utilizar en su favor el amenazante mantra del tanto por ciento. Empatando valor y precio y con la fuerza bruta de una cifra que envilece, la automoción saca su 11%, el turismo su 15%, la hostelería el 12%… y con ese tanto por ciento tan bruto, acogotan al gobierno amenazando con cerrar sus negocios y dejar en la calle a una brutísima cantidad de trabajadores, si no se les permite libremente socializar sus pérdidas y que sea la caja común del estado la que pague sus cuentas. Resulta curioso comprobar que muchos de los que alzan la voz y tuercen el ceño reclamando la ayuda estatal, son los mismos que no hace mucho, decían muy ufanos que el estado estaba de más y en aras del mercado globalizado y libre exigían que se dejase al mercado regularse por sí solo, sin intervenciones ni injerencias. Estos a los que nunca nadie antes les dio tanto y que no se cansan de preguntar, qué hay de lo mío y para mí mientras amenazan con su tanto por ciento bruto, son los mismos que ponen el grito en el cielo y niegan las «paguitas» para otros y otras que tanto lo necesitan. Al parecer y según ellas y ellos, la renta básica desincentiva la búsqueda de empleo y adormece las conciencias. Sin embargo tienen flaca memoria para recordar que buena parte de estas industrias viven subvencionadas y que sus vivas conciencias están alertas para en cuanto pueden, birlarnos la parte sus beneficios para llevarselos al oculto paraíso. Estos que tanto piden para ellos enarbolando la amenazante bandera del tanto por ciento bruto, son los mismos que no abren la boca cuando lo que se discute y menosprecia el valor de lo público y lo que se pone en cuestión y en peligro, es el bienestar de las personas: su salud, que depende de disponer y dotar con recursos suficientes a la sanidad pública universal y la investigación científica que no dependa de las cada vez más escasas inversiones para seguir con su imprescindible trabajo. Su educación laica, de calidad, gratuita y obligatoria. El derecho a un trabajo y a una vivienda digna. La responsable y honesta transparencia en la gestión de lo público y que es de todas y todos. La urgencia de la igualdad de oportunidades entre personas, independientemente de cual sea su género o condición o el necesario acceso y apoyo a la cultura… ahí su respuesta pasa por la indiferencia a golpe de cacerola o la alusión a la injusta meritocracia de los que mejor lo tuvieron y lo tienen. Por eso vemos trenes y autobuses que recorren kilómetros sin límite de aforo, para llevar a quienes trabajan, a sus centros de actividad laboral. Hoteles esperando turistas nacionales e internacionales, para con las ayudas gubernamentales «salvar» la temporada. Pueblos y ciudades tomadas por mesas y sillas aprovechando de balde el espacio público para el beneficio privado. Lo cierto es que mientras todos lloran su aportación al PIB, para sacar el cuartillo para lo suyo, son las trabajadoras y los trabajadores esenciales de la CULTURA, que fueron los que antes pararon y son quienes más difícil lo tienen para regresar, los que menos piden y los que de momento, meno ruido arman. A veces parece que habiéndose acostumbrado a la silenciosa y dura precariedad, hubieran asumido el papel secundario de su importancia. Y no es así. Nos han demostrado que el suyo es también un trabajo esencial. Vital para encontrar lo que somos y señalar lo que estamos siendo. Útil para soportar lo que pasó y necesario para poder levantarnos en las dificultades que aún están por venir. Alguna vez he leído a personas mucho más capacitadas que yo, alzar el peso de la CULTURA dentro de ese ámbito de lo productivo, para justificar en grado bruto la importancia económica de este sector vital. Aunque teatros y museos van perdiendo su buen nombre a cambio de añadirles una coletilla comercial, no sé si es buena cosa enfrentar la dramaturgia con la automoción para demostrar la prevalencia de la CULTURA sobre los motores de explosión. No sé si como hacen los amos del PIB, es bueno empatar tantos por ciento y bruterío. Al final, interesadamente se confunde lo sonante con lo cantante y lo contante con lo con lo vulgar. Así es fácil olvidar que en contra de lo medible y comprable, lo inmaterial e intangible puede que para algunos tenga escaso precio, pero si tiene un enorme valor. Porque no siempre y solo el brutísimo producto interior tiene que ser el fiel con el que medir la fortaleza y el valor de un país. Conviene recordar que los productos brutos, por muy interiores que sean, no pueden servir para evaluar el poder y la calidad de vida de una sociedad…y en definitiva, que el PIB no puede ser la amenaza de unos cuantos para imponer su propio interés a las necesidades y la salud de los demás. Así, mientras algunos buscan arrimar el ascua del beneficio a su sardina llorando y llorando, pidiendo y pidiendo en un inagotable qué hay de lo mío (porque se consideran la gallina de los huevos de oro, un oro que si se pregunta a los trabajadores del turismo o de la hostelería, dirán que no es de buena ley), para sacar el máximo rendimiento a la cartera de los consumidores y la teta del estado, otros y otras, como los trabajadores y trabajadores de la #cultura, con menor peso en el PIB, aguardan sin más perspectiva que la espera. Pero si hablamos de CULTURA no podemos perder el tiempo tomando en cuenta tontos por ciento, ni productos brutos. Porque si le ponemos precio industrial a la CULTURA y a la vez no se la apoya decididamente desde las diferentes administraciones (o al menos y de entrada para le recuperación no se le ponen las cosas más difíciles que a otros sectores productivos) y todas y todos también la apoyamos desde los patios de butacas, las librerías, las salas de exposiciones, los conciertos, apoyando a los y las artesanas… lo que nos jugamos no es un punto del PIB, si no nuestra esencia como seres humanos con espíritu crítico y valores, como sociedad más justa y como país formado por personas respetuosas y libres.

Durante estas últimas semanas, hemos constatado con tristeza que aquí sigue valiendo la interesada lágrima y la abusadora presión del PIB para sacar el  máximo rédito, pero reconociendo que conviene ayudar a unos y otros, tengamos en cuenta también el valor fundamental de la CULTURA, apoyando el trabajo esencial de las mujeres y de los hombres que son el pilar sobre el que se asienta. Porque es nuestra CULTURA, VÍVELA.

Alfredo Jaso

Foto: Felix Mooneeram

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Sálvese quién pueda

En Metáfora sabemos que somos fuertes gracias a nuestros valores. Sin duda estos son los que nos han llevado a ser, por nuestro compromiso con ellos, una gran empresa sin haber querido nunca ser, por tamaño y facturación, una empresa grande. De manera modesta nos gusta sentir que con el apoyo de nuestras ideas y acciones, nuestros clientes y colaboradores han sabido transformar positivamente su entorno cercano.  Nos gusta creer que destacamos no solo por la efectiva creatividad de nuestras ideas, si no fundamentalmente por la sinceridad de nuestros valores.  Ser respetuosos, responsables, honestos y generosos también nos hace ser fuertes. Fuertes sin necesidad de competir contra nadie. Colaborando y estando cerca para juntos llegar más lejos. Fuertes más allá de la cuenta de resultados y los premios conseguidos. Fuertes a la hora de desarrollar nuestro trabajo poniendo siempre lo mejor que tenemos en cada tarea hecha. Nos es algo de ahora. En este tiempo, en el que ante la adversidad, todo el mundo quiere mostrar su nueva cara limpia, en Metáfora mostramos nuestra cara de siempre. Desde hace más de 16 años llevamos haciendo del amor por el trabajo bien hecho hastial de nuestra identidad. Durante más de 16 años apoyamos a empresas que tienen un proyecto capaz de transformar su entorno, facilitándoles herramientas de comunicación de calidad sin que ello tenga que suponer un gasto que acabe con sus recursos. Son nuestro proyectos «Metáfora». Algunos puede que aparentemente no tengan ni una repercusión mediática, ni una rentabilidad económica  pero para nosotros los intangibles que nos ofrecen como retorno son siempre rentables. Esos proyectos son los que nos hacen más fuertes, porque sentimos que desde nuestro trabajo, también podemos aportar modestamente a ese proceso de transformación y cambio en el que siempre, las personas están primero. Nuestros valores nos han traído hasta aquí y pese al a dificultad , confiamos en el futuro, Ojalá que este tiempo sirva para hacer ver al mercado que hay que apoyarse en ideas sólidas, que aporten valor positivo y que es hora de dejarse ya de propuestas sin fuste, superficiales y presentadas desde la impostura.

Sin embargo, vemos como desde hace ya tiempo, se ha aceptado como verdad irrefutable el que la economía es la que salva a las personas, (de qué manera más cruda lo vemos ahora en estos tiempos de pandemia «salud sin economía es media enfermedad» escuché no hace mucho). Entiendo que es complejo congeniar de manera armónica ambos intereses, pero no obstante creo que es posible. Se puede volver esa «verdad» aceptada y poner el poder económico-financiero, al servicio del bienestar de las personas y hacerlo rentable. Para ello es urgente una toma de consciente conciencia para cambiar las cosas. Abrazar valores de respeto y responsabilidad en nuestras personales decisiones diarias. Impulsar con ello cambios políticos que lleven a la cima de quienes nos representan a las personas más valiosas por respetuosas, responsables,honestas y generosas capaces, más allá de creencias que cualquier tipo,  de poner el bienestar de las personas en el centro de su interés: su salud, con una sanidad pública de calidad. Su educación laica e universal. El apoyo a la investigación y la ciencia. El trabajo digno. El respeto por el entorno natural y el acceso a la vivienda y la cultura…personas valiosas que escuchen, comprendan el valioso sentido de su trabajo y sepan hablar sin pretender convencer. Debemos cambiar hábitos de consumo para disminuir nuestra huella ecológica. En lo posible, acortar la onerosa cadena de distribución. Reutilizacion y reciclado.Compras más responsables con el consumo y más respetuosas con la naturaleza. Esta podría ser la primera parte de un camino en el que la generosa fraternidad, la equidad respetuosa en la diversidad y la responsable libertad guiarán nuestras decisiones como personas y como humanidad. Quizá así y mientras no haya soluciones más drásticas, las familias que gobiernan el mundo caigan en la cuenta de que es más rentable cambiar el modelo y poner en el centro de interés de sus negocios a las personas.

Si realmente queremos el cambio hacia un modelo de vida más respetuoso y responsable es prioritario dejar el tiempo impersonal de nuestras preguntas y pasar a realizar nuestras demandas desde la primera persona de plural y singular. Ser actores protagonistas de nuestras vida y no contentarnos con ser meros espectadores que aplaudimos la obra mientras otros hablan y deciden por nosotros. Desde el desarrollo de nuestra actividad vital y profesional, todas y todos tenemos cierta responsabilidad sobre lo que sucede y siempre podemos aportar alguna solución. Si permitimos que la salida de esta crisis vuelva a aprovecharse, como ya pasó,  para darle una vuelta de tuerca más a la precariedad (ya se vuelven a manejar términos como flexibilidad), esto será un cruel «sálvese quien pueda», en el que solo sobrevivirán los más taimados tahúres. Aquellos que mejor sepan aprovechar de las circunstancias para sacar tajada en la debilidad ajena. Si es así, sin duda viviremos rodeadas de «gente lista» «flexible» pero sin ética ni valores. De ser así, habremos dado un nuevo paso atrás y todas y todos seremos más pobres en todo, económicamente y como sociedad.

Como trabajadores y empresarios de la comunicación también tenemos nuestra responsabilidad ¿Quién es capaz de decir que NO a buen contrato aunque sepa, de manera fehaciente, que la actividad diaria de esa empresa no es responsable, ni respetuosa, ni honesta? Para poderlo llevar sin vergüenza nos decimos: «yo no voy de héroe, no aspiro a cambiar el mundo». «Mi política es el trabajo y si no lo hago yo, lo hará otro y se llevará el contrato». «El mensaje que vendo de esta marca es positivo». «Todos cometemos errores, mi trabajo no es consiste en dar lecciones a nadie». «Ese trabajo que lo haga el consumidor que es quien elige, no vamos a ser más papistas que el papá» Si nos llenamos de razones, siempre podemos encontrar excusas para llenarlas de sinrazones y no afrontar la verdad. ¿Volveremos a tragar con presupuestos más cortos? ¿Nos veremos «obligados» a realizar recortes en equipos y ofreciendo salarios menguantes y flexibles? ¿Volveremos a la dentellada por las migajas?  Es solo una reflexión en alto sobre nuestra responsabilidad y nuestro trabajo, la mía también. A veces un NO sumados a muchos no, son más valiosos y más sonoros que un si a regañadientes. ¡Ay! como me acuerdo de «El verdugo» de Berlanga.

Alfredo Jaso
Foto: Sam Manns

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Prisencolinensinainciusol

Vivimos un tiempo en el que es más importante aparentar que se sabe, que adquirir un conocimiento  relativamente profundo sobre una materia. En esto del fingimiento utilizar el ardid de la opacidad ayuda mucho. Cuanto más alejado de la comprensión común resulte ese conocimiento, más sencillo resultará aparentar que lo que conocemos está fuera del alcance de la mayoría.  Sin duda el fin que se busca es adquirir cierta prevalencia sobre el resto que tiene dificultades para llegar a conocer lo que nosotros decimos saber. Ejemplos claros de esto, son los abogados y los economistas, expertos en complicar el acceso a una profesión para la que se han erigido en traductores e interpretes de una realidad común que se ha ido enredando hasta convertirla en ininteligible para aquellos que no somos ni leguleyos ni contables de fuste. Mas para llegar a ser interpretes de leyes y números se requiere, al menos, de horas de estudio de materias complejas, para las que se necesita de cierta capacidad intelectual y tiempo comprado para ello. Sin embargo me sobrecoge este estúpido afán profesional de opacar el acceso al conocimiento de una profesión bella de ejercer y sencilla de comprender. A veces llego a pensar que existe ese ridículo interés de conferir a nuestro oficio una dignidad que no necesita adquirir. El trabajo de comunicar y difundir mejor las acciones de las diferentes administraciones y publicitar empresas, productos y servicios es útil para el progreso del común de la sociedad. Claro que no es tarea sencilla. Sin duda que para ejercerla con honestidad hay que exigir conocimientos y saberes. Y es innegable que para poder desarrollarla con creatividad y amor al trabajo bien hecho, es imprescindible vivir la vida y llenarla de experiencias y valores. Es el compendio de todo eso lo hace que nuestro trabajo, así lo creemos en Metáfora, llegue a ser original, distinto de otros, irrepetible y por consiguiente útil para el fin que se busca. Hacerlo de manera accesible, sencilla y comprensible, sin alharacas, ni martingalas que tan solo pretenden darle el fuste de una pátina de brillo que deslumbra sin llegar a iluminar nuestro trabajo, es misión de las personas que este entorno de la creatividad puesta al servicio de la comunicación, ejercemos nuestra profesión de manera honesta. Reconocer la importancia de nuestra labor pasa por proponer ideas originales, útiles, valiosas y desarrollarlas desde el amor a lo hecho y no por recorrer a diario el camino de la ampulosa pose, que lejos de darle valor a nuestro trabajo, lo empobrece porque lo hace inalcanzable para las personas que no están iniciadas en una materia y un oficio para el que se precisan personas sensibles, atentas a la realidad que viven, conocedoras del tiempo pasado, respetuosas de las diversas perspectivas, con conocimientos profesionales, valores personales y sin miedo a mezclar todo eso con originalidad pero que en el fondo, tampoco es tan compleja.

Adriano Celentano describió con una sola palabra mágica esta situación tan contemporánea del «postureo» ridículo del traje del rey desnudo que nadie ve, pero que por no pasar por imbéciles, casi todas y todos fingimos ver y por ello nos dejamos convencer: Prisencolinensinainciusol. La letra de esta canción es solo una algarabía sin ningún sentido real, lógico o profundo. Se podría decir que es solo una canción en la que la letra finge sonar como un inglés americano, pero hablado por alguien que no conoce el idioma. Una letra ininteligible arropada por una música hipnótica que embota el pensamiento y enerva la emoción más primaria. Tal cual, oiga.

Alfredo Jaso

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2 iguales para hoy

 

En Metáfora sabemos que para ser creativos hay que ser lo suficientemente valientes como para no dejarse llevar por la ruta más transitada, cómoda y segura. Sabemos que hay que ser atrevidos para no tener miedo a dejar el camino gastado e ir por allí donde podamos dejar la huella de nuestro propio rastro. Sabemos que para ser creativos hay que olvidar cómodas certezas, observar con atención, comprender sin prejuicios, compartir generosamente y sonreír sin miedo, poniéndole a cada instante aquello que somos y lo mejor que tenemos. Sabemos que solo así podremos llenar los días de amor para vivir plena y creativamente. Es necesario llenar cada instante de vida vivida. Así podemos ser livianos y profundos para crecer porque lo contrario de llenar la vida, de vida consciente, es vivir una vida vacía pesada, superficial y pequeña. En Metáfora sabemos que quién pone lo que es, al servicio de lo que hace sin olvidar de dónde viene, sabe hacia dónde quiere ir y por dónde llegar. Sobre eso se construimos nuestra identidad y nuestros valores. Sobre eso se desarrollan nuestras ideas y nuestra creatividad. Por eso en Metáfora nos apoyamos en esa esencia creativa y vital sobre la que nos alzamos del suelo, para darle profundidad a nuestras vidas y distinción nuestros trabajos.

Ahora eres tú quien decide si seguir caminando caminos gastados, comprando ideas que por repetidas no aportan valor a tu empresa o producto o crecer desde una mirada propia que responda al conocimiento de lo que eres, al reconocimiento de tus valores, de aquello que puedes aportar como elemento diferenciador y distintivo. Tu decides, ser uno más perdido en la fila, condenado a la presencia fugaz de un destello vacío o ser faro decidido que ilumina caminos a seguir. ¿De verdad que prefieres seguir siendo como todas y todos?

Alfredo Jaso
Foto: CJ-Dayrit

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Sosteniblidad y rentabilidad

 

Nos gusta decir pretenciosamente que nuestro tiempo presente es más complejo y confuso que otros tiempos pasados. Pero no vale la pena andar en comparaciones. Ni agarrarse a las circunstancias para justificar miserias y temores. Mas allá de volver la vista para reconocer la fortuna del camino andado, no es bueno mirar hacia atrás más y comparar el ahora de hoy con días pretéritos. Al fin y al cabo, como dicen las personas mayores cuando alguien fallece a la edad que sea, «uno siempre está en lo mejor de la vida». Es cierto que no tenemos otro tiempo que vivir que este que nos ha tocado. Cierto es que vivimos un tiempo en el que se confunden valor y precio y nada se aprecia si no sabemos lo que vale. Vivimos días que enfrentan el valor de los valores, con el valor de lo que vale y hoy como siempre, parece que lo que más vale es lo que mejor se vende. Por eso imagino la pregunta que cualquier persona emprendedora se hace ahora, tras más de 40 minutos escuchándome hablar sobre la necesidad de afianzar nuestra identidad y nuestra creatividad sobre el valor de unos valores. ¿La creatividad con valores es sostenible y es rentable?
Como se ha visto hoy, yo creo en el valor de las palabras. Creo que cada persona tiene su propio nombre y hay que llamarla por su nombre propio. Por eso me incomoda ese neolenguaje de palabras de vieja apariencia y novedoso significado que proponen el disfraz de la innovación y el cambio para que en el fondo aceptemos una cruda realidad. El ejemplo más palmario de esto es la más reciente en llegar: Resiliencia. Una manera atractiva de decirnos: «Aguanten. No se quejen. Resistan, asuman como inevitable lo que ven a su alrededor y continúen». Las palabras tienen valor por lo que significan y por eso hay que estar muy atentos porque cuando esas palabras nobles y bellas se manosean mucho y se hace con manos sucias, las palabras pierden su rigor y su brillo y terminan por usarse interesadamente. De entrada vayamos con la definición de otra de las palabras de moda:sostenibilidad. La sostenibilidad vendría a ser todo aquello que no necesita de nadie y se sostiene por si mismo para existir. Convengamos que el modelo de sostenibilidad que se nos propone, se desarrolla dentro de un sistema económico y productivo controlado. En él los medios de producción están en manos de muy pocos. Estos grupos de interés controlan y condicionan el consumo y la demanda y por tanto, todo eso que llamamos sostenible está en manos de quien de manera irresponsable nos ha llevado a la crítica situación medioambiental actual. Por lo tanto, hablamos de una sosteniblidad de «cara lavada» que mantiene el beneficio de unos pocos gracias al necesitado consumo de muchos. No obstante, aceptada la cautividad y dependencia a la que nos lleva este modelo insostenible de interesada sosteniblidad, convengamos que minimizar nuestra fea huella ecológica es conveniente y necesario. Pero volvamos a la pregunta ¿Existe la creatividad sostenible? Si mantenemos el mismo criterio y como sostenible definimos aquella creatividad que depende de si misma para subsistir, la respuesta claramente es no. En la mayoría de los casos esa creatividad queda a expensas del mercado y de quien la compra. Admitamos pues que en la precariedad a la que este sistema económico dejamos que nos lleve, en la que cada vez más se prima lo barato sobre lo bueno y bonito, no hay sostenibilidad, solo hay subsistencia dependiente envuelta en buenas intenciones creativas. Si la lectura la hacemos desde el punto de vista medioambiental, sería sostenible aquella creatividad que en su desarrollo minimiza el impacto de su huella ecológica. Si juntamos estas dos visiones y respondemos con una mirada global, yo sostengo la teoría de que cuando la creatividad se expresa a partir de unos valores, es siempre buena y bonita y además en sí misma sostenible. ¿A la pregunta de si la creatividad por valores es rentable? Os diré que siendo una persona que todavía mantiene sus inquietudes, pienso aún y de manera convencida, que todo lo que se hace desde el respeto, la responsabilidad y el amor, todo lo que se incardina en unos valores, es sostenible y rentable. Quizá no siempre en resultados tangibles pero para mi, lo es siempre en intangibles muy valiosos. Valores que crean otro tipo de riqueza que va más allá de lo meramente mercantil.

No obstante a esa persona emprendedora que tiene un proyecto creativo, a quien quiere ser artista gráfico o sencillamente a quien quiere vivir una vida plena y consciente, le diría que dedique su tiempo a vivir observando atentamente, que aprenda a escuchar con humildad, que dude y se pregunte quién es y quién está siendo, que intente comprender y comprenderse sin prejuicios y que comparta lo vivido y aprendido sin miedo y que con esas herramientas en su mente y sus manos, dedique su tiempo al desarrollo de buenas ideas que tengan profundidad y aspiren a mejorar el tiempo que viven y no tanto, en pensar en los frutos que obtendrá de ellas, porque quién piensa que el dinero todo lo hace, terminará haciendo cualquier cosa por dinero…y no me refiero a nada ilegal, que sea pecado o engorde…a veces por dinero se pierde un bien  cada vez más escaso y preciado:la dignidad. En una ocasión, un compañero ante mi negativa a hacer un sustancioso trabajo cuyo fin no me gustaba, me respondió que con la dignidad no se come…y tenía razón…con la dignidad no se come, de dignidad nos alimentamos para seguir en pie y no vivir de rodillas.

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15AÑOS

 

En Metáfora, 3 QUINQUENIOS de buenos trabajos nos han reafirmado en que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Sin embargo en Metáfora durante estos 15AÑOS siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los VALORES que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, las y los que aquí trabajamos y por quienes nos buscan, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que siempre ayudan a creer. Valores y trayectoria que durante estos últimos 3 QUINQUENIOS han sido avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que durante estos últimos 15AÑOS con su confianza en nuestra creatividad y VALORES nos permiten seguir trabajando. 

En Metáfora 5 TRIENIOS has sido bastantes como para saber que la creatividad no es solo una ocurrencia que aparece difusa de la nada. La creatividad es el resultado del esfuerzo coordinado de un equipo, capaz de hacer de la esencia de una idea, prototipo y ponerlo al servicio de un mensaje emocionante y eficaz. La fusión de un proceso de trabajo inteligente, basado en la búsqueda de la originalidad y la experiencia. Esa que permite descubrir el hilo de una buena idea, entre un sin fin de ocurrentes bobadas. La que se aparta de poses de moda y toma de la sabiduría, esa mirada libre, ese saber estar como si nada y que es capaz de ir más allá del conocimiento para profundizar de manera sólida y permanente. En 15AÑOS en Metáfora hemos aprendido que ser creativos es ser competentes en el saber hacer las tareas con verdad, amor, conocimiento y entregando siempre lo mejor que se tiene a cada proceso. 

En Metáfora, estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es sonreír mucho y saber reírse de lo que no tiene importancia y también de lo que la tiene, pero no tanto. Nos han enseñado a saber que la vida ha de tomarse a broma, pero que debemos vivirla muy en serio y no al revés. Tomarla en serio para vivirla medio en broma. Tener éxito en la vida, es aprender a descubrir que la belleza y el amor están en las pequeñas cosas, en las más sencillas, las que tenemos más cerca, pero también, en la manera que tenemos de mirarlas y en la libre y respetuosa relación que mantenemos con ellas. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es querer mantener el compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho, sabiendo disfrutar del paso de cada tarea, para convertir ese gozo en una oportunidad para aprender. Que tener éxito en la vida es comprender que es bueno confrontar para aprender del que más sabe y que se debe de escuchar siempre con la mente atenta, para luego compartir sin miedo, olvidando tontos prejuicios. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que el verdadero éxito está en el conocimiento adquirido, tamiz crucial de lo vivido y liviano poso de la experiencia. En querer mantener la mano tendida y la puerta abierta, en compartir para crecer y en el modesto afán por ser cada día un poco mejores.

Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que la confianza ganada con el trabajo bien hecho es un tesoro que hemos aprendido a conservar y que GRACIAS es la palabra que más nos gusta pronunciar. En Metáfora sabemos que 15AÑOS no son casi nada, pero en este tiempo hemos aprendido que poder celebrar un nuevo aniversario, es también querer celebrar la vida compartida.
GRACIAS.

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Anteojos

 

Debemos de admitir que lo que queremos que sea no siempre es lo que está siendo. Tomar consciencia de ello forma parte de nuestro aprendizaje vital y nos prepara para la inevitable frustración de asumir que no todo es siempre como queremos que sea. Ya lo dijo Erich Fromm. “La mayoría de la gente no advierte que la mayor parte de lo que cree verdadero y evidente es solo una ilusión producida por la influencia sugestiva del mundo social en que vive”. En una sociedad jibariza intelectualmente, desarmada de conocimiento capaz de generar la herramienta del sentido común. Mal educada sin el norte de la responsabilidad y el respeto y agarrada a la vanidad del querer ser sin estar siendo, asumir la frustración de aquello que deseamos que sea, no es, resulta doloroso y por ello complicado. Para paliar ese desasosiego vital de lo inalcanzable y facilitar la construcción de ese imaginario social complacido, trabajan a destajo una patulea de opinadores sin miedo. Una horda de analistas a sueldo. Una grey de publicistas sin escrúpulos y creatividad sin remilgos. Toda una panda de mentores de lo fácil, unas y otros entregados al afán de apuntalarnos el ánimo, el deseo y la displicente disciplina. Para nuestro mejor conformar, nos rodea una banda de gurús del «sisequiere-sepuede». Nos acosa una basca de pregoneros de las pragmáticas realidades con soluciones de estraperlo. Nos aturde una horda de predicadores, iluminados ganapanes del consuelo de una fugaz vida mejor. Unos y otras, puestos al servicio de hacernos ver y convencernos de que aquello que queremos, en verdad está siendo o definitivamente, será así. Por eso, para apuntalar nuestra tesis vital y salvar el pellejo de nuestras circunstancias, nos engañamos o dejamos que nos engañen y lo que es peor, desenfocando la realidad para acomodarla a nuestro interés, con la perversa ingenuidad de la infancia malcriada, engañamos a otras y otros. Generamos así una secuencia de mentirijillas o grandes mentiras, que se expanden como un virus venenoso que nos adormece y que son el lenitivo que necesita nuestro ego para sobrellevar la frustración. Mejor eso que pararse a observar atentamente quienes estamos siendo. Preferimos eso a intentar comprender y comprendernos sin prejuicios, interesados intermediarios, ni expectativas. Aceptamos señalar la culpa en otras y otros, en lugar de aceptar la responsabilidad de nuestras decisiones por acción u omisión. Buscamos una salida a la luz, sin reparar si esta es solo una linterna que nos marca un camino que no es el nuestro. Como escribió el premio nobel José Saramago «El mundo se está convirtiendo en una caverna igual a la de Platón: unas y otros mirando imágenes y creyendo que la virtualidad imaginada del mensaje, es la realidad». Todas y todos con los anteojos de ver de cerca, concentrados y entretenidos en las vueltas de la pelusa de nuestro ombligo pero fingiendo que un objetivo lejano de retóricas palabras vacías, es el que centra nuestra liviana y complacida atención. Pero en nuestra mano esta ser críticos con nuestra manera de enfocar y mirar la realidad que vivimos. Es bueno hacer del deseo creatividad que nos impulse, pero no parapeto tras el que esconder miserias. No es malo aprender de la frustración y su mensaje de humildad si nos observamos con compasiva generosidad. Con apoyo y ayuda, si es necesario, pero sin gestores de lo ajeno ni intermediarios de lo propio, hemos de ser nosotros los que nos quitemos las lentes desenfocadas para discernir entre lo que somos y lo que estamos siendo, lo queremos ser y en lo que quieren que nos convirtamos. Es urgente aprender a ser honestos y conscientes. A distinguir entre la sinceridad irresponsable de quienes se esconden haciendo ruido y la verdad comprometida de quien sin alardes, se muestra para compartir generosamente y sin miedo lo vivido. Aceptar no es conformarse. Fluir no es desentenderse. Es urgente actuar en nombre propio y de primera mano para que nadie nos lleve del brazo y decida en nuestro propio nombre. Porque ese y no otro es el ser o no ser de la cuestión.

 «Hijos de España»

Alfredo Jaso

Foto: Skeeze

 

 

 

 

 

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Libros y caminos

En Metáfora sabemos que no todo está en los libros. Pero no tenemos ni una sola duda al respecto de que lo más importante está impregnando sus páginas. Enhebrando palabras podemos encontrar, el fulgor de sueños e ideas. No todo está en los libros pero recorriendo el camino de la ficción, ahondado en el conocimiento de los ensayos o dejándose llevar por el sonido profundo del poema, un ser humano alzado sobre la fraterna emoción puede encontrar ejemplos, preguntas, apuntes para respuestas, reseñas para sus dudas, esbozos para certezas, caminos por tierras oscuras, luces audaces para la espera.

La vida es un libro abierto con muchas de sus páginas en blanco. Leer bien el libro de la vida, escribirlo despacio y con buena letra es una invitación a observar atentamente. A comprender sin prejuicios. Escribir y leer el libro de los días, nos enseña a compartir generosamente lo aprendido y entregar la alegría sin miedo a que ni una ni otro vuelvan de regreso. En Metáfora sabemos que vivir y leer el libro de las horas, dedicando el tiempo a la consciente lectura, nos ayuda a para crecer libres y responsables y eso, necesariamente, hace que nuestras propuestas y trabajos tengan el brillo de una mirada más creativa y la consistencia de las páginas leídas con el deseo de aprender. En Metáfora sabemos que no todo está en los libros pero sin duda, en los libros está el camino.

Alfredo Jaso

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ALMA

 

¿Qué es el ALMA? me preguntaron de sopetón como esperando de mi conocimiento una respuesta. Fui a lo fácil, al origen etimológico de la palabra. Alma viene del latín «anime» que significa aliento, impulso. Una persona con ALMA es aquella que en su actuación y con su actitud, inspira e impulsa… la verdad es que no me gustan las respuestas fáciles y me quedé dándole vueltas al asunto. Hace días compartía mesa y conversación entre compañeros. Uno de mi edad, más cerca de los 60 que de los 55 y con una trayectoria profesional cuajada de premios y apoyado su éxito sobre el pilar del prestigio, pero en horas bajas. El otro frisando los 40. Atrevido, resuelto, adicto a series y vídeo juegos, acostumbrado a apuntalar su éxito a golpe de «insight» desarrollados sobre conceptos más «cool»…este le decía a aquel «tu no te das cuenta porque es tu trabajo y porque eres una persona humilde aunque creas lo contrario, pero tu trabajo tiene algo que lo destaca sobre los demás…y no es solo la creatividad, ni el empeño que pones en que todo fluya bien… si no porque lo que haces tiene alma…y es así porque eres una persona con alma y lo que eres se refleja en tu trabajo. Sin embargo estás en ahí,  rodeado de clientes y colaboradores que no te merecen. Tío sal de ahí ya»…y yo que aun le daba vueltas a la definición dije, el ALMA es una mirada inmaterial que define al ser humano. Un soplo, un aliento de respeto y responsabilidad sobre la conciencia de ser persona. El impulso hecho verdad sin miedo que desde el ser individual, actúa en un medio global que es la humanidad… Nuestro compañero con la tristeza en la mirada resolvió… «Ya y dónde voy con casi 56 años… En estos últimos tiempos me han dicho muchas veces que hace tiempo debería haberme ido a Madrid o Barcelona»… a lo que el más joven respondió de manera algo airada…»No, tampoco ahí te merecen, eso es la misma basura, está lleno de gente mediocre y gris afanándose en ser lo que no será nunca, pero en lugar de con el rancio remanso provinciano, siendo una jungla voraz…» y respirando profundo añadió, «Es triste decirlo pero la vida de hoy no merece personas como tú…» Lo cierto es que me quedé impactado y por unos momentos sin saber qué decir. Cuando reaccioné, recordé la definición: Una persona con ALMA es aquella que en su actuación y con su actitud, inspira e impulsa… y entonces mirando a mis compañeros, que siendo más brillantes, exitosos y creativos que yo, para mi sorpresa me buscan cuando tienen dudas, dije en voz alta… si como se dice, por todas partes reina la mediocre medianía. Si el respeto y la responsabilidad ya no son valores en alza. Si la mirada nueva no pasa el tamiz del conocimiento y la verdad y uno y otra, sucumben ante el destello efímero de lo que está de moda. Si en el mercado de las ideas cotiza menos la verdad que la pose…ahora, cuando tras el destello parece que una sombra de grisura se aposenta sobre el porvenir de valores y conocimientos, ahora más que nunca, es cuando más necesarias son las personas con capacidad para compartir la mirada que impulsa, esas que pueden insuflar el ánimo que nos sujeta. Sin duda ahora más que nunca son necesarias personas con ALMA…

Alfredo Jaso

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Valor y valores. (Es el mercado, amigo)

 

 

En Metáfora estamos seguros de que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Aunque en nuestro caso, 15 años de buenos trabajos confirman esta afirmación, no haremos por presumir de ello pues sabemos que lo mismo podrían pensar y decir otros muchos y muchas profesionales y empresas. Por eso en Metáfora siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los valores que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que nos ayudan a creer. Valores y trayectoria avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que con su confianza en nuestra creatividad y valores nos permiten seguir trabajando. Por eso, para consolidarnos y crecer, siempre nos hemos apoyado en nuestra creatividad y nuestros valores y nunca hemos considerado que dentro de nuestro valor diferencial, debía contar como propuesta, entrar en una guerra de ofertas a la baja.

Entendemos por parte de las administraciones el fomento del afán emprendedor. En tiempos difíciles para el empleo, el mensaje liberador y esperanzado, machaconamente lanzado hacia aquellas y aquellos a los que este modelo injusto no les ha dejado mas remedio que lanzarse a la aventura de ser su propio jefe, es cautivador y poderoso. Más allá del emprendimiento solitario, para entrar en el mundo laboral hay otros modelos empresariales basados en el trabajo colaborativo. Esos modelos empresariales favorecen la solidaridad interna y con la sociedad, el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de exclusión social, la generación de empleo estable y de calidad, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la sostenibilidad. Modelos empresariales que dentro de la economía social, proponen otro enfoque para el crecimiento económico, en el que se prima a las personas y el fin social sobre el capital. Empresas de éxito en las que se imponen la gestión autónoma y transparente, democrática y participativa. Sin embargo y quién sabe por qué, parece que desde las administraciones públicas estos modelos se apoyan menos. Quizá tenga algo que ver el que tras la panacea del emprendimiento de una en uno, se propone otro modelo social más dúctil, menos contestatario, hecho de frágiles fortalezas, de necesidades imperiosas, de ferrreas y abnegadas voluntades, de riesgos e incertidumbres que nos atan. Quizá el pingüe negocio de unos cuantos, levantado sobre las ilusiones inquebrantables de aquellas y aquellos que tomados de uno en una, suman una gran cantidad de personas con las que hacer negocio, también influya en el impulso al apoyo del autoempleo como salida del paro. Emprendedores y emprendedoras a las que proveer de recursos de formación, entregar en brazos de coach y gurús de todo tipo. A los que subir en lanzaderas subvencionadas. Meter en espacios de trabajo compartidos con derecho a cocina idóneos para encontrar sinergias y encontrar apoyos. Emprendedores y emprendedoras a las que vender herramientas y maquinaria de todo tipo y ofrecer servicios varios, siempre imprescindibles para echar a caminar y siempre ofrecidos en condiciones falsamente preferentes. El emprendimiento de uno en una, es un buen negocio para quien hace su agosto con la necesidad y las ilusiones de muchas y muchos.  La precariedad es como un sarampión que se contagia por contacto y necesidad y en ocasiones, laborar bajo premisas de superviviencia, lleva a terminar trabajando en régimen de auto-explotación. Aceptando y reclamando unas maneras laborales poco recomendable para ellas y ellos mismos basadas en una escasa participación impositiva. Trabajando en una cadena de trueques sin beneficio, entre colegas y compañeros con el fin de poder optimizar recursos y resultados. Bebiendo todos y todas de ese manantial que los Antilopez definen como «el manantial de la mitad, de la mitad» ese mantra que nos empuja, desde la inconsciente alegría a vivir con menos, mientras otros viven mejor a costa de nuestra renuncia. Sabemos que siendo su responsabilidad,  ni unas ni otros son culpables. Un sistema voraz y depredador les empuja a esta guerra de precariedades. A esta pelea por migajas. A este combate de precios bajo y trabajo a cualquier precio. A este aceptado cautiverio con promesa de libertad. 

Pero en Metáfora no nos gustan ni los combates ni las peleas. Además, no podemos permitirnos competir por precio con esos otros  modelos empresariales capaces de asumir menos costes y por lo tanto a fin de cuentas ser menos solidarios socialmente. No solo porque el coste de nuestras tareas, estando ya ajustado a nuestra capacidad profesional y nuestra humana dignidad, no nos lo permita, sino porque cuando lo hacemos, estamos poniendo en cuestión nuestros valores. Esos que nos llevan a creer en un modelo social y de trabajo en el que todas y todos sumamos a un bien común, siempre según nuestras posibilidades y siempre para que se pueda entregar a cada quien, según su responsable necesidad. Por eso en Metáfora intentamos generar valor con nuestro trabajo. Un valor que deviene en riqueza, que se distribuye entre trabajadores y proveedores cercanos y sirve para crear y mantener empleos con los que se pagan nuevos impuestos que han de servir, según nuestro «molesto» criterio, para mejorar los servicios públicos que todas y todos disfrutamos y poder hacerlos universales y de mayor calidad. Por eso no queremos competir por precio. Nuestros compromisos se expresan en un Plan Social real,  que no es una herramienta de venta, ni un canto al sol publicitario desde el que brillar y presumir. Ese plan es la expresión de nuestros valores. Valores que asumimos como propios pero que tienen un coste. Eso que cuesta pagar una infraestructura de trabajo, se suma a nuestra creatividad y la calidad de la gestión y nos obliga a mantener un precio justo por hora trabajada. Podemos hacer ofertas promocionales puntuales o mantener nuestro compromiso con los «proyectos metáfora», proyectos sociales en los que a un coste sensiblemente menor, apoyamos el desarrollo de proyectos capaces de transformar y mejorar su entorno más cercano, pero no competimos en el mercado por el precio de un servicio o producto. Hacerlo creemos que  va en contra de la superviviencia de las personas y empresas que desarrollan su actividad laboral en un sector como el de la publicidad y la comunicación que ahora como nunca, es frágil, poco corporativo y huye del asociacionismo como herramienta de defensa.

El sesgo social de nuestros trabajos, condiciona el que la mayoría de nuestros clientes sean administraciones públicas. Por eso, la mayoría de nuestros contratos llegan a partir de participaciones en llamadas a concursos. De un tiempo a esta parte, las  administraciones públicas en su afán de gastar menos, en no pocas ocasiones nos convocan a participar en una especie de subasta a la baja, en la que precio final o el celo en la productividad, evaluado en el recorte en la fecha de entrega, puntúa más en la suma de ambas o a veces por separado, que el apartado dedicado a la creatividad. Prefieren gastar menos a como sería lo más inteligente, gastar mejor.  Con ese criterio de primar el gastar menos, esas mismas administraciones a la que apoyamos con nuestra carga impositiva y que dicen apoyar el empleo de calidad (algo de lo que no dudamos en ningún momento que sea su intención e interés) no solo devalúan el trabajo creativo, sino que además terminan por no valoran el compromiso que realizamos las empresas que intentamos con gran esfuerzo, generar valor con nuestro trabajo. Un valor que genera riqueza que se distribuye entre trabajadores y proveedores cercanos y sirve para crear y mantener nuevos empleos con los que se pagan nuevos impuestos que han de servir, según nuestro modesto criterio, para mejorar los servicios públicos que todas y todos disfrutamos y hacerlos más universales y de mayor calidad. 

Parafraseando a un defenestrado gerente del FMI, alguien podría decirnos, «Es el mercado, amigo…y añadir, «si tus valores no te ayudan y tus costes son más altos: ajo y agua. Cambia de principios…» recordando al genial marxista del humor llamado Groucho y al que se le atribuye esa tan caustica y humana frase que venía decir: «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros.» En Metáfora, pese a todo, queremos mantener nuestros principios y si fuera necesario hacerlo hasta el final. Aunque no podamos competir con otros modelos empresariales individuales que trabajan en otras condiciones, con otra carga impositiva, con distintos objetivos y en ocasiones con otros valores. Porque son nuestros valores los que conforman lo que somos como empresa y en los valores de Metáfora, están lo que nosotras y nosotros somos y en ellos, lo que deseamos para mejorar el bien común. Solo valorando el trabajo hecho por lo que cuesta y lo que vale, se puede dignificar este cada día más precario oficio. Solo con un esfuerzo solidario, generoso, valiente y colaborativo podremos conseguirlo. Por eso en Metáfora cada día intentamos tomar el riesgo de mejorar en creatividad, en excelencia, en competencia profesional y en calidad del servicio pero no nos enfrentamos en competición fratricida para vencer y derrotar por unos euros a nadie que con esfuerzo e ilusión vive de lo mismo que nosotros. El criterio de necesidad no puede justificar una actitud. La necesidad convierte en comprensible cualquier acción y el pan de hoy es hambre no solo para mañana sino para siempre pues genera una asumida y necesaria precariedad. Nunca debimos permitir que ese combate de precios bajo y trabajo a cualquier precio se convirtiera en el pan nuestro de cada día, pero el caso es que está aquí. Cada profesional, cada empresa libremente decide que vale su trabajo, sin embargo en Metáfora sabemos que mantendremos nuestros principios, cueste lo que cueste y si fuera necesario hasta el fin y no competimos nunca y menos lo haremos por ofrecer un precio que no sea digno ni justo.

Alfredo Jaso

foto:Riccardo Annandale

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