La bella belleza

 

En Metáfora sabemos que cuando a la belleza no acompaña una sencilla verdad que sin pretensión busca trascender del propio objeto contemplado y esta se muestra sin intención, ni valores y solo con el afán de destacar y llamar la atención, corre el riesgo de quedarse en un mero producto atractivo que sin la incertidumbre de la pregunta, adormece el pensamiento crítico. Al arbitrio de la modas, lo bello pasa a convertirse en propuesta efímera y banal, embellecida por una superficial pátina que como un bonito barniz decorativo resalta aquello que mejor se adapta a las interesadas y más cómodas tendencias. Así, desde una belleza sin alma, admirada por el destello fugaz del deseo incontinente en lugar de por la luz que ilumina la inteligencia, hacernos vivir la ficción de lo distintivo en una supuesta y fingida diferencia, que en realidad uniformiza en la pose y la embobada ensoñación.

La belleza debe de conmover y emocionar. Arrebatar y despertar la consciencia del ser para al tiempo, envolvernos en una armonía profunda, que revela de manera inquietante algo que está aquí y ahora pero que permanece siempre para trascender de lo temporal. La belleza no despierta el deseo de poseer. Antes al contrario, libera de ataduras y es fuerza inmaterial que permanece y se eleva para hacer manifestación de su libertad. Es por eso que la belleza se disfruta sin dueña ni dueño y por eso es que cuando la belleza se mercantiliza, se le pone precio, se la enclaustra para regocijo de unas pocas miradas y se acota su disfrute como expresión de la humana libertad, se la daña y corrompe, dañando y corrompiendo algo que está más allá del objeto de la propia belleza porque sin dueño ni dueña a todas y todos pertenece.

Quizá por eso, en tiempos de mirada corta y disfrute rápido. En días de mercadeo de ideas y marchamo de propiedades. En estas horas de vía estrecha donde lo más fútil pugna por destacar entre lo más baladí y la mediocridad resultante de esa contienda se impone como moneda de cambio, una falsa belleza de compra y venta y postín barato, se propone como una realidad falaz y relativa que a todos y todas deslumbra, a cualquiera complace y a nadie inquieta. Quizá esa belleza vendida no necesita ya de una mirada crítica que busca, de una emoción serena que contempla, de una libertad que inspira y provoca y de un respeto que comparte, para sin ser nadie, ser ya de todas y todos…porque quizá nos quieren hacer ver que ese respeto, esa libertad, esa emoción, esa mirada del más allá que filósofos, artistas y poetas nos regalan,  ya no existe y a nadie interesa. Afortunadamente, en Metáfora sabemos que en los corazones más indómitos, creativos y puros aún pervive el latido úberrimo de la belleza. Esta que hoy compartimos con todas y todos desde el bello sonido musical, poético, libre y trascendente de Ryuichi Sakamoto  que puedes ver si pincha sobre su nombre

 

Alfredo Jaso

 

Pintura: Perro semihundido.

Auto: Francisco de Goya