Sálvese quién pueda

En Metáfora sabemos que somos fuertes gracias a nuestros valores. Sin duda estos son los que nos han llevado a ser, por nuestro compromiso con ellos, una gran empresa sin haber querido nunca ser, por tamaño y facturación, una empresa grande. De manera modesta nos gusta sentir que con el apoyo de nuestras ideas y acciones, nuestros clientes y colaboradores han sabido transformar positivamente su entorno cercano.  Nos gusta creer que destacamos no solo por la efectiva creatividad de nuestras ideas, si no fundamentalmente por la sinceridad de nuestros valores.  Ser respetuosos, responsables, honestos y generosos también nos hace ser fuertes. Fuertes sin necesidad de competir contra nadie. Colaborando y estando cerca para juntos llegar más lejos. Fuertes más allá de la cuenta de resultados y los premios conseguidos. Fuertes a la hora de desarrollar nuestro trabajo poniendo siempre lo mejor que tenemos en cada tarea hecha. Nos es algo de ahora. En este tiempo, en el que ante la adversidad, todo el mundo quiere mostrar su nueva cara limpia, en Metáfora mostramos nuestra cara de siempre. Desde hace más de 16 años llevamos haciendo del amor por el trabajo bien hecho hastial de nuestra identidad. Durante más de 16 años apoyamos a empresas que tienen un proyecto capaz de transformar su entorno, facilitándoles herramientas de comunicación de calidad sin que ello tenga que suponer un gasto que acabe con sus recursos. Son nuestro proyectos «Metáfora». Algunos puede que aparentemente no tengan ni una repercusión mediática, ni una rentabilidad económica  pero para nosotros los intangibles que nos ofrecen como retorno son siempre rentables. Esos proyectos son los que nos hacen más fuertes, porque sentimos que desde nuestro trabajo, también podemos aportar modestamente a ese proceso de transformación y cambio en el que siempre, las personas están primero. Nuestros valores nos han traído hasta aquí y pese al a dificultad , confiamos en el futuro, Ojalá que este tiempo sirva para hacer ver al mercado que hay que apoyarse en ideas sólidas, que aporten valor positivo y que es hora de dejarse ya de propuestas sin fuste, superficiales y presentadas desde la impostura.

Sin embargo, vemos como desde hace ya tiempo, se ha aceptado como verdad irrefutable el que la economía es la que salva a las personas, (de qué manera más cruda lo vemos ahora en estos tiempos de pandemia «salud sin economía es media enfermedad» escuché no hace mucho). Entiendo que es complejo congeniar de manera armónica ambos intereses, pero no obstante creo que es posible. Se puede volver esa «verdad» aceptada y poner el poder económico-financiero, al servicio del bienestar de las personas y hacerlo rentable. Para ello es urgente una toma de consciente conciencia para cambiar las cosas. Abrazar valores de respeto y responsabilidad en nuestras personales decisiones diarias. Impulsar con ello cambios políticos que lleven a la cima de quienes nos representan a las personas más valiosas por respetuosas, responsables,honestas y generosas capaces, más allá de creencias que cualquier tipo,  de poner el bienestar de las personas en el centro de su interés: su salud, con una sanidad pública de calidad. Su educación laica e universal. El apoyo a la investigación y la ciencia. El trabajo digno. El respeto por el entorno natural y el acceso a la vivienda y la cultura…personas valiosas que escuchen, comprendan el valioso sentido de su trabajo y sepan hablar sin pretender convencer. Debemos cambiar hábitos de consumo para disminuir nuestra huella ecológica. En lo posible, acortar la onerosa cadena de distribución. Reutilizacion y reciclado.Compras más responsables con el consumo y más respetuosas con la naturaleza. Esta podría ser la primera parte de un camino en el que la generosa fraternidad, la equidad respetuosa en la diversidad y la responsable libertad guiarán nuestras decisiones como personas y como humanidad. Quizá así y mientras no haya soluciones más drásticas, las familias que gobiernan el mundo caigan en la cuenta de que es más rentable cambiar el modelo y poner en el centro de interés de sus negocios a las personas.

Si realmente queremos el cambio hacia un modelo de vida más respetuoso y responsable es prioritario dejar el tiempo impersonal de nuestras preguntas y pasar a realizar nuestras demandas desde la primera persona de plural y singular. Ser actores protagonistas de nuestras vida y no contentarnos con ser meros espectadores que aplaudimos la obra mientras otros hablan y deciden por nosotros. Desde el desarrollo de nuestra actividad vital y profesional, todas y todos tenemos cierta responsabilidad sobre lo que sucede y siempre podemos aportar alguna solución. Si permitimos que la salida de esta crisis vuelva a aprovecharse, como ya pasó,  para darle una vuelta de tuerca más a la precariedad (ya se vuelven a manejar términos como flexibilidad), esto será un cruel «sálvese quien pueda», en el que solo sobrevivirán los más taimados tahúres. Aquellos que mejor sepan aprovechar de las circunstancias para sacar tajada en la debilidad ajena. Si es así, sin duda viviremos rodeadas de «gente lista» «flexible» pero sin ética ni valores. De ser así, habremos dado un nuevo paso atrás y todas y todos seremos más pobres en todo, económicamente y como sociedad.

Como trabajadores y empresarios de la comunicación también tenemos nuestra responsabilidad ¿Quién es capaz de decir que NO a buen contrato aunque sepa, de manera fehaciente, que la actividad diaria de esa empresa no es responsable, ni respetuosa, ni honesta? Para poderlo llevar sin vergüenza nos decimos: «yo no voy de héroe, no aspiro a cambiar el mundo». «Mi política es el trabajo y si no lo hago yo, lo hará otro y se llevará el contrato». «El mensaje que vendo de esta marca es positivo». «Todos cometemos errores, mi trabajo no es consiste en dar lecciones a nadie». «Ese trabajo que lo haga el consumidor que es quien elige, no vamos a ser más papistas que el papá» Si nos llenamos de razones, siempre podemos encontrar excusas para llenarlas de sinrazones y no afrontar la verdad. ¿Volveremos a tragar con presupuestos más cortos? ¿Nos veremos «obligados» a realizar recortes en equipos y ofreciendo salarios menguantes y flexibles? ¿Volveremos a la dentellada por las migajas?  Es solo una reflexión en alto sobre nuestra responsabilidad y nuestro trabajo, la mía también. A veces un NO sumados a muchos no, son más valiosos y más sonoros que un si a regañadientes. ¡Ay! como me acuerdo de «El verdugo» de Berlanga.

Alfredo Jaso
Foto: Sam Manns