Las cuentas del gran capital

 

Hace Bob Pop uno de sus atinados comentarios en el programa de Andreu Buenafuente y reflexiona en voz alta y a su manera, al respecto del mal y el capital. Sabe Bob que la batalla contra el filantrocapitalismo está casi perdida. El filantrocapitalismo es la cara bonita y bien vestida de un voraz sistema de explotación de los recursos. Un cruel proceder que responde a un criterio ideológico económico basado en la ávida depredación y la explotación sin reparo, y que en el fondo, poco tiene que ver con creencias económicas de izquierda o derechas. Eso que hace años se llamaba poder fáctico y que hoy se denomina mercados, jamás actúa individualmente, ni lo hace desde una perspectiva social. Plantea su estrategia elaborando un plan premeditado y para conseguir su objetivo depredador, desarrolla la táctica más adecuada en cada situación, para obtener el fin pretendido de la manera más rentable y caiga quien caiga. Este dinero va allí donde le dejan crecer y lo hace de manera insaciable. Cuando se lo impiden, crea las condiciones favorables para que conseguirlo. A veces, basta con saber gestionar el miedo y la necesidad y disfrazar las iniciativas, con nobles ideales e inspiradores mensajes huecos lanzados a una masa social asustada, entretenida y a menudo ignorante. Durante las últimas décadas, asistimos al desarrollo de una vieja estrategia presentada con una nueva nomenclatura cuyo fin es darle al discurso social el interés de lo privado y otorgarle a la intermediación financiera, la apariencia de la economía solidaria y participativa. Por eso está bien que Bob Pop nos explique cómo trabajan las fundaciones filantrópicas. Cuales son sus feos e interesados intereses, y que nos regale una pincelada sobre su manera de actuar allá en los países ricos, en el tercer mundo y aquí cerca, entre nosotras y nosotros. No está de más que nos esboce, aunque sea de manera sucinta, cuales son sus apoyos en las diferentes administraciones públicas más permeables y su penetración en los movimientos sociales más pragmáticos. Esos que o bien necesitan recursos para mantener en pie sus necesarios y a menudo urgentes proyectos y actuaciones, o directamente aquellos que en el fondo funcionan como una consultora neoliberal a la caza de subvenciones y dinero para proyectos de más que dudoso interés general.

Pero no todo está perdido. Difundir información relevante es convertirla en conocimiento útil compartido y por eso es bueno que Bob nos invite a comprender que una dosis de consciente responsabilidad, digno respeto, espíritu crítico y sentido del humor, puede ser el impulso para que algo comience a cambiar (https://www.youtube.com/watch?v=zOiliQCcRP8). Además, en internet veo que hay personas que sin pretensión de libelo y sin ocultar sus nombres, se han tomado el interés de investigar. Lo hacen a la luz y rigor de los documentos y los hechos y con el fin de explicarnos esto del filantrocapitalismo de manera objetiva y documentada. Por compartir un enlace están de ejemplo en dos interesantes vídeos. https://vimeo.com/user39722740

No deja de sorprenderme el que todavía haya personas comprometidas que dediquen su tiempo a destripar estos tinglados, que no solamente buscan como bien dice Bob, hacer dinero con nuestras miserias, nuestra necesidad y nuestro ingenuo desconocimiento, si no que con el apoyo de grandes multinacionales, entidades financieras, fundaciones filantrópicas y organizaciones socialmente comprometidas, necesitadas o simplemente oportunistas, desvirtúan la nobleza de palabras bellas como ética, solidaridad, honestidad, justicia, responsabilidad… y juegan con los valores y la confianza de las personas, que en ocasiones cegados por el buen corazón, no saben, no quieren o queremos saber el origen, el por qué y el para qué de algunas cosas.

Hemos de reflexionar sobre quienes son los agentes promotores del “cambio”: empresas multinacionales, entidades financieras, Escuelas de negocio, «Think Tanks», Fundaciones filantrópicas, que bajo una apariencia de transformación, en el fondo no quieren cambiar nada. Hemos aceptado como bueno o como un mal menor, incluso desde posiciones progresistas de izquierdas, que en lugar de exigir a las grandes fortunas y poderes fácticos que paguen sus impuestos como todas y todos hacemos, que si pagan menos desgravando una cantidad importante y dejamos que ellos y ellas la dediquen a financiar proyectos de apariencia noble y altruista, eso no es malo. Sin embargo, al hacerlo permitimos que grupos y personas que responden a sus propios y espurios intereses decidan qué proyectos son «rentables» socialmente. En lugar de esto, deberíamos exigir que sean los gobiernos, que al menos son elegidos democráticamente, los que decidan mediante un ejercicio de participación, transparencia y control cuales son esos proyectos socialmente solidarios y en quienes revierten esos beneficios. Sin embargo, en lugar de pasar el algodón y ver qué hay detrás de cada inversión filantrópica, como dice Bob pop es más cómodo, menos complicado, más rápido mirar para otro lado y creernos esa filantropía de donaciones a cuenta de lo no pagado, de fundaciones interesadas que promueven la RSC llevando un producto solidario (alimentos, microcréditos, etc…) para abrir mercado allí donde hay necesidad y hambre, creando bancos de semillas para controlar patentes, estrategias alimentarias para controlar información y productores, proyectos solidarios varios (no es bueno y es injusto generalizar) que en muchas ocasiones responden a intereses de multinacionales…fundraising, camisetas, carreras y sms de apoyo que amparados por el buen fondo de la mayoría de las personas y escondidos tras la necesidad de tantos y tantas, no siempre responden (no es bueno y es injusto generalizar) a intereses tan generales, nobles y limpios como creemos.

Hay algo obsceno y cruel en aquellos que buscan la rentabilidad en la necesidad y hacen negocio del hambre y la pobreza. Algo ruin y  miserable en la opulencia de quien entrega dádivas y migajas mientras evade millones. Algo depravado e injusto en una tupida red de leyes fiscales que retiene mosquitos mientras deja libre a los elefantes. Pero sin embargo, para enfrentarnos a esa situación cruel, ruin, depravada e injusta hay algo que podemos hacer. Necesariamente entre todas y todos. Con información transparente y objetiva. Haciendo un ejercicio ciudadano de control democrático a nuestros responsables políticos. Actuando cada día desde la respetuosa dignidad y la comprometida y responsable libertad para ejercer el poder, que como ciudadanas y ciudadanos tenemos, sin heroísmos, pero también sin concesiones ni miedo. Podemos hacer ver a quienes llevan dominando la economía desde hace tanto tiempo, que los recursos (el dinero es uno de ellos), pueden utilizarse no solamente para la voraz explotación, si no también para crecer todas y todos de una manera más justa, equitativa y  sostenible. Hacerles ver que es posible conseguirlo sin evasiones a paraísos, ni tener que utilizar «criminalmente» la necesidad y el miedo para explotar seres humanos y esquilmar el medio natural. Hacerles entender que para construir una sociedad más justa y equitativa es necesario obligar a los que más tienen a contribuir más. Hacerles comprender que hacerlo así, no solo será más democrático, si no que además y para su sorpresa, les seguirá resultando rentable. En el mejor de los casos sin tener que pasar por el embuste, la mentira, el «travestismo» ético y el pragmatismo interesado y en el peor de ellos, por un listado de explotación, muerte y exterminio. En Metáfora, como profesionales comprometidos con la creatividad y el ejercicio del desarrollo de propuestas orientadas a la mejor y más honesta «Comunicación Social» y como ciudadanas y ciudadanos responsables, creemos que en nuestra mano está hacer llegar ese mensaje.

Alfredo Jaso