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Arquitectura

Tocamos los edificios con los ojos, acariciando tímidamente con la mirada la solidez desnuda de la construcción. Las tapias son páginas en blanco de un tiempo sobre el que fuimos levantando los días. Paredes sobre las que escribimos con el afán de dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad. Nuestra arquitectura sentimental necesita que el tiempo bañe esos muros, que las paredes se impregnen de historias, de afectos, de hechos sucedidos, para poderlos convertir en un espacio propio. Ocupamos físicamente un lugar, pero sentimentalmente habitamos en la trampa de la memoria. Urbanizamos la ciudad a nuestra medida y con el material más confortable del pasado allanamos calles y aceras para hacer más fácil el tránsito desde lo que somos a la máscara cotidiana que estamos siendo. Tramoya de aquello que sin serlo, queremos ser. Tras el trampantojo sutil de lo fatuo e inconcreto, hacemos de lo pasado pilar de la existencia y en el solar presente de las horas vividas, sobre un encofrado de interesado desinterés, se fraguan, en vanidosa arrogancia, tabiques de cristal y transparentes medianeras, que en una ficticia vecindad, construyen una fingida cercanía. Solos, en rebaño de soledades, cercados en el aprisco de nuestra cómoda indiferencia. Huérfanos de voluntades. Inconscientes sin conciencia. irresponsables de la necedad, nos escondemos en la casa común de nuestro miedo, para juntos seguir apuntalando la ruina.
Tocamos los edificios con los ojos. Rozamos la construcción con la mirada. Pero más allá de lo pasado, debemos alzarnos sobre la raíz profunda de nuestros recuerdos, para proponerle al escombro del tiempo una mirada nueva capaz de levantarse sobre la carcoma ruin del calendario. Debemos ser valientes y creativos para ofrecernos a los días sin paredes que dividen, ni muros que ocultan y separan. Ser creativos y valientes y vivir sin candados ni cerrojos, con las puertas y las ventanas abiertas a nuevos y más creativos y sólidos horizontes. Con el corazón al aire, viviendo el presente sin tutelas ni tutores. Agrimensores de sonrisa generosa y alegría responsable. Arquitectos sin prejuicios ni banderas. Constructores valientes y confiados de un tiempo por venir que es el ahora. Obreros del respeto y el compromiso que construyen día a día el nuevo y sólido edificio de nuestra vida.

Alfredo Jaso

Foto:Remi Bertogliati

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Futurismo

Allá por los comienzos del siglo XX y en su exégesis del mundo moderno, Filippo Tommaso Marinetti, padre del movimiento futurista, elevaba un canto al imperio de la tecnología, la exaltación maquinista y el culto al progreso técnico como culmen liberador de un modelo de sociedad creado por el orden capitalista. Más allá de algún alarde artístico de vocación rupturista, tras su manifiesto pseudo-anarquista y de estética radical, Marinetti planteaba la pretenciosa fundación de un nuevo mundo para un hombre nuevo. Su doctrina, anhelaba alcanzar el enajenado sueño, de una sociedad en apariencia dirigida por máquinas eficientes, llamadas a tutelar las humanas voluntades con la superficial velocidad de la infalible inteligencia artificial. Esta libertaria invocación a la robotización de la sociedad, pronto cayó en manos de un ideario totalitario. Tras la aviesa pretensión del advenimiento de un nuevo orden tutelado por una élite, se pretendía sacar a la “masa amorfa” de su ignorancia, aleccionando a una “mediocre sociedad de masas” con el mazo de la infoxicación propagandística y pseudo-publicitaria de un nacionalismo autocrático y excluyente. El futurismo maquinista y robotizado que soñaba Marinetti, hecho de utopía, libertad, belleza, arte y velocidad, sin embargo creció en el menosprecio hacia toda aquella manifestación creativa que recogiendo el acervo de los tiempos pasados, se alzara libre sobre el presente y aportara su visión como legado para los nuevos tiempos. Por considerarlo ejemplo de femenina debilidad, atacó toda aquella expresión que al nacer de un corazón vivo y libre, buscase la comprensión de las emociones y sus sentimientos. Por eso mismo se hizo fuerte en la supremacía de género, en la prevalencia viril y en el desprecio por la vida sosegada y más cercana a la naturaleza. Hizo suyos el ideal del culto a la guerra y la superioridad del pensamiento único, mediante la eliminación del diálogo crítico. En fin, en la oda futurista de Marinetti, la primitiva retórica artística revolucionaria de corte pseudo-anarquista, quedó ligada paradójicamente a un sentimiento conservador y totalitario, políticamente reaccionario, fascista, de cariz burgués y de fuerte carácter individualista.

Pero hoy, más de 100 años después, si observamos atentamente a nuestro alrededor, quizá debamos convenir que no estamos tan lejos de esos tiempos futuros que soñaba Marinetti. Hoy es desde el control del consumo y la opinión, a partir de la gestión del flujo y el análisis de los grandes datos informáticos como se escruta, moldea y condiciona nuestro criterio consumidor.

Es hoy, desde la generalización y el control de un entramado de Redes Sociales colmado de discursos de escueta simpleza, infantil ingenuidad, adolescente soberbia e interesada manipulación, como desde el artificio de un “neolenguaje”, opaco y ambiguo, se construye una nueva realidad a menudo banal, levantada sobre opiniones sesgadas, poses fingidas y acalorados pareceres.

Es ya hoy, que por tan solo tener la opción de expresar una opinión y que esta pueda ser difundida masivamente entre seguidores, generando adhesiones entre iguales y discordia violenta entre los que piensan de manera distinta, que nos sentimos virtualmente libres y protagonistas. Sin pensar reflexivamente, ni importarnos si nuestras palabras aportan o suman, o si al contrario restan y separan o simplemente, sobran.

Es hoy, desde la digital infoxicación, el narcótico ruido sin sentido y el palabrerío mediático, que se nos mantiene enganchados a la liturgia del empacho informativo para entorpecer el sentido común, desorientar el poder de las ideas, y desbaratar la verdad hasta transustanciarla en falsedad y mentira complacida capaz de llenar papeletas y urnas.

Es ya hoy, desde un entramado de mercadeo publicitario y venta, basado en la administración de las experiencias como sublimación de las sensaciones, como se nos atrapa para mantenernos entretenidos, hipnotizados, sumisos consumidores, sujetos sujetados, en la tela de araña comercial de una deslumbrante realidad virtual.

Es hoy, desde que quien ha de decidir en ello, no fomenta el desarrollo del espíritu crítico en la programación educativa. Ni incentiva el afán de conocimiento humanístico y científico. Ni facilita la necesidad de compartirlo como vía para hacer crecer a seres humanos libres, como se mantiene bien abastecido de mano de obra cualificada, barata y bien domesticada el mercado laboral.

Es hoy y desde el apoyo al acelerado emprendimiento, fugaz panegírico a un tiempo de ilusionados compromisos, como se promueve el éxito de unos pocos para fomentar precarias promesas y baldías oportunidades tecnológicas y laborales para muchos.

Es ya hoy, desde quien controla la investigación científica, desarrollada con la interesada perspectiva de la rentabilidad y patrocinada por los grandes grupos empresariales se desarrollan intimidatorias armas para matar, se curan enfermedades o se condenan enfermos y se desmantelan equipos de trabajo para cerrar cauces de humana investigación.

Es hoy, desde esta nueva era de la robotización laboral y el automatismo doméstico, como se abaratan costes industriales, se aumentan los beneficios y al fin  se gestionan el ansia de ocio sin tiempo y la soledad sin roce, ni cariño.

Es hoy, cuando desde los medios de comunicación de masas, nos presentan en deconstruidos platos de diseño y disueltos en un anodino caldo de insípido sabor a irresponsabilidad, los que son sabrosos y rotundos éticos valores humanos de fraternidad, igualdad y libertad, para así mejor tolerar nuestra indiferencia ante la indigestión de la injusticia.

Es hoy, desde la difusión y el apoyo a las creencias religiosas, políticas o sentimentales como se auspicia la soberbia de la soberanía izada como bandera de la diferencia, que alzada sobre la interesada independencia individual, se impone sobre el bien común, encontrando razones sin motivos para negar libertades y derechos.

O en fin, es ya desde toda esa patulea de gurús amantes de la notoriedad. De todologos opinadores, mercachifles de ruidosas frases y lisa simpleza. Expertos de la analgésica palabra digital. Hacedores del cambio con remedio y rima fácil para todo, que con viejos mensajes y aparentemente nuevas maneras, procuran recetas en charlas de no más de 5 minutos, cura para nuestro mal de adolescente irresponsabilidad social.

Y es así como hoy avanzamos, sonrientes y jubilosos, ingenuos, ignorantes, narcotizados, entretenidos, inconscientes y pasmados hacia un remedo virtual de aquella enajenada visión futurista de principios del siglo XX.

Es alcanzado ese cómodo oblomovismo social, conformista y conformado. Complaciente y complacido en el activismo perezoso. Hecho de gestos elocuentes y donación publicitaria. De filantropía de escaparate y solidaridad de dorsal y paso rápido. Como repantigados al fin ante la pantalla que nos mira, nos sentimos poderosos en el coliseo del banal  me gusta. Compartiendo el bueno para mi y los míos en un alarde de significación etiquetada. En fin es así como dentro del establo digital y alimentados de barbitúricas  experiencias virtuales, nos sentimos más libres que nunca, siendo como siempre, esclavos sometidos a una “democrática estupidez organizada”, en la que todas y todos, como recua amansada, participamos bajo la atenta y controladora mirada de una élite que nos gobierna, tal y como soñó Marinetti, delegando el control en robots obedientes e infalibles y máquinas veloces con maneras de inteligencia.

Sin embargo, no se podrá negar que vivimos un tiempo de protección de los derechos y aumento de las libertades como nunca antes ha disfrutado la especie humana. Que avanzamos cada día en un innegable progreso de la técnica que permite una mejora de  nuestras condiciones de vida. Que la ciencia con su imparable adelanto hace aumentar la esperanza de alargar nuestros días como nunca habíamos soñado. Que existen cauces de comunicación, generosos y útiles para compartir el conocimiento y ponerlo al servicio de quien quiera usarlo como jamás habíamos tenido. Sin duda, el progreso sometido al avance tecnológico, es ejercicio de respetuosa civilización cuando se justifica para el universal bien común. Tenemos el conocimiento, las herramientas para que así sea. Por eso, cada día se hace más evidente que la supervivencia de la humanidad no ha de ser, en el fondo, un problema de avances tecnológicos y su consumación técnica, sino de las concepciones de los valores y objetivos de los individuos y las comunidades en las que estos se incardinan. El advenimiento de una nueva conciencia, debe asentarse sobre los pilares de la fraternidad entre seres humanos y de estos con el planeta que habitamos y los seres vivos que en él nos acompañan. La igualdad de oportunidades en la diferencia y la diversidad para el desarrollo de personas y pueblos y el respeto por la libertad propia y ajena. Solo así, mediante la observación atenta, la comprensión sin prejuicios y el afán de compartir generosamente y sin miedo, podremos tomarle el pulso real a la vida, para sin interesados intermediarios virtuales, hacer de la sonrisa consciente y la alegría responsable, herramientas creativas para el cambio. Instrumentos técnicos y maneras tecnológicas que junto al avance científico y maquinista, han de facilitar nuestro progreso y crecimiento como seres humanos libres, creativos, responsables, y comprometidos.

Ernst Gombrich, refiriéndose a la percepción hacia las vanguardias escribió: “nunca podemos separar limpiamente lo que vemos de lo que sabemos…hay que aprender a ver porque la visión es engañosa”. La corriente vanguardista que proclamó una nueva era de mayor libertad. Que aspiraba a levantar de suelo a un ser humano no esclavizado y consciente para poder elegir. Que proponía la democratización del arte. Que glorificaba el gusto por la velocidad y la tecnología. Que veía en la máquina y el robot herramientas del cambio al servicio del hombre. Terminó aferrándose a un ideario totalitario y Filippo Tommaso Marinetti, el hombre que soñaba con que el dominio de la técnica nos haría libres, acabó convertido en vasallo de fascismo de Benito Mussolini…

Quizá esta revolución revelada de inteligencias artificiales, nos mantiene acorralados, hipnotizados entre fotos y mensajes y sin quererlo saber del todo, toleramos un postfascismo que nos gobierna, moldeando criterios, creando opiniones, generando necesidades y miedo, planteando censuras, eliminando derechos…quizá vivimos ya esos tiempos futuros de Marinetti, sin embargo en nuestra cerebro está el poder de generar sinapsis creativas para despertar del narcótico letargo. En nuestra mano tenemos las herramientas para hacerlo. Uno a una y sumadas todos, tenemos el poder para conseguirlo. Solo hace falta encontrar en nuestro corazón la voluntad creativa que nos empuje decididamente a hacerlo.

 

Alfredo Jaso

Foto:Jose Ignacio Garcia Zajaczkowsk

 

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Buenos días

 

 

A veces y siempre por sorpresa,
sin avisar, sin rubor y a toda prisa,
la vida nos golpea en la cabeza
y por la fuerza la ilusión nos decomisa.
Hay días que las horas nos aprietan
y el temor a los retos nos eclipsa.
Más hay que encontrar la fuerza en la flaqueza
y buscar la salida más precisa.
Para que la alegría le pueda a la tristeza,
compartamos valientes la sonrisa,
y para que la más libre y creativa belleza,
venza a la ríspida acedía,
olvidemos la prisa y la pereza
y cambiémosle el rumbo a cada día.
Dobleguemos al tedio con la risa,
derrotemos su fea antipatía.
Ganémosle al miedo su divisa,
y enfrentemos su triste tiranía.
Miremos con ojos renovados,
entreguemos responsables la sonrisa
y hagamos por cambiar los días malos,
por cientos de hermosos buenos días

Alfredo Jaso

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Invitación a la alegría

La calidad de relaciones sociales y su entramado de convenciones culturales es el espacio donde se atenúan nuestras fricciones emocionales. Cuando una cultura no es capaz de crear  y sostener este espacio-soporte, como un ámbito de desarrollo justo y solidario basado en la responsabilidad y el respeto, se genera una comunidad destructiva. Se crea así una comunidad donde la afirmación de uno implica la destrucción del otro, y cuya consecuencia es una unión en la desunión a partir de la cual triunfa solamente el más fuerte. Ese  que suele ser el que mejor sabe utilizar cualquier tipo de violencia sobre los otros. Sin embargo la consecución del objetivo, la victoria sobre el otro, no mitiga el dolor del enfrentamiento, por el contrario, en las personas sensibles lo refuerza de tal manera, que genera desasosiego. Esa ansiosa desazón que es el desasosiego social, hace el caldo gordo que alimenta el desarrollo de la creencia religiosa, política, económica o sentimental como sustrato sobre el que se alza y empodera el imaginario identitario. Somos otros. Somos distintos. Somos lo que creemos ser.

El desasosiego se ha convertido en un estado de ánimo predominante en nuestras vidas cotidianas. Este indica la falta de sosiego, es decir de tranquilidad. Esta sensación extraña e inquietante de permanente fragilidad, peligro y sospecha son los pilares básicos sobre los que se asienta el miedo. En una sociedad habituada al temor, nace de manera natural el mal humor. El mal humor es la manifestación que produce esa apariencia de pelea constante, de enfado perenne, que en el fondo es la señal de un fracaso social permanente.

Nuestra cultura ha generado un imaginario social y simbólico donde el que no siente cumplidas sus ensoñaciones o satisfechos ciertos mandatos, tras un período de justificada pero inocua y malhumorada rebeldía, termina por sentirse fracasado y culpable de su situación. Encontrado el culpable, señalado este por el dedo acusador, debe resignarse a su situación. Por eso hoy la dominación se ejerce, fundamentalmente, imponiendo en la subjetividad, la resignada sensación de que nada puede ser cambiado. Si nada puede transformarse. Todo debe  mantenerse inmóvil a riesgo de que pueda empeorar aún más. El resultado es vivir en un mundo asustado, donde la creencia postiza, como promesa de un tiempo mejor, le puede a la  razón. Vivir un tiempo mal humorado, pero resignado, donde impera el sálvese quien pueda y en el que se apela al egoísmo de la falsa ilusión de singularidad como manera de esclavitud. Así, esa degradación de los valores éticos de fraternidad, igualdad y libertad, sin duda pretende el sometimiento desde el desasosiego, el mal humor, el desinterés  y la apatía social.

Cabe entonces preguntar ¿Es posible acabar con el desasosiego y el mal humor? ¿Podemos enfrentar tanta tristeza inútil? Yo, rumiador de  mis secretas tristezas. Que aprendí de mi padre que  estar con más pena que gloria es más que nada un “malestar”. Que la vida me ha enseñado que se empieza soportando lo malo y se acaba aguantando lo peor,procuro ofrecerle al profesional  de la angustia y la desesperanza,al adalid del inmovilismo y el miedo, mi mejor sonrisa. Hay que tomar partido por la alegría.

Ser alegre aún si motivos. Alegre por el regalo de vivir. Alegre por la oportunidad ejercer libremente el derecho de regalarnos y compartir una sonrisa. La alegría permite el triunfo del principio lúdico del placer sobre el principio de una malhumorada falsa realidad. Pero alegría responsable no para negar la realidad, sino para poder enfrentarla y tentar la posibilidad de transformarla. Por eso la alegría responsable compartida es solidaria y peligrosa, porque la alegría es siempre y en su afán transformador, revolucionaria.

La alegría hace posible  una actitud creativa, que permite mitigar las dificultades de la vida a partir de la predisposición al cambio. La alegría plantea la necesidad de construir un tiempo de sentimientos alegres que enfrente la ruina de las pasiones tristes. Alegría no por tontuna y simple emoción. Alegres de manera responsable y comprometida. Responsabilidad que reclama reflexión. Compromiso que exige respeto. La alegría vital propone un paso al frente del compromiso razonado, contra al desasosiego irracional. La alegría es una sonrisa generosa contra el mal humor intransigente. No debemos dejar que sentimientos negativos nos coman la alegría y nos llenen el ánimo de emociones contenidas. Aprende a mirar lo bueno y bello que nos rodea  y que está también en nosotros. Aprendamos a compartir la sonrisa y dejemos de repartir desdichas y malas caras. Disfrutemos responsablemente del regalo de vivir. Del reto de la existencia como un hecho irrenunciable, como una manera permanente de aprender. Vivamos para transformar lo que nos rodea, para mejorar aquello que no sea justo. Neguemos el triunfo ruin de la oscuridad. La victoria de aquellos que quieren convencernos de que no hay otra salida más que la resignación. De los que con su mal humor neutralizan la opción del cambio.

No tengas miedo al cambio. Que no te asuste pedir lo justo, reclamar tu dignidad de persona. Hazlo todo con el corazón pero desde la inteligencia. Con serenidad, sin resquicios y desde la responsabilidad. Con contundencia pero sin rabia, sin ese mal orgullo que te convierte en alguien igual al que combates. Siendo tú,  sin ser otro que no eres y sin necesidad de mostrar una coraza de desconfianza que no es del todo tuya y que por eso no te protegerá cuando más falta te haga. No te engañes, la creencia que defiende una verdad verdadera, que busca la derrota del otro. Aquello que busca el sufrimiento y la renuncia rara vez procuran satisfacciones. Ese “cielo” se gana con la fuerza de la justicia y la energía transformadora de la sonrisa.

Observa atentamente. Comprende sin prejuicio. Comparte generosamente y sonríe sin miedo. No pierdas el tiempo en discutir. En mirar atrás o pensar en el futuro. No hables, haz, porque cada acto, cada obra tuya hablará por sí sola y es una explicación de lo que quieres, de quien eres, y qué estás buscando. Utiliza la sonrisa compartida  como revolucionaria herramienta de trabajo diario en la convivencia. Vive en la libertad responsable para tener la disposición férrea de defender y respetar la libertad propia y ajena y haz de la creatividad colaborativa vital instrumento transformador.

Alfredo Jaso

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Decisión

Obstinadas

Más allá de la fortuna o el destino. De la adversidad y de las circunstancias, somos nosotros los que decidimos hacia dónde nos lleva la vida. Quizá no gobernamos por completo nuestros días, pero si podemos marcar un rumbo y agarrando con decisión el timón de nuestras decisiones, enderezar el destino de la singladura. Cada nuevo paso se corresponde con una decisión. Tú decides. Decides avanzar o quedarte quieto. Decides no ser distinto trabajando que divirtiéndote con las personas que sientes más cerca. Decides ser el mismo, tratando con un cliente o un proveedor, que cuando charlas con un amiga. Y salvando las lógicas distancias que imponen cierta intimidad, decides que no haya mucha diferencia en la calidad de tu relación con las personas con las libremente compartes los caminos del afecto y el corazón y la que intentas mantener, con cualquiera de tus compañeros. Tú decides. Decides cada mañana si encontrar motivos para la alegría o buscar razones para hacerte fingidamente fuerte en la resignada y antipática tristeza.

Para Metáfora, a la hora de buscar colaboradores, prefiero confiar en alguien en quien desde la solvencia en el desempeño de tareas, pueda desarrollar sus cometido desde la cordialidad, a quien sea un profesional frío y distante. Salvo que se sea domadora de fieras, artificiero o crupier, no valoro la frialdad, ni la rígida y convencional seriedad como un valor profesional. Considero mucho más provechoso confiar en el que emprende sus labores sin miedo y con alegría, que en aquel que se acerca de perfil y pretende pasar por taimado y desconfiado, para así parecer más astuto. Esa es mi decisión y rara vez me equivoco. La alegría es creativa y revolucionaria. El miedo y la desconfianza son conservadores y  retrógrados. La primera engendra acción y confianza. Los segundos, asustada indignación y a menudo inseguridad que termina en incompetente violencia.

La vida es una sucesión de decisiones que provocan nuevas alternativas para continuar decidiendo. De nuestra actitud ante las nuevas situaciones y de la predisposición para aprender de lo vivido, resulta el esbozo de lo que somos.  Tú decides. Y sin caer en “postureos” bobalicones de “buen rollismo” positivo, también puedes hacer de la sonrisa generosa  y la alegría responsable, revolucionaria herramienta de transformación vital. No creas que tomar esa decisión te impide ser crítico con lo que te rodea. Ni es excusa para no ser exigente en mi trabajo. Tampoco te inhabilita para observar y comprender lo que vives y sientes. La sonrisa no te convierte en un irresponsable, ni tampoco en un ingenuo. Al contrario, la sonrisa es una señal de consciente alerta. No te equivoques, no te convierte en un simple que se esconde tras el superficial gesto para fingir que vive en otro mundo.  Reconozco también,  que esta actitud seguramente no acabe con todos tus problemas. Pero está demostrado que una sonrisa consciente, cambiará tu manera de enfrentarlos. La alegría compartida predispone a la búsqueda de una posible solución y la sonrisa es el combustible que activa el trabajo en equipo.

Creo que en el diario camino vital que nos ocupa. Ese que se anda por la senda de las relaciones personales y transita por el mundo laboral, decidimos sobre muchas más cosas de las que creemos. Conozco a muchas personas que en ocasiones, cuando  se sienten decaídx, les cuesta encontrar motivos para tomar decisiones. Pero sé también, que solemos confundir motivos, que mueven a la decisión, con llenarnos de razones que condicionan nuestra actuación. Los primeros nos hacen avanzar sin miedo hacia el resultado y las segundas nos restan imparcialidad y generan la tensión de la confrontación. Sin embargo, aún en esos momentos complicados, hay que decidir sin miedo. Por eso te animo a que avances sin prejuicios.  A que crezcas sin coacciones y en libertad. No le temas a la duda y desde el sentido común y el corazón decide.  No dejes que el miedo atenace tus gestos. No permitas que nada ni nadie te impida creer en ti ni en tu sonrisa. Te animo a que te pongas en pie y seas tú. Tú cada momento de tu vida, con tus incertidumbres y pero también con tus confiadas y poderosas certezas. Sé que parece sencillo y resulta muy complicado, pero también sé que nada es más fácil, que convencernos de que algo es muy difícil. Ahora pon tus aptitudes al servicio de tu mejor actitud. Decide. Busca un objetivo y camina decididx hacia él. Observa, vive, comprende, comparte y sé creativx. Pues solo así podrás conseguir el éxito que merecen tus propósitos.

Alfredo Jaso

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Alegría

Solsoviet

La calidad de relaciones sociales y su entramado de convenciones culturales es el espacio donde se atenúan nuestras fricciones emocionales. Cuando una cultura no es capaz de crear  y sostener este espacio-soporte, como un ámbito de desarrollo solidario, genera una comunidad destructiva. Se crea así una comunidad donde la afirmación de uno implica la destrucción del otro, y cuya consecuencia es una unión en la desunión a partir de la cual triunfa solamente el más fuerte. A eso le llaman equivocadamente competencia, cuando deberíamos llamarlo cruel competitividad. Paradojicamente, la consecución del objetivo, la victoria sobre el otro, no mitiga el dolor del enfrentamiento, por el contrario, en las personas sensibles lo  refuerza de tal manera, que genera desasosiego. Caer en la cuenta de ello genera frustración y miedo y acaba por deteriorar la autoestima. Una sociedad insatisfecha, concentrada en la frustración individual, es una sociedad  interesada y manipulable, capaz de aceptar como bueno, lo que resulta inaceptable. Que se desgasta en luchas superficiales y es incapaz de abordar la resolución de los asuntos trascendentes. Por eso nos quieren así, derrotados y temerosos y por eso, es urgente hacerse fuerte en la alegría responsable. El desasosiego se ha convertido en un estado de ánimo predominante en la vida cotidiana. Hoy esta sensación extraña e inquietante manifestación del ser, deviene de una civilización incivilizada, que se ha transformado en ajena a nuestras mas cotidianas necesidades humanas. De ahí nace el mal humor. El mal humor es la manifestación que produce esa sensación extraña e inquietante de pelea constante, de enfado perenne, de fracaso social permanente. Nuestra cultura ha generado un imaginario social y simbólico, donde el que no siente cumplidas sus ensoñaciones o satisfechos con ciertos inducidos mandatos, se siente culpable por su situación. Encontrado el culpable, señalado por el dedo acusador, este termina por aprender a vivir con su tristeza malhumorada y resignarse a su situación. La dominación hoy se ejerce, fundamentalmente, imponiendo en la subjetividad, la sensación de que nada puede ser cambiado. No hay esperanza. Nada puede transformarse. Todo debe mantenerse inmóvil para no empeorar aun más. El resultado, es la aceptación de vivir en un entorno donde impera el “mimismo”, el “sálvese quien pueda”, la banalización de los valores éticos, sustituidos por una recensión de emociones y sentimientos de folletín, aderezados con  la rebeldía sin más objetivo que expresar el propio miedo. ¿Es posible acabar con el desasosiego y el mal humor? ¿Se puede enfrentar tanta tristeza inútil? Yo, rumiador de  mis secretas tristezas. Que aprendí de mi padre que estar con más pena que gloria, es mas que nada un “malestar”. Yo, a quien la vida me ha enseñado que se empieza soportando lo malo y se acaba aguantando lo peor, procuro ofrecerle al profesional de la angustia y la desesperanza, al adalid del inmovilismo y el miedo, al generador de mala baba, mi mejor sonrisa. Es mi decisión. La sonrisa compartida, la atención considerada, la escucha sin prisa, la palabra amable, son acciones simples y en apariencia sencillas, pero que son capaces de movilizar conciencias, activar reflexiones y motivar a la acción.  Una sonrisa que no es una mueca boba y conforme, no. Una sonrisa que es palanca de transformación. Herramienta de cambio. Una sonrisa que expresa voluntad de acercamiento. Intención de comprender y compartir. Deseo de mejorar, poniendo nuestra confianza, en nuestras posibilidades para superar la dificultad. Una sonrisa desde la que cambiar nuestra actitud y determinar nuestra aptitud. En Metáfora hemos decidido tomar partido por la alegría. Ser alegre aún a veces sin motivos. Alegres por el regalo de vivir. Alegres por la oportunidad ejercer libremente, el derecho de regalarnos y compartir una sonrisa. La alegría permite el triunfo del principio lúdico del placer sobre el principio de realidad mediocre. Pero no para negar la realidad, para disfrazarla con promesas de un mañana mejor, sino para poder enfrentarla y tentar en el día a día, con cada decisión y en cada acción, la posibilidad de transformarla. Por eso la alegría compartida es solidaria y peligrosa, porque la alegría utilizada desde el respeto y con responsabilidad, es revolucionaria. La alegría hace posible  una actitud creativa que permite mitigar las dificultades de la vida. La alegría plantea la necesidad de construir una vida de sentimientos alegres, que enfrente la ruina de las pasiones tristes. La alegría es una sonrisa generosa y responsable contra el mal humor intransigente y contra el miedo que paraliza.
En Metáfora sabemos que la felicidad es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Es el fruto de una actitud responsable y generosa ante la vida. Una decisión libre y alejada de prejuicios y creencias. La voluntad de comprender que cada instante vivido, se nos presenta como una oportunidad para aprender a vivir. En Metáfora, antes de empezar cualquier tarea, sonreímos. Nos hacemos fuertes en la sonrisa para crecer sin miedo. Por eso, sea cual sea tu actividad, te invitamos a disfrutar durante el proceso creativo. Trabaja duro, pero ofrece siempre esa sonrisa en tu trabajo, compártela con tus compañeros, y entrégala a tus clientes. Luego, con esa libertad del que elige su camino, una vez trazadas las líneas y encontrado un objetivo, no te plantees si lo que vas a hacer le gusta a otros, si no si te gusta a ti y si te sientes orgulloso del trabajo realizado. Podrás equivocarte, pero  tu propuesta tendrá la verdad del entusiasmo y la fuerza de tu sonrisa y eso, será un valor difícil de derribar. Planteado ese horizonte, desde el conocimiento y la alegría, ten por seguro que eso es ya lo mejor para tu cliente y este, al final del camino, encontrará el resultado esperado. Por eso, pese a las dificultades, sonríe. Sonríe para transformarte en la persona alegre y libre que eres y no quieres ver.

Alfredo Jaso

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Somos

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Ser gente extravagante nos ha traído hasta aquí. Saber poner la mirada allí donde nadie repara para ver lo que muchxs no ven, ha marcado siempre nuestro camino. Buscar lo que otros pierden y perdernos dónde otrxs no se encuentran nos ha hecho ser lo que somos. Gente extravagante, de sonrisa limpia y compartida que da sin miedo lo que tiene y recibe con gusto lo que le dan.  Personas a las que asustan las incertidumbres tanto como las pétreas certezas y que tienen el miedo justo para poder ser valientes. Profesionales discretos que saben callarse  y  tienen valor para romper el silencio. Que regalan el don de la idea y la palabra y quieren esconderse tras la luz del misterio. Brillantes, no por lo que destacan, si no por su capacidad para iluminar el rumbo con buenas propuestas. Extravagantes. Ni mejores, ni peores. Extravagantes para tomarnos el tiempo de compartir sin prejuicios lo que somos y lo que nos emociona, sin pensar si lo enseñado puede parecer distinto a lo que muestra nuestro empeño, o si lo que damos es menos que lo obtenido. Extravagantes: extremadamente vagos. Así sin más, como somos, del derecho y del revés.Somos como te miramos y como nos ves. Extremadamente vagos, extravagantes, así es.

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Nuevos propósitos, eternos compromisos

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Aprovechando los buenos vientos del verano, hace semanas regresamos tras la estival singladura. En este tiempo de asueto, hemos surcado nuevos mares y disfrutado de lo mejor de los días y sus horas. Pusimos la vista en nuevos horizontes. Superamos adversidades imprevistas. Compartimos sonrisas, deseos y palabras desconocidas y llenamos las velas de la ilusión con la fuerza del cariño de los que nos quieren.
Ahora regresamos con una nueva mirada, más limpia y luminosa. Con renovados equipos y nuevos retos. Con la complicidad y la alegría como herramientas y el mismo compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho de siempre. Por eso, en este nuevo tiempo, estamos seguros de seguir contando con el regalo de tu confianza, con el tesoro de tu apoyo y la fortuna de tu compañía.  En todo caso y si a pesar de nuestras buenas intenciones, estas no han sido para ti las mejores vacaciones que recuerdas, ten por seguro que con esfuerzo, compromiso en la alegría y una sonrisa compartida, conseguiremos que el nuevo curso que ahora empieza, se convierta con el paso de los meses, en uno de los mejores que hayamos pasado juntos. Que así sea.

Alfredo Jaso

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