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Refugia2

 

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En Metáfora sabemos que la comunicación ha de servir para acercar personas e intereses. Por eso en Metáfora abrimos confiados la puerta al que llega. Confiamos en quien viene a compartir lo que es y observamos con atención para comprender lo que busca. No nos hacemos las fuertes confrontando ideas irreconciliables que no nos ayuden a crecer, ni defendiendo posesiones para definir lo que creemos que somos. Creemos en el respeto y la responsabilidad como herramienta compartida para la libertad y hacemos de eso nuestra manera de actuar. Porque sabemos que comunicar es compartir lo que hacemos, para que se conozca qué somos. Seguramente mis palabras de hoy, no tengan más valor que el de la emoción puesta al escribirlas, pero quiero compartirlas contigo, con la misma emoción con que fueron escritas para que hagas luego con ellas lo que tu quieras.

Refugiados

Soy la Europa del Imperio,
la que mira hacia otro lado,
la del bárbaro silencio,
la del brillante pasado.

La que hicieron grandes hombres
a fuerza de fe y de fuego.
La que por miedo a perder
y por escucharle al miedo
se inventó los enemigos,
para defender lo nuestro.

Esa que envió a sus hijos,
a la conquista del mundo,
que los expulsó con hambre,
con un engaño fecundo.
La Europa que ahora olvida,
que no recuerda sus pasos.
Europa de buena vida,
la del miedo y el fracaso.

La tierra de promisión.
El reino de quien más puede.
El lugar donde se ocultan,
miserias con misereres.
La del poder de la unión,
la del derroche y la suerte.
La que pide sumisión
y negocia con la muerte.

Si a los que vienen de lejos
levantamos más fronteras
sin importarnos sus sueños.
Y dejamos que se ahoguen,
enseñando mil banderas.
Podremos creernos muy grandes,
decir que somos los dueños,
poseer las libertades
sin obligación, ni respeto.
Impondremos el horror
como norma y como credo
y mostraremos al mundo
la crueldad de nuestro fuero.

Y si me callo y no escribo
lo que en justicia yo creo,
sea el corazón coraza,
que lo que siente, es pequeño.
Si son tus pasos distancia
y mi silencio es tu miedo,
no soy digno de ser hombre,
si yo mis puertas te cierro.
Si yo derribo mis puentes
y tú esperanza destierro.
No merezco mi alegría,
si a tu temor pongo precio
y si al llanto de quién quieres,
con mis leyes lo desprecio.

Si se alzan altaneras,
las voces que te detienen
y si blindan las fronteras,
lo que por buenos se tienen,
cuando yo guardo silencio,
un pensamiento me viene:
allí estarán los que matan,
pero aquí están los que hieren.

Soy la Europa del Imperio,
la que mira hacia otro lado.
La que no sabe tu nombre,
porque ha querido olvidarlo.


Alfredo Jaso

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Confianza

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Tengo absoluta confianza en que el mundo va a mejorar. Lo digo sin pretender construir un muro de vanos y buenos deseos desde el que esconderme de la realidad. Lo digo como lo siento, con una sonrisa. Pero lo digo también desde la sensata responsabilidad que propone ser consciente de mis propias decisiones. Al poner sobre el papel mi voluntad, no miro para otro lado. No me escabullo ante las injusticias para las que un solo ser humano no tiene remedio. Situaciones sobre las que una sociedad madura y responsable ha de actuar para ponerles definitivo fin. Pero tengo muy claro que si asumimos que la vida es un juego, no deberíamos darlo por perdido antes de haber tirado todas las cartas. Si nos jugamos la vida con una sonrisa, desde la responsabilidad, conviene jugarnosla muy en serio y entregarnos en cada envite, sin miedo a perder la jugada. Sin permitir que los que con cantos de sirena, aprovechan nuestra desesperanza en su beneficio o los que hacen de sus mentiras confortable red de embustes, nos arrebaten la posibilidad de sonreír y de vivir la vida muy en serio pero tomándonosla medio en broma.  Así, si uno no cree en esa posibilidad de un mundo más justo para todos, si uno no juega sus bazas, inevitablemente, se descarta y pierde la partida.

No me olvido de que  hemos dejado de ser esos animales asustados, que buscaban el cómodo amparo de la manada y  nos hemos dejado convertir en uno más, de los miembros  de un dócil rebaño que cree vivir libre e independiente, dentro de la confortable limitación del aprisco. No niego que hoy somos individuos interesadamente interesados, que piensan que solo aquello que les viene bien, está bien. Sujetos sujetados, que acodados en la atrevida ignorancia, hacemos del respeto y la responsabilidad, palabras en deteriorado desuso. Lo sé, eso estamos siendo y por eso, desde esa cómoda perspectiva, nos resulta más fácil pensar que lo que vemos en el momento presente, continuará indefinidamente. Por eso, sentimos que nada podemos a hacer y que nuestro esfuerzo resultará presuntuoso e inútil. Reconozco que yo también, por comodidad, he intentado unirme al clan del pesimismo. Tampoco me importa decir que en ocasiones me he dejado llevar por la indignación y he vociferado de manera airada, pretendiendo que por la potencia de mi voz o la fuerza de mi puño, en un acto de irracional heroísmo, el contrario cambiase. Pronto descubrí que en uno y otro caso, ni en la atadura del pesimismo o en la permanente y difusa indignación está la respuesta. En ambos casos, al final del camino, me encontré solo. Desde ambas miradas, la mente se acomoda y desde las dos posturas, se termina siempre justificando lo peor. Unos y otros nos prefieren ignorantes. Hombres y mujeres temerosos por la permanencia perpetua de las cosas, atados como Sísifo a un inevitable destino. Es lógico, una vida es un espacio de tiempo muy limitado y un ser humano corriente, un animal débil y preparado para sobrevivir en la permanencia pero desde el miedo, incapaz de transformar el mundo.

Sin embargo, misteriosamente, como en un caos determinado, la vida cambia y el cambio se produce si hay reflexión, voluntad y acción de uno con muchos. Se trata de que la vida no nos cambie tanto y tan hacia la mansedumbre, como para que nos impida intentar al menos cambiar nuestra vida.  Debemos permanecer en atenta observación ante lo que nos rodea, intentando comprender lo que sucede. La vida nos pide vivir sin prejuicios, para actuar de manera creativa sobre la realidad que vemos. Debemos decidir con responsabilidad y respeto para transformar lo que vivimos.

Cada día me encuentro con personas que, a pesar de la adversidad de los acontecimientos, me transmiten la alegría de vivir. Más allá del puñado de creyentes de una ortodoxia que condiciona y les convierte en activistas atados en ocasiones, a la ceguera de una ideología que contrapone, quiero creer que hay miles de personas afines a las libres ideas de cambio. Personas de gestos comprometidos, honestos, generosos y sencillos, que actúan sobre su propia vida, para cambiar de raíz el mundo.

Veo que la mayoría de la gente se toma la vida en serio y la vive medio en broma. A mi me gusta hacerlo al revés, tomarla a  broma y vivirla en serio. Un optimista no es necesariamente un risueño despistado, cantando tímidamente en la penumbra de nuestros tiempos. Mantener la alegría en la adversidad no es una simple necesidad romántica. Se basa en el hecho científico de que la historia de la humanidad no se sustenta solamente en la crueldad, sino también en la compasión, en la simpatía, en la bondad, en el valor y la acción noble, responsable y comprometida. Se basa en la acción de seres humanos libres, que no se mienten. Que no hablan en nombre de nadie, ni por boca de otros. Personas que con su ejemplo, nos dicen que es necesario actuar. Sonreír. Tomarse la vida a broma y vivirla muy en serio. Nosotros, tú y yo, también podemos ser libres. Nosotros decidimos. Aquello que prioricemos con respecto a nuestros valores y oriente nuestras decisiones, determinará nuestras vidas. Si solo vemos lo peor, si componemos nuestras horas con fríos minutos sin sentido, si convertimos nuestros en días en un triste almanaque detenido, hecho de miedos, pesimismo y resentimiento, se derrumbará nuestra capacidad de actuar. El futuro es una sucesión infinita de presentes,  y vivir hoy, tal como creemos que debemos vivir,  de manera creativa y en desafío total ante el pesimismo y el afán de revancha que nos rodea, es en si una gran victoria. Ahora, cada uno de nosotros,  debe de decidir libremente, como quiere ver el mundo.

Alfredo Jaso

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Somos

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Ser gente extravagante nos ha traído hasta aquí. Saber poner la mirada allí donde nadie repara para ver lo que muchxs no ven, ha marcado siempre nuestro camino. Buscar lo que otros pierden y perdernos dónde otrxs no se encuentran nos ha hecho ser lo que somos. Gente extravagante, de sonrisa limpia y compartida que da sin miedo lo que tiene y recibe con gusto lo que le dan.  Personas a las que asustan las incertidumbres tanto como las pétreas certezas y que tienen el miedo justo para poder ser valientes. Profesionales discretos que saben callarse  y  tienen valor para romper el silencio. Que regalan el don de la idea y la palabra y quieren esconderse tras la luz del misterio. Brillantes, no por lo que destacan, si no por su capacidad para iluminar el rumbo con buenas propuestas. Extravagantes. Ni mejores, ni peores. Extravagantes para tomarnos el tiempo de compartir sin prejuicios lo que somos y lo que nos emociona, sin pensar si lo enseñado puede parecer distinto a lo que muestra nuestro empeño, o si lo que damos es menos que lo obtenido. Extravagantes: extremadamente vagos. Así sin más, como somos, del derecho y del revés.Somos como te miramos y como nos ves. Extremadamente vagos, extravagantes, así es.

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Nuevos propósitos, eternos compromisos

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Aprovechando los buenos vientos del verano, hace semanas regresamos tras la estival singladura. En este tiempo de asueto, hemos surcado nuevos mares y disfrutado de lo mejor de los días y sus horas. Pusimos la vista en nuevos horizontes. Superamos adversidades imprevistas. Compartimos sonrisas, deseos y palabras desconocidas y llenamos las velas de la ilusión con la fuerza del cariño de los que nos quieren.
Ahora regresamos con una nueva mirada, más limpia y luminosa. Con renovados equipos y nuevos retos. Con la complicidad y la alegría como herramientas y el mismo compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho de siempre. Por eso, en este nuevo tiempo, estamos seguros de seguir contando con el regalo de tu confianza, con el tesoro de tu apoyo y la fortuna de tu compañía.  En todo caso y si a pesar de nuestras buenas intenciones, estas no han sido para ti las mejores vacaciones que recuerdas, ten por seguro que con esfuerzo, compromiso en la alegría y una sonrisa compartida, conseguiremos que el nuevo curso que ahora empieza, se convierta con el paso de los meses, en uno de los mejores que hayamos pasado juntos. Que así sea.

Alfredo Jaso

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