Alfredo Archives

Amor

deCorazón

Cuando unx pone en su tarea todo lo mejor que tiene y comparte lo mejor de todo lo que es, está poniéndole amor a cada cosa que hace. A cada nuevo proyecto. En cada idea. A todas y cada una de las palabras. Si nos comprometemos en cada nueva acción, dando lo que tenemos en ese momento, estamos poniendo en ello, lo mejor de nosotrxs mismos. Somos lo que damos y dar, es el mejor regalo que podemos recibir. Por eso, quedarse exhausto por haberlo dado todo, sin duda es tener mucho. Cuando damos todo lo que somos, estamos entregando amor a nuestra tarea. Amar lo que se hace, como la huella que se deja sobre la vida que unx lleva, nos hace más libres, pero también mucho más responsables y dese luego, nos compromete más. En Metáfora no nos escondemos. No nos asusta decir gracias, ni dar enhorabuenas, ni ofrecer disculpas para cimentar y construir relaciones sólidas. No nos asusta ser responsables y comprometidos para defender el trabajo bien hecho. No le tememos a compartir, por miedo a perder lo que tenemos, al contrario, nos gusta sumar porque queremos ser más, para así estar más cerca. En Metáfora no nos asunta mostrar lo que somos. Amamos la vida y amamos el trabajo que hacemos, porque forma parte de nuestras vida. Amar es tomar libre posesión de unx mismx y compartir esa libertad sin esperar la aprobación de la mayoría. Por encima de cualquier aptitud profesional, es esa decidida actitud personal, la que aporta un valor diferencial a todas y cada una de las tareas abordadas por Metáfora de Comunicación. Porque si comunicar es compartir lo que se hace y sabemos que se hace lo que se es, será solo desde la sencillez valiente y comprometida de los hechos y las acciones creativas, desde donde podremos alzarnos seguros y confiados, para mostrar sin miedo, quién cada unx de nosotrxs es.

Alfredo Jaso

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La mirada

O Bierzo 018

Nunca nos vemos. Nos rodeamos de espejos pero no queremos vernos. No queremos descubrirnos. Sorprendernos siendo distintos a quien creemos ser. Nos asustan antiguas cicatrices de batallas libradas. Esas que nos hicieron más resistentes pero también más frágiles. Queremos mirar hacia delante, pero buscamos un refugio en el recuerdo de un doloroso ayer. De un pasado que nos aprisiona en la delectación de lo que fue, de la maravilla que ya pasó, y que de recuerdo en esperanza, nos detiene cautivos en la constante actividad de la inacción. Así, quizá por miedosa comodidad y extraña complacencia, nos conformamos soñando lo que ha de venir. Hilvanando el deseo con el hilo negro de la desesperanza. Tejiendo el futuro con la punzante aguja de un pasado que murió. Y por consciente dejación, buscamos la liberación por la queja, cambiamos la mirada nueva por la rebeldía inútil y rabiosa y  la arrebatadora caricia  de una sonrisa compartida por el placer fugaz de la insatisfacción. Y así, en continua actividad contra el silencio, aguantamos lo malo de la desidia y la desilusión, seguros de estar ya preparados para claudicar de la alegría y  soportar lo peor. Todo antes que mirarnos a los ojos para encontrar dentro y salir fuera. Cualquier cosa mejor que dejar de ser quien nunca fuimos. Esa persona que se hizo desde la máscara, para vestirse uniformado. Mejor vivir de prestado que enfrentar de manera decidida, sencilla y valiente, al que estamos siendo para ser, sin miedo, quien en verdad somos. Todo antes que abatir los muros que nos encierran. Cualquier cosa antes que vencer el miedo en el que nos sentimos tan seguros. Todo antes que borrar de nuestra mente las ideas tatuadas, las creencias del signo que sean, las palabras gastadas, las acciones repetidas, las formas  insaciables… y darle al deseo de vivir lo suyo, y no lo impuesto. Cualquier cosa antes que entregarnos en acción permanente a construir lo real, lo presente, lo que nos hace nuevos, distintos, comunes y extraordinarios. La vida solamente nos pide una cosa: mantener el deseo de aprender a vivir conforme a quien somos. Por eso, alcémonos del suelo, pongámonos en marcha y hagamos de la memoria herramienta práctica y no instrumento de relación. Recuerda para olvidar y desde ese presente continuo, observa atentamente y sin miedo ni prejuicio,  sé creativo.

Alfredo Jaso

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Ruido

Enero. Papa.Cabohome7

Estamos rodeados de ruido. En la calle. En el trabajo. En casa. Nos hemos acostumbrado a su permanente presencia. A su constante y ruidoso estar. Hay ruido por todas partes, un ruido que nos aturde, que nos atontona. Un ruido ensordecedor que no nos deja oír. Con tanto ruido, no escuchamos otra cosa. Ni oímos la música callada de los días. Ni la armonía melódica de un latido. No escuchamos  el trino agudo del ave libre, ni el doloroso gemir de un cuerpo  cautivo de su propio cansancio. Es ese ruido ensordecedor, el que no nos deja escucharnos. El que nos impide nuestra propia voz hablando en nombre propio, ni oír la voz del otro y el sonido de su demanda y sus misterios. El ruido nos aleja de la realidad. Nos encumbra sobre un sonoro ara levantando sobre nuestra ruidosa e interesada soberbia. Nos levanta por encima de nuestra vanidad y nos lleva más allá del fragor de nuestros miedos. Así, los ruidosos días, se han convertido en un barullo que lleva al interior de nuestras cabezas esa desquiciante y sonora balumba que nos aparta del silencio de nuestras preguntas.  Nos hemos hecho de tal manera a ese ruidoso existir, que el silencio nos atemoriza como asusta un rugido en la noche. Por eso, hay que rellenar el silencio con ruidos habituales a los que terminamos por acostumbrarnos. Ruido inútil que reclama nuestro interés y se apodera de nuestra atención. Ruido ruin que levanta un muro que nos separa y aleja de lo más cercano.

Aunque resulte paradójico, entre tanto ruido es urgente aprender a escuchar. Llegar a diferenciar aquello que suma de lo que nos resta. Comprender que no es lo mismo una voz compartida que un grito irrespetuoso. Un aullido melódico que una melodía musical que provoca. Debemos aprender a escuchar en todo momento y lugar. Pero para ello primero es necesario acercarse al silencio. Reclamarlo como una necesidad propia y colectiva. Silencio para derribar y construir. Hacer silencio aunque nos asuste y nos incomode el sonido sordo de nuestros miedosos  reproches. Silencio para aprender a escuchar aunque nos duela la verdad silenciosa de nuestras miserias. Silencio como ejercicio de valentía y paciencia. Silencio para escuchar lo que cuentan nuestras manos cansadas. Para oír  el amable rumor de un dulce fraseo. Para comprender lo que dice nuestra piel ajada o el grito poderoso del deseo.

Desde el silencio,  es urgente escuchar con atención y sin miedo. Que no nos asuste el tono brillante de nuestra propia voz hablando en nombre propio. Que no nos asuste la valentía de nuestro miedo, ni el miedo ajeno de la voz de los que se dicen valientes a costa de nuestro silencio. Observa con atención y desde el silencio, escucha lo que dices y lo que te cuenta la vida. Sin trampas que te atrapen, sin juicios que condenen, sin ventajas que te salven. Sin ruido interesado que se interponga entre tú y la vida. Escucha desde el silencio y  se tú sin miedo, sin preludios, ni ambages.  No prestes atención al ruido. No permitas que distorsione la voz de quien tú eres. Guarda silencio para que tu voz suene más potente, más clara y así pueda llegar más lejos. Escucha y escúchate. Guarda silencio y vive sin miedo. Escucha, observa, comprende desde el silencio, comparte generosamente tu palabra y así desde el silencio, tu trabajo de cada día será más creativo.

Alfredo Jaso

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Decisión

Obstinadas

Más allá de la fortuna o el destino. De la adversidad y de las circunstancias, somos nosotros los que decidimos hacia dónde nos lleva la vida. Quizá no gobernamos por completo nuestros días, pero si podemos marcar un rumbo y agarrando con decisión el timón de nuestras decisiones, enderezar el destino de la singladura. Cada nuevo paso se corresponde con una decisión. Tú decides. Decides avanzar o quedarte quieto. Decides no ser distinto trabajando que divirtiéndote con las personas que sientes más cerca. Decides ser el mismo, tratando con un cliente o un proveedor, que cuando charlas con un amiga. Y salvando las lógicas distancias que imponen cierta intimidad, decides que no haya mucha diferencia en la calidad de tu relación con las personas con las libremente compartes los caminos del afecto y el corazón y la que intentas mantener, con cualquiera de tus compañeros. Tú decides. Decides cada mañana si encontrar motivos para la alegría o buscar razones para hacerte fingidamente fuerte en la resignada y antipática tristeza.

Para Metáfora, a la hora de buscar colaboradores, prefiero confiar en alguien en quien desde la solvencia en el desempeño de tareas, pueda desarrollar sus cometido desde la cordialidad, a quien sea un profesional frío y distante. Salvo que se sea domadora de fieras, artificiero o crupier, no valoro la frialdad, ni la rígida y convencional seriedad como un valor profesional. Considero mucho más provechoso confiar en el que emprende sus labores sin miedo y con alegría, que en aquel que se acerca de perfil y pretende pasar por taimado y desconfiado, para así parecer más astuto. Esa es mi decisión y rara vez me equivoco. La alegría es creativa y revolucionaria. El miedo y la desconfianza son conservadores y  retrógrados. La primera engendra acción y confianza. Los segundos, asustada indignación y a menudo inseguridad que termina en incompetente violencia.

La vida es una sucesión de decisiones que provocan nuevas alternativas para continuar decidiendo. De nuestra actitud ante las nuevas situaciones y de la predisposición para aprender de lo vivido, resulta el esbozo de lo que somos.  Tú decides. Y sin caer en «postureos» bobalicones de «buen rollismo» positivo, también puedes hacer de la sonrisa generosa  y la alegría responsable, revolucionaria herramienta de transformación vital. No creas que tomar esa decisión te impide ser crítico con lo que te rodea. Ni es excusa para no ser exigente en mi trabajo. Tampoco te inhabilita para observar y comprender lo que vives y sientes. La sonrisa no te convierte en un irresponsable, ni tampoco en un ingenuo. Al contrario, la sonrisa es una señal de consciente alerta. No te equivoques, no te convierte en un simple que se esconde tras el superficial gesto para fingir que vive en otro mundo.  Reconozco también,  que esta actitud seguramente no acabe con todos tus problemas. Pero está demostrado que una sonrisa consciente, cambiará tu manera de enfrentarlos. La alegría compartida predispone a la búsqueda de una posible solución y la sonrisa es el combustible que activa el trabajo en equipo.

Creo que en el diario camino vital que nos ocupa. Ese que se anda por la senda de las relaciones personales y transita por el mundo laboral, decidimos sobre muchas más cosas de las que creemos. Conozco a muchas personas que en ocasiones, cuando  se sienten decaídx, les cuesta encontrar motivos para tomar decisiones. Pero sé también, que solemos confundir motivos, que mueven a la decisión, con llenarnos de razones que condicionan nuestra actuación. Los primeros nos hacen avanzar sin miedo hacia el resultado y las segundas nos restan imparcialidad y generan la tensión de la confrontación. Sin embargo, aún en esos momentos complicados, hay que decidir sin miedo. Por eso te animo a que avances sin prejuicios.  A que crezcas sin coacciones y en libertad. No le temas a la duda y desde el sentido común y el corazón decide.  No dejes que el miedo atenace tus gestos. No permitas que nada ni nadie te impida creer en ti ni en tu sonrisa. Te animo a que te pongas en pie y seas tú. Tú cada momento de tu vida, con tus incertidumbres y pero también con tus confiadas y poderosas certezas. Sé que parece sencillo y resulta muy complicado, pero también sé que nada es más fácil, que convencernos de que algo es muy difícil. Ahora pon tus aptitudes al servicio de tu mejor actitud. Decide. Busca un objetivo y camina decididx hacia él. Observa, vive, comprende, comparte y sé creativx. Pues solo así podrás conseguir el éxito que merecen tus propósitos.

Alfredo Jaso

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Alegría

Solsoviet

La calidad de relaciones sociales y su entramado de convenciones culturales es el espacio donde se atenúan nuestras fricciones emocionales. Cuando una cultura no es capaz de crear  y sostener este espacio-soporte, como un ámbito de desarrollo solidario, genera una comunidad destructiva. Se crea así una comunidad donde la afirmación de uno implica la destrucción del otro, y cuya consecuencia es una unión en la desunión a partir de la cual triunfa solamente el más fuerte. A eso le llaman equivocadamente competencia, cuando deberíamos llamarlo cruel competitividad. Paradojicamente, la consecución del objetivo, la victoria sobre el otro, no mitiga el dolor del enfrentamiento, por el contrario, en las personas sensibles lo  refuerza de tal manera, que genera desasosiego. Caer en la cuenta de ello genera frustración y miedo y acaba por deteriorar la autoestima. Una sociedad insatisfecha, concentrada en la frustración individual, es una sociedad  interesada y manipulable, capaz de aceptar como bueno, lo que resulta inaceptable. Que se desgasta en luchas superficiales y es incapaz de abordar la resolución de los asuntos trascendentes. Por eso nos quieren así, derrotados y temerosos y por eso, es urgente hacerse fuerte en la alegría responsable. El desasosiego se ha convertido en un estado de ánimo predominante en la vida cotidiana. Hoy esta sensación extraña e inquietante manifestación del ser, deviene de una civilización incivilizada, que se ha transformado en ajena a nuestras mas cotidianas necesidades humanas. De ahí nace el mal humor. El mal humor es la manifestación que produce esa sensación extraña e inquietante de pelea constante, de enfado perenne, de fracaso social permanente. Nuestra cultura ha generado un imaginario social y simbólico, donde el que no siente cumplidas sus ensoñaciones o satisfechos con ciertos inducidos mandatos, se siente culpable por su situación. Encontrado el culpable, señalado por el dedo acusador, este termina por aprender a vivir con su tristeza malhumorada y resignarse a su situación. La dominación hoy se ejerce, fundamentalmente, imponiendo en la subjetividad, la sensación de que nada puede ser cambiado. No hay esperanza. Nada puede transformarse. Todo debe mantenerse inmóvil para no empeorar aun más. El resultado, es la aceptación de vivir en un entorno donde impera el «mimismo», el «sálvese quien pueda», la banalización de los valores éticos, sustituidos por una recensión de emociones y sentimientos de folletín, aderezados con  la rebeldía sin más objetivo que expresar el propio miedo. ¿Es posible acabar con el desasosiego y el mal humor? ¿Se puede enfrentar tanta tristeza inútil? Yo, rumiador de  mis secretas tristezas. Que aprendí de mi padre que estar con más pena que gloria, es mas que nada un «malestar». Yo, a quien la vida me ha enseñado que se empieza soportando lo malo y se acaba aguantando lo peor, procuro ofrecerle al profesional de la angustia y la desesperanza, al adalid del inmovilismo y el miedo, al generador de mala baba, mi mejor sonrisa. Es mi decisión. La sonrisa compartida, la atención considerada, la escucha sin prisa, la palabra amable, son acciones simples y en apariencia sencillas, pero que son capaces de movilizar conciencias, activar reflexiones y motivar a la acción.  Una sonrisa que no es una mueca boba y conforme, no. Una sonrisa que es palanca de transformación. Herramienta de cambio. Una sonrisa que expresa voluntad de acercamiento. Intención de comprender y compartir. Deseo de mejorar, poniendo nuestra confianza, en nuestras posibilidades para superar la dificultad. Una sonrisa desde la que cambiar nuestra actitud y determinar nuestra aptitud. En Metáfora hemos decidido tomar partido por la alegría. Ser alegre aún a veces sin motivos. Alegres por el regalo de vivir. Alegres por la oportunidad ejercer libremente, el derecho de regalarnos y compartir una sonrisa. La alegría permite el triunfo del principio lúdico del placer sobre el principio de realidad mediocre. Pero no para negar la realidad, para disfrazarla con promesas de un mañana mejor, sino para poder enfrentarla y tentar en el día a día, con cada decisión y en cada acción, la posibilidad de transformarla. Por eso la alegría compartida es solidaria y peligrosa, porque la alegría utilizada desde el respeto y con responsabilidad, es revolucionaria. La alegría hace posible  una actitud creativa que permite mitigar las dificultades de la vida. La alegría plantea la necesidad de construir una vida de sentimientos alegres, que enfrente la ruina de las pasiones tristes. La alegría es una sonrisa generosa y responsable contra el mal humor intransigente y contra el miedo que paraliza.
En Metáfora sabemos que la felicidad es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Es el fruto de una actitud responsable y generosa ante la vida. Una decisión libre y alejada de prejuicios y creencias. La voluntad de comprender que cada instante vivido, se nos presenta como una oportunidad para aprender a vivir. En Metáfora, antes de empezar cualquier tarea, sonreímos. Nos hacemos fuertes en la sonrisa para crecer sin miedo. Por eso, sea cual sea tu actividad, te invitamos a disfrutar durante el proceso creativo. Trabaja duro, pero ofrece siempre esa sonrisa en tu trabajo, compártela con tus compañeros, y entrégala a tus clientes. Luego, con esa libertad del que elige su camino, una vez trazadas las líneas y encontrado un objetivo, no te plantees si lo que vas a hacer le gusta a otros, si no si te gusta a ti y si te sientes orgulloso del trabajo realizado. Podrás equivocarte, pero  tu propuesta tendrá la verdad del entusiasmo y la fuerza de tu sonrisa y eso, será un valor difícil de derribar. Planteado ese horizonte, desde el conocimiento y la alegría, ten por seguro que eso es ya lo mejor para tu cliente y este, al final del camino, encontrará el resultado esperado. Por eso, pese a las dificultades, sonríe. Sonríe para transformarte en la persona alegre y libre que eres y no quieres ver.

Alfredo Jaso

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Gracias

Metafora sonríe

Agradece cada mañana  el regalo de vivir. El regalo de una vida que te ha permitido conocer y nos ha invitado a conocernos. El regalo de la justa medida, esa regla sin mesura en la que encontrar suficientes motivos para la compasión propia y ajena. Agradece cada día haber aprendido a mantener en el corazón el recuerdo dulce de las personas que has querido, las que se dejaron querer y las que te olvidaron y cada día, da gracias por la fortuna de saber, que pese a la distancia y el tiempo todavía puedes quererlas. Da gracias a quien viviendo el amor  te enseñó  a amar la vida. Gracias por hacerlo generosamente, mostrándote un camino que no estaba marcado, que nadie marcó pero que vivía en su mirada y en el fondo de tu corazón. También da gracias a la vida por los sin sabores y las incertidumbres, por el recuerdo amargo de las personas que se esforzaron y perdieron su tiempo intentando apartarte de la alegría, y agradece el poder recordarlas con cierta ternura y sin rencor. Agradece a todos hacerte saber de tus errores, de tu vanidad de ser humano mediocre y de tus limitaciones de persona vulgar, pues es ahí donde se asomaron todas tus virtudes de persona valiente y comprometida. Da gracias por mantener aún  los compromisos sin ataduras, ni cadenas. Por permanecer firme sin doblegarte del todo al tedio y la rutina, y por haber adquirido nuevas y hermosas responsabilidades que te enriquecen y a veces te abruman. Agradece también a la vida, la invitación a comprender el motivo de tus razones y tantas veces, la sin razón de las mismas. Di gracias a tod@s los que te han acompañado con su sonrisa generosa, su palabra cercana, su comprensión y su paciencia y su ejemplo vital, pues sin ell@s no sabríamos creer, ni tendríamos la valentía de descubrir, conocernos y conocer. Da gracias  a la vida porque sin ell@s  tu, yo, ninguno de nosotr@s seríamos quien somos y por lo tanto el brillo de nuestro trabajo no sería igual. Ahora, desde la libertad del agradecimiento, utiliza todo lo vivido, todo lo aprendido , todo lo que has recibido y compartido, eso que conforma todo lo que eres y ponte a trabajar sin miedo. Sé tú, sé quien eres, entrégalo todo y en cada proyecto que emprendas, sé creativo.

Alfredo Jaso

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Aprendiendo

Cerradura

La función de la mente  es investigar y aprender. Por aprender no debemos entender el mero cultivo de la memoria o la acumulación de conocimientos, sino la capacidad de pensar clara y sensatamente sin caer en vanas ilusiones, partiendo de hechos y no de creencias e ideales. No existe el aprender, si el pensamiento se origina en conclusiones previas. Adquirir meramente información o conocimiento, no es aprender es acumular y preparar la memoria para que realice su función más rudimentaria, la condicionar el pensamiento para la comparación y el temor.  Aprender implica querer acercarse, descubrir con una mirada nueva y comprender libremente. Por eso aprender sólo es posible cuando no hay coacción de ninguna clase. La coacción adopta muchas formas que todos conocemos. Hay coacción a través de la influencia, a través del apego o la amenaza, mediante la estimulación persuasiva, la apariencia del querer ser, el chantaje emocional o las más sutiles formas de recompensa material o espiritual. Se suele pensar que el aprendizaje mejora por la comparación, pero en realidad es lo contrario. La comparación genera frustración y fomenta la envidia, que hoy damos en llamar  de manera productiva, competencia.  Como otras formas de persuasión, la comparación impide el aprender sin prejuicio y engendra el temor. También la ambición de llegar a ser se valora como positiva para mejorar el proceso de aprendizaje, pero en el fondo también engendra temor y enorme frustración. Debemos comprender que la ambición, ya sea personal o identificada con lo colectivo, es siempre antisocial e interesada.  Es necesario alentar el desarrollo de una mente capaz de entender la vida como una totalidad. Una mente curiosa, valiente y comprometida que asuma las experiencias de la vida como una oportunidad, sin querer escapar de ellas, evitando así la contradicción y la frustración amarga o cínica.  Pero para ello es esencial  conocer nuestro propio condicionamiento, los motivos de nuestras incertidumbres y las razones de sus búsquedas y apegos. Así, desde el conocimiento de nuestras limitaciones comenzar a pensar libremente para desde la libertad aprender, comprender y comprendernos. Y comenzar a mirar la vida y la libertad como una oportunidad para ser quien somos y crecer en el proceso. Y luego llevar lo aprendido a todos nuestros gestos cotidianos y nuestra labor profesional.

Alfredo Jaso

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Somos

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Ser gente extravagante nos ha traído hasta aquí. Saber poner la mirada allí donde nadie repara para ver lo que muchxs no ven, ha marcado siempre nuestro camino. Buscar lo que otros pierden y perdernos dónde otrxs no se encuentran nos ha hecho ser lo que somos. Gente extravagante, de sonrisa limpia y compartida que da sin miedo lo que tiene y recibe con gusto lo que le dan.  Personas a las que asustan las incertidumbres tanto como las pétreas certezas y que tienen el miedo justo para poder ser valientes. Profesionales discretos que saben callarse  y  tienen valor para romper el silencio. Que regalan el don de la idea y la palabra y quieren esconderse tras la luz del misterio. Brillantes, no por lo que destacan, si no por su capacidad para iluminar el rumbo con buenas propuestas. Extravagantes. Ni mejores, ni peores. Extravagantes para tomarnos el tiempo de compartir sin prejuicios lo que somos y lo que nos emociona, sin pensar si lo enseñado puede parecer distinto a lo que muestra nuestro empeño, o si lo que damos es menos que lo obtenido. Extravagantes: extremadamente vagos. Así sin más, como somos, del derecho y del revés.Somos como te miramos y como nos ves. Extremadamente vagos, extravagantes, así es.

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Nuevos propósitos, eternos compromisos

Enero. Papa.Cabohome2

Aprovechando los buenos vientos del verano, hace semanas regresamos tras la estival singladura. En este tiempo de asueto, hemos surcado nuevos mares y disfrutado de lo mejor de los días y sus horas. Pusimos la vista en nuevos horizontes. Superamos adversidades imprevistas. Compartimos sonrisas, deseos y palabras desconocidas y llenamos las velas de la ilusión con la fuerza del cariño de los que nos quieren.
Ahora regresamos con una nueva mirada, más limpia y luminosa. Con renovados equipos y nuevos retos. Con la complicidad y la alegría como herramientas y el mismo compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho de siempre. Por eso, en este nuevo tiempo, estamos seguros de seguir contando con el regalo de tu confianza, con el tesoro de tu apoyo y la fortuna de tu compañía.  En todo caso y si a pesar de nuestras buenas intenciones, estas no han sido para ti las mejores vacaciones que recuerdas, ten por seguro que con esfuerzo, compromiso en la alegría y una sonrisa compartida, conseguiremos que el nuevo curso que ahora empieza, se convierta con el paso de los meses, en uno de los mejores que hayamos pasado juntos. Que así sea.

Alfredo Jaso

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