Decisión

Obstinadas

Más allá de la fortuna o el destino. De la adversidad y de las circunstancias, somos nosotros los que decidimos hacia dónde nos lleva la vida. Quizá no gobernamos por completo nuestros días, pero si podemos marcar un rumbo y agarrando con decisión el timón de nuestras decisiones, enderezar el destino de la singladura. Cada nuevo paso se corresponde con una decisión. Tú decides. Decides avanzar o quedarte quieto. Decides no ser distinto trabajando que divirtiéndote con las personas que sientes más cerca. Decides ser el mismo, tratando con un cliente o un proveedor, que cuando charlas con un amiga. Y salvando las lógicas distancias que imponen cierta intimidad, decides que no haya mucha diferencia en la calidad de tu relación con las personas con las libremente compartes los caminos del afecto y el corazón y la que intentas mantener, con cualquiera de tus compañeros. Tú decides. Decides cada mañana si encontrar motivos para la alegría o buscar razones para hacerte fingidamente fuerte en la resignada y antipática tristeza.

Para Metáfora, a la hora de buscar colaboradores, prefiero confiar en alguien en quien desde la solvencia en el desempeño de tareas, pueda desarrollar sus cometido desde la cordialidad, a quien sea un profesional frío y distante. Salvo que se sea domadora de fieras, artificiero o crupier, no valoro la frialdad, ni la rígida y convencional seriedad como un valor profesional. Considero mucho más provechoso confiar en el que emprende sus labores sin miedo y con alegría, que en aquel que se acerca de perfil y pretende pasar por taimado y desconfiado, para así parecer más astuto. Esa es mi decisión y rara vez me equivoco. La alegría es creativa y revolucionaria. El miedo y la desconfianza son conservadores y  retrógrados. La primera engendra acción y confianza. Los segundos, asustada indignación y a menudo inseguridad que termina en incompetente violencia.

La vida es una sucesión de decisiones que provocan nuevas alternativas para continuar decidiendo. De nuestra actitud ante las nuevas situaciones y de la predisposición para aprender de lo vivido, resulta el esbozo de lo que somos.  Tú decides. Y sin caer en «postureos» bobalicones de «buen rollismo» positivo, también puedes hacer de la sonrisa generosa  y la alegría responsable, revolucionaria herramienta de transformación vital. No creas que tomar esa decisión te impide ser crítico con lo que te rodea. Ni es excusa para no ser exigente en mi trabajo. Tampoco te inhabilita para observar y comprender lo que vives y sientes. La sonrisa no te convierte en un irresponsable, ni tampoco en un ingenuo. Al contrario, la sonrisa es una señal de consciente alerta. No te equivoques, no te convierte en un simple que se esconde tras el superficial gesto para fingir que vive en otro mundo.  Reconozco también,  que esta actitud seguramente no acabe con todos tus problemas. Pero está demostrado que una sonrisa consciente, cambiará tu manera de enfrentarlos. La alegría compartida predispone a la búsqueda de una posible solución y la sonrisa es el combustible que activa el trabajo en equipo.

Creo que en el diario camino vital que nos ocupa. Ese que se anda por la senda de las relaciones personales y transita por el mundo laboral, decidimos sobre muchas más cosas de las que creemos. Conozco a muchas personas que en ocasiones, cuando  se sienten decaídx, les cuesta encontrar motivos para tomar decisiones. Pero sé también, que solemos confundir motivos, que mueven a la decisión, con llenarnos de razones que condicionan nuestra actuación. Los primeros nos hacen avanzar sin miedo hacia el resultado y las segundas nos restan imparcialidad y generan la tensión de la confrontación. Sin embargo, aún en esos momentos complicados, hay que decidir sin miedo. Por eso te animo a que avances sin prejuicios.  A que crezcas sin coacciones y en libertad. No le temas a la duda y desde el sentido común y el corazón decide.  No dejes que el miedo atenace tus gestos. No permitas que nada ni nadie te impida creer en ti ni en tu sonrisa. Te animo a que te pongas en pie y seas tú. Tú cada momento de tu vida, con tus incertidumbres y pero también con tus confiadas y poderosas certezas. Sé que parece sencillo y resulta muy complicado, pero también sé que nada es más fácil, que convencernos de que algo es muy difícil. Ahora pon tus aptitudes al servicio de tu mejor actitud. Decide. Busca un objetivo y camina decididx hacia él. Observa, vive, comprende, comparte y sé creativx. Pues solo así podrás conseguir el éxito que merecen tus propósitos.

Alfredo Jaso