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Sosteniblidad y rentabilidad

 

Nos gusta decir pretenciosamente que nuestro tiempo presente es más complejo y confuso que otros tiempos pasados. Pero no vale la pena andar en comparaciones. Ni agarrarse a las circunstancias para justificar miserias y temores. Mas allá de volver la vista para reconocer la fortuna del camino andado, no es bueno mirar hacia atrás más y comparar el ahora de hoy con días pretéritos. Al fin y al cabo, como dicen las personas mayores cuando alguien fallece a la edad que sea, «uno siempre está en lo mejor de la vida». Es cierto que no tenemos otro tiempo que vivir que este que nos ha tocado. Cierto es que vivimos un tiempo en el que se confunden valor y precio y nada se aprecia si no sabemos lo que vale. Vivimos días que enfrentan el valor de los valores, con el valor de lo que vale y hoy como siempre, parece que lo que más vale es lo que mejor se vende. Por eso imagino la pregunta que cualquier persona emprendedora se hace ahora, tras más de 40 minutos escuchándome hablar sobre la necesidad de afianzar nuestra identidad y nuestra creatividad sobre el valor de unos valores. ¿La creatividad con valores es sostenible y es rentable?
Como se ha visto hoy, yo creo en el valor de las palabras. Creo que cada persona tiene su propio nombre y hay que llamarla por su nombre propio. Por eso me incomoda ese neolenguaje de palabras de vieja apariencia y novedoso significado que proponen el disfraz de la innovación y el cambio para que en el fondo aceptemos una cruda realidad. El ejemplo más palmario de esto es la más reciente en llegar: Resiliencia. Una manera atractiva de decirnos: «Aguanten. No se quejen. Resistan, asuman como inevitable lo que ven a su alrededor y continúen». Las palabras tienen valor por lo que significan y por eso hay que estar muy atentos porque cuando esas palabras nobles y bellas se manosean mucho y se hace con manos sucias, las palabras pierden su rigor y su brillo y terminan por usarse interesadamente. De entrada vayamos con la definición de otra de las palabras de moda:sostenibilidad. La sostenibilidad vendría a ser todo aquello que no necesita de nadie y se sostiene por si mismo para existir. Convengamos que el modelo de sostenibilidad que se nos propone, se desarrolla dentro de un sistema económico y productivo controlado. En él los medios de producción están en manos de muy pocos. Estos grupos de interés controlan y condicionan el consumo y la demanda y por tanto, todo eso que llamamos sostenible está en manos de quien de manera irresponsable nos ha llevado a la crítica situación medioambiental actual. Por lo tanto, hablamos de una sosteniblidad de «cara lavada» que mantiene el beneficio de unos pocos gracias al necesitado consumo de muchos. No obstante, aceptada la cautividad y dependencia a la que nos lleva este modelo insostenible de interesada sosteniblidad, convengamos que minimizar nuestra fea huella ecológica es conveniente y necesario. Pero volvamos a la pregunta ¿Existe la creatividad sostenible? Si mantenemos el mismo criterio y como sostenible definimos aquella creatividad que depende de si misma para subsistir, la respuesta claramente es no. En la mayoría de los casos esa creatividad queda a expensas del mercado y de quien la compra. Admitamos pues que en la precariedad a la que este sistema económico dejamos que nos lleve, en la que cada vez más se prima lo barato sobre lo bueno y bonito, no hay sostenibilidad, solo hay subsistencia dependiente envuelta en buenas intenciones creativas. Si la lectura la hacemos desde el punto de vista medioambiental, sería sostenible aquella creatividad que en su desarrollo minimiza el impacto de su huella ecológica. Si juntamos estas dos visiones y respondemos con una mirada global, yo sostengo la teoría de que cuando la creatividad se expresa a partir de unos valores, es siempre buena y bonita y además en sí misma sostenible. ¿A la pregunta de si la creatividad por valores es rentable? Os diré que siendo una persona que todavía mantiene sus inquietudes, pienso aún y de manera convencida, que todo lo que se hace desde el respeto, la responsabilidad y el amor, todo lo que se incardina en unos valores, es sostenible y rentable. Quizá no siempre en resultados tangibles pero para mi, lo es siempre en intangibles muy valiosos. Valores que crean otro tipo de riqueza que va más allá de lo meramente mercantil.

No obstante a esa persona emprendedora que tiene un proyecto creativo, a quien quiere ser artista gráfico o sencillamente a quien quiere vivir una vida plena y consciente, le diría que dedique su tiempo a vivir observando atentamente, que aprenda a escuchar con humildad, que dude y se pregunte quién es y quién está siendo, que intente comprender y comprenderse sin prejuicios y que comparta lo vivido y aprendido sin miedo y que con esas herramientas en su mente y sus manos, dedique su tiempo al desarrollo de buenas ideas que tengan profundidad y aspiren a mejorar el tiempo que viven y no tanto, en pensar en los frutos que obtendrá de ellas, porque quién piensa que el dinero todo lo hace, terminará haciendo cualquier cosa por dinero…y no me refiero a nada ilegal, que sea pecado o engorde…a veces por dinero se pierde un bien  cada vez más escaso y preciado:la dignidad. En una ocasión, un compañero ante mi negativa a hacer un sustancioso trabajo cuyo fin no me gustaba, me respondió que con la dignidad no se come…y tenía razón…con la dignidad no se come, de dignidad nos alimentamos para seguir en pie y no vivir de rodillas.

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15AÑOS

 

En Metáfora, 3 QUINQUENIOS de buenos trabajos nos han reafirmado en que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Sin embargo en Metáfora durante estos 15AÑOS siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los VALORES que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, las y los que aquí trabajamos y por quienes nos buscan, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que siempre ayudan a creer. Valores y trayectoria que durante estos últimos 3 QUINQUENIOS han sido avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que durante estos últimos 15AÑOS con su confianza en nuestra creatividad y VALORES nos permiten seguir trabajando. 

En Metáfora 5 TRIENIOS has sido bastantes como para saber que la creatividad no es solo una ocurrencia que aparece difusa de la nada. La creatividad es el resultado del esfuerzo coordinado de un equipo, capaz de hacer de la esencia de una idea, prototipo y ponerlo al servicio de un mensaje emocionante y eficaz. La fusión de un proceso de trabajo inteligente, basado en la búsqueda de la originalidad y la experiencia. Esa que permite descubrir el hilo de una buena idea, entre un sin fin de ocurrentes bobadas. La que se aparta de poses de moda y toma de la sabiduría, esa mirada libre, ese saber estar como si nada y que es capaz de ir más allá del conocimiento para profundizar de manera sólida y permanente. En 15AÑOS en Metáfora hemos aprendido que ser creativos es ser competentes en el saber hacer las tareas con verdad, amor, conocimiento y entregando siempre lo mejor que se tiene a cada proceso. 

En Metáfora, estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es sonreír mucho y saber reírse de lo que no tiene importancia y también de lo que la tiene, pero no tanto. Nos han enseñado a saber que la vida ha de tomarse a broma, pero que debemos vivirla muy en serio y no al revés. Tomarla en serio para vivirla medio en broma. Tener éxito en la vida, es aprender a descubrir que la belleza y el amor están en las pequeñas cosas, en las más sencillas, las que tenemos más cerca, pero también, en la manera que tenemos de mirarlas y en la libre y respetuosa relación que mantenemos con ellas. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es querer mantener el compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho, sabiendo disfrutar del paso de cada tarea, para convertir ese gozo en una oportunidad para aprender. Que tener éxito en la vida es comprender que es bueno confrontar para aprender del que más sabe y que se debe de escuchar siempre con la mente atenta, para luego compartir sin miedo, olvidando tontos prejuicios. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que el verdadero éxito está en el conocimiento adquirido, tamiz crucial de lo vivido y liviano poso de la experiencia. En querer mantener la mano tendida y la puerta abierta, en compartir para crecer y en el modesto afán por ser cada día un poco mejores.

Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que la confianza ganada con el trabajo bien hecho es un tesoro que hemos aprendido a conservar y que GRACIAS es la palabra que más nos gusta pronunciar. En Metáfora sabemos que 15AÑOS no son casi nada, pero en este tiempo hemos aprendido que poder celebrar un nuevo aniversario, es también querer celebrar la vida compartida.
GRACIAS.

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Anteojos

 

Debemos de admitir que lo que queremos que sea no siempre es lo que está siendo. Tomar consciencia de ello forma parte de nuestro aprendizaje vital y nos prepara para la inevitable frustración de asumir que no todo es siempre como queremos que sea. Ya lo dijo Erich Fromm. “La mayoría de la gente no advierte que la mayor parte de lo que cree verdadero y evidente es solo una ilusión producida por la influencia sugestiva del mundo social en que vive”. En una sociedad jibariza intelectualmente, desarmada de conocimiento capaz de generar la herramienta del sentido común. Mal educada sin el norte de la responsabilidad y el respeto y agarrada a la vanidad del querer ser sin estar siendo, asumir la frustración de aquello que deseamos que sea, no es, resulta doloroso y por ello complicado. Para paliar ese desasosiego vital de lo inalcanzable y facilitar la construcción de ese imaginario social complacido, trabajan a destajo una patulea de opinadores sin miedo. Una horda de analistas a sueldo. Una grey de publicistas sin escrúpulos y creatividad sin remilgos. Toda una panda de mentores de lo fácil, unas y otros entregados al afán de apuntalarnos el ánimo, el deseo y la displicente disciplina. Para nuestro mejor conformar, nos rodea una banda de gurús del «sisequiere-sepuede». Nos acosa una basca de pregoneros de las pragmáticas realidades con soluciones de estraperlo. Nos aturde una horda de predicadores, iluminados ganapanes del consuelo de una fugaz vida mejor. Unos y otras, puestos al servicio de hacernos ver y convencernos de que aquello que queremos, en verdad está siendo o definitivamente, será así. Por eso, para apuntalar nuestra tesis vital y salvar el pellejo de nuestras circunstancias, nos engañamos o dejamos que nos engañen y lo que es peor, desenfocando la realidad para acomodarla a nuestro interés, con la perversa ingenuidad de la infancia malcriada, engañamos a otras y otros. Generamos así una secuencia de mentirijillas o grandes mentiras, que se expanden como un virus venenoso que nos adormece y que son el lenitivo que necesita nuestro ego para sobrellevar la frustración. Mejor eso que pararse a observar atentamente quienes estamos siendo. Preferimos eso a intentar comprender y comprendernos sin prejuicios, interesados intermediarios, ni expectativas. Aceptamos señalar la culpa en otras y otros, en lugar de aceptar la responsabilidad de nuestras decisiones por acción u omisión. Buscamos una salida a la luz, sin reparar si esta es solo una linterna que nos marca un camino que no es el nuestro. Como escribió el premio nobel José Saramago «El mundo se está convirtiendo en una caverna igual a la de Platón: unas y otros mirando imágenes y creyendo que la virtualidad imaginada del mensaje, es la realidad». Todas y todos con los anteojos de ver de cerca, concentrados y entretenidos en las vueltas de la pelusa de nuestro ombligo pero fingiendo que un objetivo lejano de retóricas palabras vacías, es el que centra nuestra liviana y complacida atención. Pero en nuestra mano esta ser críticos con nuestra manera de enfocar y mirar la realidad que vivimos. Es bueno hacer del deseo creatividad que nos impulse, pero no parapeto tras el que esconder miserias. No es malo aprender de la frustración y su mensaje de humildad si nos observamos con compasiva generosidad. Con apoyo y ayuda, si es necesario, pero sin gestores de lo ajeno ni intermediarios de lo propio, hemos de ser nosotros los que nos quitemos las lentes desenfocadas para discernir entre lo que somos y lo que estamos siendo, lo queremos ser y en lo que quieren que nos convirtamos. Es urgente aprender a ser honestos y conscientes. A distinguir entre la sinceridad irresponsable de quienes se esconden haciendo ruido y la verdad comprometida de quien sin alardes, se muestra para compartir generosamente y sin miedo lo vivido. Aceptar no es conformarse. Fluir no es desentenderse. Es urgente actuar en nombre propio y de primera mano para que nadie nos lleve del brazo y decida en nuestro propio nombre. Porque ese y no otro es el ser o no ser de la cuestión.

 «Hijos de España»

Alfredo Jaso

Foto: Skeeze

 

 

 

 

 

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Libros y caminos

En Metáfora sabemos que no todo está en los libros. Pero no tenemos ni una sola duda al respecto de que lo más importante está impregnando sus páginas. Enhebrando palabras podemos encontrar, el fulgor de sueños e ideas. No todo está en los libros pero recorriendo el camino de la ficción, ahondado en el conocimiento de los ensayos o dejándose llevar por el sonido profundo del poema, un ser humano alzado sobre la fraterna emoción puede encontrar ejemplos, preguntas, apuntes para respuestas, reseñas para sus dudas, esbozos para certezas, caminos por tierras oscuras, luces audaces para la espera.

La vida es un libro abierto con muchas de sus páginas en blanco. Leer bien el libro de la vida, escribirlo despacio y con buena letra es una invitación a observar atentamente. A comprender sin prejuicios. Escribir y leer el libro de los días, nos enseña a compartir generosamente lo aprendido y entregar la alegría sin miedo a que ni una ni otro vuelvan de regreso. En Metáfora sabemos que vivir y leer el libro de las horas, dedicando el tiempo a la consciente lectura, nos ayuda a para crecer libres y responsables y eso, necesariamente, hace que nuestras propuestas y trabajos tengan el brillo de una mirada más creativa y la consistencia de las páginas leídas con el deseo de aprender. En Metáfora sabemos que no todo está en los libros pero sin duda, en los libros está el camino.

Alfredo Jaso

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ALMA

 

¿Qué es el ALMA? me preguntaron de sopetón como esperando de mi conocimiento una respuesta. Fui a lo fácil, al origen etimológico de la palabra. Alma viene del latín «anime» que significa aliento, impulso. Una persona con ALMA es aquella que en su actuación y con su actitud, inspira e impulsa… la verdad es que no me gustan las respuestas fáciles y me quedé dándole vueltas al asunto. Hace días compartía mesa y conversación entre compañeros. Uno de mi edad, más cerca de los 60 que de los 55 y con una trayectoria profesional cuajada de premios y apoyado su éxito sobre el pilar del prestigio, pero en horas bajas. El otro frisando los 40. Atrevido, resuelto, adicto a series y vídeo juegos, acostumbrado a apuntalar su éxito a golpe de «insight» desarrollados sobre conceptos más «cool»…este le decía a aquel «tu no te das cuenta porque es tu trabajo y porque eres una persona humilde aunque creas lo contrario, pero tu trabajo tiene algo que lo destaca sobre los demás…y no es solo la creatividad, ni el empeño que pones en que todo fluya bien… si no porque lo que haces tiene alma…y es así porque eres una persona con alma y lo que eres se refleja en tu trabajo. Sin embargo estás en ahí,  rodeado de clientes y colaboradores que no te merecen. Tío sal de ahí ya»…y yo que aun le daba vueltas a la definición dije, el ALMA es una mirada inmaterial que define al ser humano. Un soplo, un aliento de respeto y responsabilidad sobre la conciencia de ser persona. El impulso hecho verdad sin miedo que desde el ser individual, actúa en un medio global que es la humanidad… Nuestro compañero con la tristeza en la mirada resolvió… «Ya y dónde voy con casi 56 años… En estos últimos tiempos me han dicho muchas veces que hace tiempo debería haberme ido a Madrid o Barcelona»… a lo que el más joven respondió de manera algo airada…»No, tampoco ahí te merecen, eso es la misma basura, está lleno de gente mediocre y gris afanándose en ser lo que no será nunca, pero en lugar de con el rancio remanso provinciano, siendo una jungla voraz…» y respirando profundo añadió, «Es triste decirlo pero la vida de hoy no merece personas como tú…» Lo cierto es que me quedé impactado y por unos momentos sin saber qué decir. Cuando reaccioné, recordé la definición: Una persona con ALMA es aquella que en su actuación y con su actitud, inspira e impulsa… y entonces mirando a mis compañeros, que siendo más brillantes, exitosos y creativos que yo, para mi sorpresa me buscan cuando tienen dudas, dije en voz alta… si como se dice, por todas partes reina la mediocre medianía. Si el respeto y la responsabilidad ya no son valores en alza. Si la mirada nueva no pasa el tamiz del conocimiento y la verdad y uno y otra, sucumben ante el destello efímero de lo que está de moda. Si en el mercado de las ideas cotiza menos la verdad que la pose…ahora, cuando tras el destello parece que una sombra de grisura se aposenta sobre el porvenir de valores y conocimientos, ahora más que nunca, es cuando más necesarias son las personas con capacidad para compartir la mirada que impulsa, esas que pueden insuflar el ánimo que nos sujeta. Sin duda ahora más que nunca son necesarias personas con ALMA…

Alfredo Jaso

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Valor y valores. (Es el mercado, amigo)

 

 

En Metáfora estamos seguros de que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Aunque en nuestro caso, 15 años de buenos trabajos confirman esta afirmación, no haremos por presumir de ello pues sabemos que lo mismo podrían pensar y decir otros muchos y muchas profesionales y empresas. Por eso en Metáfora siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los valores que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que nos ayudan a creer. Valores y trayectoria avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que con su confianza en nuestra creatividad y valores nos permiten seguir trabajando. Por eso, para consolidarnos y crecer, siempre nos hemos apoyado en nuestra creatividad y nuestros valores y nunca hemos considerado que dentro de nuestro valor diferencial, debía contar como propuesta, entrar en una guerra de ofertas a la baja.

Entendemos por parte de las administraciones el fomento del afán emprendedor. En tiempos difíciles para el empleo, el mensaje liberador y esperanzado, machaconamente lanzado hacia aquellas y aquellos a los que este modelo injusto no les ha dejado mas remedio que lanzarse a la aventura de ser su propio jefe, es cautivador y poderoso. Más allá del emprendimiento solitario, para entrar en el mundo laboral hay otros modelos empresariales basados en el trabajo colaborativo. Esos modelos empresariales favorecen la solidaridad interna y con la sociedad, el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de exclusión social, la generación de empleo estable y de calidad, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la sostenibilidad. Modelos empresariales que dentro de la economía social, proponen otro enfoque para el crecimiento económico, en el que se prima a las personas y el fin social sobre el capital. Empresas de éxito en las que se imponen la gestión autónoma y transparente, democrática y participativa. Sin embargo y quién sabe por qué, parece que desde las administraciones públicas estos modelos se apoyan menos. Quizá tenga algo que ver el que tras la panacea del emprendimiento de una en uno, se propone otro modelo social más dúctil, menos contestatario, hecho de frágiles fortalezas, de necesidades imperiosas, de ferrreas y abnegadas voluntades, de riesgos e incertidumbres que nos atan. Quizá el pingüe negocio de unos cuantos, levantado sobre las ilusiones inquebrantables de aquellas y aquellos que tomados de uno en una, suman una gran cantidad de personas con las que hacer negocio, también influya en el impulso al apoyo del autoempleo como salida del paro. Emprendedores y emprendedoras a las que proveer de recursos de formación, entregar en brazos de coach y gurús de todo tipo. A los que subir en lanzaderas subvencionadas. Meter en espacios de trabajo compartidos con derecho a cocina idóneos para encontrar sinergias y encontrar apoyos. Emprendedores y emprendedoras a las que vender herramientas y maquinaria de todo tipo y ofrecer servicios varios, siempre imprescindibles para echar a caminar y siempre ofrecidos en condiciones falsamente preferentes. El emprendimiento de uno en una, es un buen negocio para quien hace su agosto con la necesidad y las ilusiones de muchas y muchos.  La precariedad es como un sarampión que se contagia por contacto y necesidad y en ocasiones, laborar bajo premisas de superviviencia, lleva a terminar trabajando en régimen de auto-explotación. Aceptando y reclamando unas maneras laborales poco recomendable para ellas y ellos mismos basadas en una escasa participación impositiva. Trabajando en una cadena de trueques sin beneficio, entre colegas y compañeros con el fin de poder optimizar recursos y resultados. Bebiendo todos y todas de ese manantial que los Antilopez definen como «el manantial de la mitad, de la mitad» ese mantra que nos empuja, desde la inconsciente alegría a vivir con menos, mientras otros viven mejor a costa de nuestra renuncia. Sabemos que siendo su responsabilidad,  ni unas ni otros son culpables. Un sistema voraz y depredador les empuja a esta guerra de precariedades. A esta pelea por migajas. A este combate de precios bajo y trabajo a cualquier precio. A este aceptado cautiverio con promesa de libertad. 

Pero en Metáfora no nos gustan ni los combates ni las peleas. Además, no podemos permitirnos competir por precio con esos otros  modelos empresariales capaces de asumir menos costes y por lo tanto a fin de cuentas ser menos solidarios socialmente. No solo porque el coste de nuestras tareas, estando ya ajustado a nuestra capacidad profesional y nuestra humana dignidad, no nos lo permita, sino porque cuando lo hacemos, estamos poniendo en cuestión nuestros valores. Esos que nos llevan a creer en un modelo social y de trabajo en el que todas y todos sumamos a un bien común, siempre según nuestras posibilidades y siempre para que se pueda entregar a cada quien, según su responsable necesidad. Por eso en Metáfora intentamos generar valor con nuestro trabajo. Un valor que deviene en riqueza, que se distribuye entre trabajadores y proveedores cercanos y sirve para crear y mantener empleos con los que se pagan nuevos impuestos que han de servir, según nuestro «molesto» criterio, para mejorar los servicios públicos que todas y todos disfrutamos y poder hacerlos universales y de mayor calidad. Por eso no queremos competir por precio. Nuestros compromisos se expresan en un Plan Social real,  que no es una herramienta de venta, ni un canto al sol publicitario desde el que brillar y presumir. Ese plan es la expresión de nuestros valores. Valores que asumimos como propios pero que tienen un coste. Eso que cuesta pagar una infraestructura de trabajo, se suma a nuestra creatividad y la calidad de la gestión y nos obliga a mantener un precio justo por hora trabajada. Podemos hacer ofertas promocionales puntuales o mantener nuestro compromiso con los «proyectos metáfora», proyectos sociales en los que a un coste sensiblemente menor, apoyamos el desarrollo de proyectos capaces de transformar y mejorar su entorno más cercano, pero no competimos en el mercado por el precio de un servicio o producto. Hacerlo creemos que  va en contra de la superviviencia de las personas y empresas que desarrollan su actividad laboral en un sector como el de la publicidad y la comunicación que ahora como nunca, es frágil, poco corporativo y huye del asociacionismo como herramienta de defensa.

El sesgo social de nuestros trabajos, condiciona el que la mayoría de nuestros clientes sean administraciones públicas. Por eso, la mayoría de nuestros contratos llegan a partir de participaciones en llamadas a concursos. De un tiempo a esta parte, las  administraciones públicas en su afán de gastar menos, en no pocas ocasiones nos convocan a participar en una especie de subasta a la baja, en la que precio final o el celo en la productividad, evaluado en el recorte en la fecha de entrega, puntúa más en la suma de ambas o a veces por separado, que el apartado dedicado a la creatividad. Prefieren gastar menos a como sería lo más inteligente, gastar mejor.  Con ese criterio de primar el gastar menos, esas mismas administraciones a la que apoyamos con nuestra carga impositiva y que dicen apoyar el empleo de calidad (algo de lo que no dudamos en ningún momento que sea su intención e interés) no solo devalúan el trabajo creativo, sino que además terminan por no valoran el compromiso que realizamos las empresas que intentamos con gran esfuerzo, generar valor con nuestro trabajo. Un valor que genera riqueza que se distribuye entre trabajadores y proveedores cercanos y sirve para crear y mantener nuevos empleos con los que se pagan nuevos impuestos que han de servir, según nuestro modesto criterio, para mejorar los servicios públicos que todas y todos disfrutamos y hacerlos más universales y de mayor calidad. 

Parafraseando a un defenestrado gerente del FMI, alguien podría decirnos, «Es el mercado, amigo…y añadir, «si tus valores no te ayudan y tus costes son más altos: ajo y agua. Cambia de principios…» recordando al genial marxista del humor llamado Groucho y al que se le atribuye esa tan caustica y humana frase que venía decir: «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros.» En Metáfora, pese a todo, queremos mantener nuestros principios y si fuera necesario hacerlo hasta el final. Aunque no podamos competir con otros modelos empresariales individuales que trabajan en otras condiciones, con otra carga impositiva, con distintos objetivos y en ocasiones con otros valores. Porque son nuestros valores los que conforman lo que somos como empresa y en los valores de Metáfora, están lo que nosotras y nosotros somos y en ellos, lo que deseamos para mejorar el bien común. Solo valorando el trabajo hecho por lo que cuesta y lo que vale, se puede dignificar este cada día más precario oficio. Solo con un esfuerzo solidario, generoso, valiente y colaborativo podremos conseguirlo. Por eso en Metáfora cada día intentamos tomar el riesgo de mejorar en creatividad, en excelencia, en competencia profesional y en calidad del servicio pero no nos enfrentamos en competición fratricida para vencer y derrotar por unos euros a nadie que con esfuerzo e ilusión vive de lo mismo que nosotros. El criterio de necesidad no puede justificar una actitud. La necesidad convierte en comprensible cualquier acción y el pan de hoy es hambre no solo para mañana sino para siempre pues genera una asumida y necesaria precariedad. Nunca debimos permitir que ese combate de precios bajo y trabajo a cualquier precio se convirtiera en el pan nuestro de cada día, pero el caso es que está aquí. Cada profesional, cada empresa libremente decide que vale su trabajo, sin embargo en Metáfora sabemos que mantendremos nuestros principios, cueste lo que cueste y si fuera necesario hasta el fin y no competimos nunca y menos lo haremos por ofrecer un precio que no sea digno ni justo.

Alfredo Jaso

foto:Riccardo Annandale

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Inspiración o plagio

 

En Metáfora sabemos que responder al desafío de una nueva idea supone asumir riesgos en cada nueva propuesta. Sabemos que dejar el peso de nuestra huella, marca caminos que sirven para encontrar nuevas miradas. Por eso y al hilo de la información periodística de Esther Neila, descubrir que la estela de un trabajo realizado por Metáfora hace ya diez años, pudiera haber quedado flotando en el aire del colectivo recuerdo inconsciente y servir de arranque para nuevas ideas, lejos de molestarnos o llenarnos de ira, nos hace sentir satisfacción y orgullosa emoción por el camino recorrido.

Nos complace comprobar que como hoy, hace una década nuestro trabajo ya era creativo y valioso. Que entonces como hoy, merecía la confianza de quienes supieron y saben apreciar nuestro trabajo. Nos complace porque sirviendo de modesta inspiración, de alguna manera no solo se revaloriza nuestro trabajo y la creatividad del mismo, si no que con él se le da visibilidad al que junto con Metáfora, hoy, hace diez años y muchos más, vienen haciendo creativos y agencia publicitarias de Castilla y León, que como Metáfora reciben el reconocimiento de premios nacionales e internacionales por su creatividad y buen trabajo.

Pueden llamarnos ingenuos, pero creemos sinceramente que ningún creativo publicitario tiene la intención clara de copiar o plagiar una idea ajena. En nuestro oficio se nos paga por ser creativos y si es posible intentar aportar una nueva visión a miradas ya vistas. Para Metáfora sería muy fácil rasgarse las vestiduras e intentar, como tantos han hecho antes, sacar provecho de esta situación para mantener e impulsar nuestro prestigio como agencia creativa, clamando al cielo y tildando de plagio el trabajo ajeno, pero siempre hemos pensado que además de por la creatividad y calidad de nuestro trabajo, intentamos distinguirnos por los valores que nos mueven al emprenderlo y por eso, desde la confianza y la honestidad y aunque en este caso la similitud en la propuesta está muy próxima, la idea de fondo es la misma y el concepto utilizado es muy similar, no creemos que en el ánimo de la agencia que ha desarrollado la campaña de Turismo de Extremadura estuviera plagiar ideas que ya se expusieron y utilizaron con mucho éxito hace 10 años.

Sin duda confiamos en la buena fe y la buena práxis profesional de los compañeros y compañeras autores de la campaña de Turismo de Extremadura. En ocasiones se puede llegar a dar el caso de caer en inconscientes inspiraciones colectivas cuando se parte de un «breve» de trabajo similar por tratarse, como es el caso, de productos de características muy parecidas. Por eso, más allá de disputas y pareceres, deseamos de corazón que así como la campaña: «Conoce Castilla y León, en una escapada VERÁS MUNDO» fue todo un éxito, la suya también lo sea y pueda ayudar a que esa preciosa tierra extremeña se conozca mejor y reciba muchos visitantes. Que estos generen valor y riqueza tangibles e intangibles entre las empresas, trabajadores y ciudadanas y ciudadanos de Extremadura y que esta se distribuya de manera justa y equitativa para que la vida de las personas que allí residen mejore.

Alfredo Jaso

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RyR

Dos palabras sencillas deberían bastar para conducir con bien nuestro paso por los días: respeto y responsabilidad.  El respeto hacia los demás y con nosotras y nosotros mismos y la responsabilidad sobre lo que hacemos y decimos, deberían ser los pilares sobre los que sustentar la convivencia entre personas y el desenvolvimiento profesional entre empresas, sus trabajadores y el mercado. Estas dos palabras deben de ser las columnas sobre las que sostenernos como personas respetuosas, responsables y libres. Sin embargo, pareciera que ambas, respeto y responsabilidad, suenan a palabras grandes, enormes quizá para los tiempos que corren de poses fingidas, ideologías confusas, sentimientos interesados, falsas verdades y creencias confrontadas. Mas si estamos atentos y atentas, responsabilidad y respeto son de esas palabras sin fisuras que se consolidan cada día con gestos y acciones pequeñas pero valiosas. El respeto se basa en la asunción natural y conveniente de no querer para nosotros  lo que  no deseamos para otros, es eso que llamamos dignidad. Respeto es actuar para no permitir con los demás, aquello que no toleraríamos hacia nosotras y nosotros y que no es más que solidario compromiso. Responsabilidad  es actuar tomando consciencia de  los deberes que rigen nuestros actos y consecuencias de nuestras acciones.  Esto no significa negar de plano la posibilidad del error y la falta, si no ser capaces de asumir de manera consciente, por anticipado o con carácter retroactivo, los efectos de nuestras palabras y actos, sin miedo y con rigor. Sin embargo, señalar siempre es más sencillo que exigir soluciones. Buscar culpables más fácil que asumir responsabilidades. Derribar al que destaca por pensar y actuar de manera diferente, es más cómodo que apreciar desde el respeto la enriquecedora diversidad de los distintos puntos de vista. Respeto y responsabilidad son dos palabras sencillas y fáciles de comprender, pero como género humano, tomados en la globalidad de la especie y asumiendo la injusticia de la generalización, pareciera que forman parte de un jeroglífico de difícil interpretación.  Si a ellas le añadimos el pleonasmo de la generosidad desinteresada. La actitud de la alegría consciente. La virtud de la duda y la crítica constructiva y  la herramienta de la comprensión compasiva y sin miedo, sin duda podríamos alzarnos en una sociedad más justa en el respeto hacia todas y todos, más libre en la responsabilidad, más generosa y solidaria en su compromiso y más creativa en su manera de afrontar el reto del regalo de los días. Más sin embargo cada día y viendo qué sucede con las pequeñas cosas, en ocasiones es más fácil comprender mejor el por qué nos comportamos así  en las decisiones más grandes.

Alfredo Jaso
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Arquitectura

Tocamos los edificios con los ojos, acariciando tímidamente con la mirada la solidez desnuda de la construcción. Las tapias son páginas en blanco de un tiempo sobre el que fuimos levantando los días. Paredes sobre las que escribimos con el afán de dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad. Nuestra arquitectura sentimental necesita que el tiempo bañe esos muros, que las paredes se impregnen de historias, de afectos, de hechos sucedidos, para poderlos convertir en un espacio propio. Ocupamos físicamente un lugar, pero sentimentalmente habitamos en la trampa de la memoria. Urbanizamos la ciudad a nuestra medida y con el material más confortable del pasado allanamos calles y aceras para hacer más fácil el tránsito desde lo que somos a la máscara cotidiana que estamos siendo. Tramoya de aquello que sin serlo, queremos ser. Tras el trampantojo sutil de lo fatuo e inconcreto, hacemos de lo pasado pilar de la existencia y en el solar presente de las horas vividas, sobre un encofrado de interesado desinterés, se fraguan, en vanidosa arrogancia, tabiques de cristal y transparentes medianeras, que en una ficticia vecindad, construyen una fingida cercanía. Solos, en rebaño de soledades, cercados en el aprisco de nuestra cómoda indiferencia. Huérfanos de voluntades. Inconscientes sin conciencia. irresponsables de la necedad, nos escondemos en la casa común de nuestro miedo, para juntos seguir apuntalando la ruina.
Tocamos los edificios con los ojos. Rozamos la construcción con la mirada. Pero más allá de lo pasado, debemos alzarnos sobre la raíz profunda de nuestros recuerdos, para proponerle al escombro del tiempo una mirada nueva capaz de levantarse sobre la carcoma ruin del calendario. Debemos ser valientes y creativos para ofrecernos a los días sin paredes que dividen, ni muros que ocultan y separan. Ser creativos y valientes y vivir sin candados ni cerrojos, con las puertas y las ventanas abiertas a nuevos y más creativos y sólidos horizontes. Con el corazón al aire, viviendo el presente sin tutelas ni tutores. Agrimensores de sonrisa generosa y alegría responsable. Arquitectos sin prejuicios ni banderas. Constructores valientes y confiados de un tiempo por venir que es el ahora. Obreros del respeto y el compromiso que construyen día a día el nuevo y sólido edificio de nuestra vida.

Alfredo Jaso

Foto:Remi Bertogliati

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Experiencia y experiencias

En Metáfora sabemos que se es lo que se hace y hacemos lo que somos. Que no es necesario hablar una y otra vez de lo que hicimos, si no dejar que lo hecho sea voz clara que para siempre hable por nosotros. Aunque parece que vivimos un tiempo de olvidos, de lugares comunes sin sentido, en Metáfora sabemos que de todo lo hecho quedará lo bueno. Aquello que ha sido construido sobre la base de la inteligencia y la fuerza de la razón. Lo que se alzó sobre el valor del sentimiento, la verdad y la emoción. Lo que brotó de una simple idea para crecer junto al brillo del conocimiento y al amparo de la experiencia. Lo que fue nombrado en rotunda y transparente voz alta, significando la grandeza sutil de lo ya hecho, para expandir su luz brillante sobre el tiempo. En Metáfora sabemos que los que hacen del destello fugaz e irrelevante, vacua, oportuna, aparente y mediocre «creativitis», nada tienen que ver con ser creativos. Porque la creatividad no es solo una ocurrencia que aparece difusa de la nada. Es el resultado del esfuerzo coordinado de un equipo, capaz de hacer de la idea prototipo sin dejarse llevar por sus creencias. La fusión de un proceso de trabajo inteligente, basado en la experiencia. Esa que permite descubrir el hilo de una buena idea entre un sin fin de ocurrentes bobadas. La que toma de la sabiduría y sin más cuento, esa mirada libre, ese saber estar como si nada y que es capaz de ir más allá del conocimiento. En Metáfora sabemos que la honesta verdad de lo logrado, se impone siempre a la inicua impostura sin medida, pues aquellos que combaten tomando en nombre propio lo que es de otros, mienten y se retratan en su propio nombre y terminan por hacerse más pequeños, jugando el juego de querer pasar por grandes. Así que no dejes que un destello simulado y fácil te obnubile, ni permitas que lo superficial y lo falso te entretengan. Hay  en el mercado profesionales que apoyados en el hastial de la experiencia, saben distinguirse del resto, por su reconocida fácil competencia. Competentes en el saber hacer de sus tareas con verdad, amor, conocimiento y eficaz y sobrada suficiencia. Que no confrontan más que para aprender del que más sabe y que más que hablar sobre lo que quieres oír, te escuchan siempre con la mente abierta. Búscalos porque ellos  aportarán a su propuesta el peso rotundo de su inteligencia. El valor diferencial del conocimiento adquirido, tamiz crucial de lo vivido, que es el liviano poso de la experiencia. Búscalos, los tienes cerca, estarán encantados de trabajar contigo y en ellos encontrarás profesionales y empresas que como nosotras y nosotros, tendrán para ti su puerta abierta y en los que podrás siempre confiar como en un amigo.

 

Alfredo Jaso

Foto: Juan Marín

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