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Enciende tu cerebro

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Gurdjieff, dedicó una parte de su vida a buscar incansablemente las fuentes del conocimiento y la otra a enseñar y divulgar esas experiencias.  Es valorado por haber servido de puente entre el conocimiento oriental y el occidental. Así, muchos conceptos de las actuales corrientes «alternativas» del pensamiento, tienen su fundamento en la obra de este singular y controvertido pensador, filósofo, escritor y compositor ruso. Gurdjieff  deconstruye y lo pone todo de cabeza, invitando a explorar nuevos paradigmas que involucren a la persona en la búsqueda del ser humano autónomo, íntegro y armónico, integrado en la globalidad de la existencia. Lo que leerás a continuación es un recreación propia de una de las cartas de Gurdjieff  a su hija. En ella descubrirás unas normas básicas de ética humanista que estoy seguro que han de ser de gran utilidad en nuestro desarrollo personal y en el diario devenir profesional.

Fija tu atención en ti mismo y sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces. Termina siempre lo que comenzaste. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible. Se consciente de tus limitaciones y admite que alguien te supere. No te encadenes a nada que a la larga te destruya. Desarrolla tu generosidad sin testigos. Trata a  cada persona como si fuera un pariente cercano. Ordena lo que has desordenado. Aprende a recibir y agradece lo recibido con una sonrisa. No mientas ni robes; si lo haces, te mientes y robas a ti mismo. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente. No desees ser imitado.

Haz planes de trabajo y cúmplelos. Cuando realices un servicio, no resaltes tus esfuerzos. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz. No te dejes impresionar por personalidades fuertes. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido. Paga los servicios que te dan. No contraigas deudas; adquiere lo que puedas pagar y paga en seguida. No trates de distinguirte solo por tu cuidada o extravagante apariencia. No seas glotón ni holgazán, come y duerme lo estrictamente necesario. Vives con otros, se respetuoso y no hagas ruidos que molesten. Sé puntual. Respeta los contratos que has firmado. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo. Vive de un dinero ganado por ti mismo.

No sigas modas. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra. Para lo bueno y lo malo, cesa de autodefinirte deja que sean tus acciones las que lo hagan. No actúes por reacción a lo que digan, bueno o malo, de ti. No te dejes llevar por los prejuicios. No te alabes, ni te insultes, ambas acciones te apartarán de tu camino. En una discusión, ponte en el lugar del otro. Nunca amenaces. No uses la violencia para ocultar tu fragilidad y tu miedo. No elimines, sino transforma. Transforma tu orgullo en dignidad. Cambia  tu cólera por creatividad. Transforma tu avaricia en respeto por la belleza. Muta tu envidia en admiración por los valores del otro. Transforma tu odio en caridad.

Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera. No te quejes y afronta con valentía las dificultades. Desarrolla tu imaginación. No quieras imponer a otros tu parecer. Si ofendes a alguien, pídele perdón. Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público. Lee a los clásicos y aprende de sus enseñanzas. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de tus propósitos. No defiendas tus ideas antiguas, sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció. No conserves objetos, ni ideas inútiles. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades. No te adornes, ni apuntales tu pensar con ideas ajenas. Usa la inteligencia a tu favor y en beneficio de todos. No rindas cuentas a nadie; sé tu propio juez. Nunca te definas por lo que posees. No establezcas amistades inútiles.

No hables demasiado de tus problemas personales. No te vanaglories de tus debilidades. No eludas tu responsabilidad ni culpes a otros de tus dificultades. No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar. En lo bueno y en lo malo descubre quién eres. Observa con atención para comprender desde la compasión. No vendas lo que eres a cambio de lo que quieres ser. No te apropies de nada ni de nadie. Acepta que nada es tuyo. Procura tu libertad sin cercenar la de otros. No trates de ser todo para tu pareja y admite que busque en otros lo que tú no puedes darle. Aprende para compartir y comparte para crecer. Obtén para repartir y reparte equitativamente. Cada día da gracias y encuentra motivos para compartir la sonrisa. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro. No olvides a tus muertos, pero que su recuerdo no invada toda tu vida. No alimentes el presente con la memoria. Habla sólo lo necesario y solamente si tus palabras resultan de ayuda. Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo, porque somos lo que damos y dar es el mejor regalo que podemos recibir.

Que así sea.

 

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Refugia2

 

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En Metáfora sabemos que la comunicación ha de servir para acercar personas e intereses. Por eso en Metáfora abrimos confiados la puerta al que llega. Confiamos en quien viene a compartir lo que es y observamos con atención para comprender lo que busca. No nos hacemos las fuertes confrontando ideas irreconciliables que no nos ayuden a crecer, ni defendiendo posesiones para definir lo que creemos que somos. Creemos en el respeto y la responsabilidad como herramienta compartida para la libertad y hacemos de eso nuestra manera de actuar. Porque sabemos que comunicar es compartir lo que hacemos, para que se conozca qué somos. Seguramente mis palabras de hoy, no tengan más valor que el de la emoción puesta al escribirlas, pero quiero compartirlas contigo, con la misma emoción con que fueron escritas para que hagas luego con ellas lo que tu quieras.

Refugiados

Soy la Europa del Imperio,
la que mira hacia otro lado,
la del bárbaro silencio,
la del brillante pasado.

La que hicieron grandes hombres
a fuerza de fe y de fuego.
La que por miedo a perder
y por escucharle al miedo
se inventó los enemigos,
para defender lo nuestro.

Esa que envió a sus hijos,
a la conquista del mundo,
que los expulsó con hambre,
con un engaño fecundo.
La Europa que ahora olvida,
que no recuerda sus pasos.
Europa de buena vida,
la del miedo y el fracaso.

La tierra de promisión.
El reino de quien más puede.
El lugar donde se ocultan,
miserias con misereres.
La del poder de la unión,
la del derroche y la suerte.
La que pide sumisión
y negocia con la muerte.

Si a los que vienen de lejos
levantamos más fronteras
sin importarnos sus sueños.
Y dejamos que se ahoguen,
enseñando mil banderas.
Podremos creernos muy grandes,
decir que somos los dueños,
poseer las libertades
sin obligación, ni respeto.
Impondremos el horror
como norma y como credo
y mostraremos al mundo
la crueldad de nuestro fuero.

Y si me callo y no escribo
lo que en justicia yo creo,
sea el corazón coraza,
que lo que siente, es pequeño.
Si son tus pasos distancia
y mi silencio es tu miedo,
no soy digno de ser hombre,
si yo mis puertas te cierro.
Si yo derribo mis puentes
y tú esperanza destierro.
No merezco mi alegría,
si a tu temor pongo precio
y si al llanto de quién quieres,
con mis leyes lo desprecio.

Si se alzan altaneras,
las voces que te detienen
y si blindan las fronteras,
lo que por buenos se tienen,
cuando yo guardo silencio,
un pensamiento me viene:
allí estarán los que matan,
pero aquí están los que hieren.

Soy la Europa del Imperio,
la que mira hacia otro lado.
La que no sabe tu nombre,
porque ha querido olvidarlo.


Alfredo Jaso

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Sabidurías

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¿Qué sabe la persona que más sabe?
¿Sabe escuchar el rumor silente de las nubes?
¿Sabe escribir la b o la v
y ganarle al misterio sin despecho?
¿Sabe la fórmula de incertidumbres y de acechos?
¿Las misteriosas leyes del derecho
por las que a las alturas unos suben,
sean cuales sean sus virtudes o sus hechos?
¿Sabe de la trampa sutil de la memoria?
¿Del tiempo que pasó y que ya está muerto
y del hueco vacío de la historia?
¿Qué sabe la persona que más sabe?
¿Sabe qué labios besan los besos que no damos?
¿ Sabe lo que en un limpio abrazo cabe?
¿O lo que dicen las caricias de unas manos ?
¿Sabe de dudas, de inquietudes y tormentos
y de lo que en un pobre corazón a penas cabe?
¿Sabe de las frágiles certezas
y de las crueles trampas del silencio?
¿Sabe del principio y del fin
y del oscuro caudal del pensamiento ?
¿Qué sabe la persona que más sabe?
¿Sabe del camino recorrido?
¿De lo que se explica de la A a la Z?
¿Del ser o no ser, del sin sentido,
del horizonte, el rumbo y de la meta?
¿Qué sabe la persona que más sabe?
¿En qué bazar compró el conocimiento?
¿Quiso creer y aprendió a leer entre las nubes?
¿Le llevó una vida, o le basto con un momento?
Pregunto yo si tú lo sabes.
A ti, que dices saber
y que al vivir quemas tus naves.
A ti, que crees vencer y poco sabes,
te propongo que lances al viento solo una llave,
una sola palabra que sin miedo lo proclame
y que valiente y en pie al fin me digas,
¿Qué sabe la persona que más sabe?

Alfredo Jaso

 

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Competencia

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Hay que ser valientes para proponer una manera distinta de mirar y poner nuestra atención en aquello que parece invisible a los ojos. Hay que tener valor para dirigir nuestra atención sobre lo que observamos y querer comprender la misma realidad de desde otra perspectiva. Eso es una Metáfora. La figura retórica del pensamiento por medio de la cual, una realidad o concepto, se expresan por medio de una realidad o concepto diferentes. Para lograrlo se necesita de una mirada libre y responsable capaz de proponer ideas distintas con palabras diferentes. Las palabras son conceptos precisos, pero precisamente es la personal mirada la que propone nuevos significados para sus significantes. En Metáfora de Comunicación siempre he tenido muy claro, que es necesario plantear una manera distinta de ver, para ser capaces de proponer una forma diferente de trabajar. Siempre he sabido que es el valor de la mirada valiente el que puede transmitir los valores que hagan la diferencia. Esa mirada que se dirige hacia el valor de los valores y que pone el acento en el trabajo hecho en libertad y desde la responsabilidad.

Esa es la decisión a tomar. Mirar como todxs o ver como unx mismo. Tomar esa decisión es comenzar a ponerse en marcha. Recorrer un nuevo camino que implica dar sentido a una nomenclatura diferente y capaz de expresar conceptos que se comprenden de distinta manera. Desde un primer momento quise definir claramente esas nuevas palabras. Competencia era una de ellas. Es una palabra de significado equívoco. En nuestro oficio, la gran mayoría la entiende como un motivador entorno de oposición o rivalidad. Sin embargo, en Metáfora nunca he visto a los demás compañeros como alguien a quien derrotar o con quien competir. Jamás he pretendido luchar contra otros. Siempre he creído que es mejor compartir para crecer que competir para derrotar. Para mi, la competencia es fundamentalmente la aptitud desarrollada como pericia para intervenir en un asunto de manera que suponga una resolución o proponga un avance . Pero para ser competente hace falta mucho más que una aptitud profesional, hay que saber sumar a la aptitud, una poderosa actitud. Sumar al conocimiento, una decidida voluntad para el aprendizaje compartido y una generosa disposición la continua mejora. Por eso ser competente es además de saber hacer, saber ser y también, saber estar. Saber estar es querer comprender y saber  respetar. El/La profesional competente no es aquel que derrota y resta, si no el que suma y multiplica. Un profesional competente no es el que compite para destacar deslumbrando, si no el que es capaz de brillar para iluminar un camino que otros siguen. Siempre he creído que la calidad del trabajo hecho depende de la actitud y la valía personal. El hacer no puede estar desgajado del ser y el saber estar. Al fin y al cabo, alguien dijo que somos lo que hacemos para intentar comprender aquello que somos. En Metáfora nos gusta tener una mirada distinta, por eso reforzamos cada día el compromiso con la excelencia en la actitud creativa, la calidad en la aptitud profesional y el respeto por el trabajo bien hecho. Nos gusta observa con atención. Comprender desde el respeto. Compartir para crecer. Crecer para estar más cerca. Aquí estamos. Así somos. Así trabajamos.

Alfredo Jaso

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El Mundo

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El mundo no es un basto territorio lleno de irresolubles problemas. No es una geografía vital lejana llena de peligrosos deseos, amargas responsabilidades, de asfixiantes apegos que nos acechan. El mundo es el ámbito en el que desarrollamos nuestras relaciones. Ese espacio en el que plasmamos nuestra capacidad para generar relaciones de calidad con nosotros mismos y con otrxs. El mundo eres tú. Tu lo construyes cada día. Levantas barreras o tiendes puentes. Superas retos o te rindes. El mundo es la imagen que tienes de ti. Si te tomas el interés de observar con atención para descubrir y comprender quién eres. Si atentamente observas tus reacciones ante distintas situaciones, sin juicio ni condena, haciendo de la comprensión un gesto generoso pero objetivo, podrás alzarte del suelo libremente. Podrás pasar de la inútil actividad a la fecunda acción. De la queja estéril a la sonrisa compartida. Serás capaz de transformar el mundo. Pero si como un maniquí adolescente mantienes caretas y uniformes, creencias e ideologías para aceptarte. Si como una máquina de repetición, tarareas conclusiones alojadas en la memoria, hechas de experiencias propias y ajenas, generadoras de prejuicios, verás como tu mundo se llena de tensiones, frustraciones y conflictos. Sentirás como una tristeza paralizante te arroja hacia el desánimo. Para evitarlo, lo fácil es buscar el refrendo de la autoridad. Una pauta que nos marque normas. Una creencia que soporte nuestras razones. Sin embargo ese autoritaria ortodoxia impide el conocimiento. Nos roba la objetividad. Nos viste el ego con ropas que nos agradan. Nos llena la mente con imágenes y prejuicios. Penaliza el ejercicio de la libertad y nos quita la oportunidad de ser quien somos, para complacernos en el que queremos ser. Ser observador de nuestra propia existencia no es algo tan complicado. Mostrar interés por nuestra propia vida no debería resultarnos tan difícil. Eso no significa ser egoísta, significa estar atento para comprender. Significa estar dispuesto para actuar sin miedo, libremente. Sin objetivos ni metas. Sin conclusiones. Sin conflicto, sin juicio ni condena. Pero implacablemente, observando con precisión de cirujano nuestras reacciones. Desnudarnos para ver quien somos, de manera inconsciente y natural, de forma objetiva y sencilla. Sin más pretensiones que la de ser, lo hacemos cada mañana. Sin embargo cada noche ejercemos de ejecutores de nuestra conciencia y en un infantil examen nos ponemos la nota según aquel que queremos ser. Pero no te engañes. Tú ya eres quien quieres ser. Tu eres el mundo. Somos el mundo. La realidad no existe si no que tú la construyes cada vez que tomas una decisión. Si te callas o te engañas. Si dimites de tu responsabilidad estás dejando pasar la ocasión para transformarlo. El mundo eres tú. Lo construyes cada día en cada gesto. Por eso observa, comprende, vive, comparte, disfruta, sonríe y olvida para escribir por ti y no por boca de otrxs. Vive, sé creativo y escribe tu nombre en tu mente y en tu corazón. Escribe en mayúsculas un nombre propio, y que resuene por las calles, en tus ideas y tus trabajos, tu propio nombre.

Alfredo Jaso

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Hoy es el mañana de ayer

Amaneciendo

No es bueno mirar hacia atrás con nostalgia. Ten presente que ahora mismo, vives el mejor momento de tu vida. No ha habido, ni habrá ninguno  mejor. Lo que pasó, solamente permanece en la memoria, ese contenedor tramposo, selectivo y parcial, y la bruma de lo que está por venir, ten por seguro que no llegará nunca. Agradece el tiempo pasado, pero no lo eches de menos. Agradece el sueño de un futuro mejor, pero que las razones de tu esperanza, no frustren los motivos para tu alegría. Agradece cada mañana, el regalo de una vida que te ha permitido conocer y te ha invitado a conocerte. Agradece cada día, haber aprendido a mantener en el corazón el recuerdo dulce de las personas que has querido y da gracias por la fortuna de saber, que pese a la distancia, el dolor y el tiempo,  todavía puedes quererlas. Da gracias también a la vida por los sin sabores y las incertidumbres, por el recuerdo amargo de las personas que se esforzaron y perdieron su tiempo, intentando hacer desaparecer tu alegría, y agradece el poder recordarlas con cierta ternura y sin rencor. No mires atrás con nostalgia. Tu vida es aquí y ahora. Un tiempo hecho de conocimiento sin excesiva pedantería y de experiencia, sin vulgar resentimiento. Siéntete  afortunado por creer aún en los compromisos sin ataduras, ni cadenas. Por mantenerte firme en el afán de aprender a vivir, sin doblegarte del todo al tedio y la rutina. No eches de menos un tiempo pasado. Recuérdalo de cuando en vez, únicamente para mantener las enseñanzas y prolongar los afectos. Pero no lo sacralices, ni lo ensalces como un tiempo mejor que se fue. Hoy es el mañana de ayer y tu vida es hoy y ahora. Acepta pues el reto de vivir sin caer en la trampa de querer ser, mientras olvidas quien estás siendo. Vive el ahora con el corazón en la mano y las manos abiertas. Haz de los días ejercicio pedagógico y enfrenta cada paso como si fuera el primero. Avanzando sin miedo a la huella y ofreciendo al camino, lo todo lo que te queda. Abre la mente y observa, comprende, vive, comparte y olvida para poder volver a vivir sin prejuicios. Sé que eso tiene su riesgo, pero también sé, que solamente así, puedes ofrecer en cada momento y para cada nuevo trabajo, la mirada libre del que busca, sin miedo a no encontrar respuestas.

Alfredo Jaso

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Confianza

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Tengo absoluta confianza en que el mundo va a mejorar. Lo digo sin pretender construir un muro de vanos y buenos deseos desde el que esconderme de la realidad. Lo digo como lo siento, con una sonrisa. Pero lo digo también desde la sensata responsabilidad que propone ser consciente de mis propias decisiones. Al poner sobre el papel mi voluntad, no miro para otro lado. No me escabullo ante las injusticias para las que un solo ser humano no tiene remedio. Situaciones sobre las que una sociedad madura y responsable ha de actuar para ponerles definitivo fin. Pero tengo muy claro que si asumimos que la vida es un juego, no deberíamos darlo por perdido antes de haber tirado todas las cartas. Si nos jugamos la vida con una sonrisa, desde la responsabilidad, conviene jugarnosla muy en serio y entregarnos en cada envite, sin miedo a perder la jugada. Sin permitir que los que con cantos de sirena, aprovechan nuestra desesperanza en su beneficio o los que hacen de sus mentiras confortable red de embustes, nos arrebaten la posibilidad de sonreír y de vivir la vida muy en serio pero tomándonosla medio en broma.  Así, si uno no cree en esa posibilidad de un mundo más justo para todos, si uno no juega sus bazas, inevitablemente, se descarta y pierde la partida.

No me olvido de que  hemos dejado de ser esos animales asustados, que buscaban el cómodo amparo de la manada y  nos hemos dejado convertir en uno más, de los miembros  de un dócil rebaño que cree vivir libre e independiente, dentro de la confortable limitación del aprisco. No niego que hoy somos individuos interesadamente interesados, que piensan que solo aquello que les viene bien, está bien. Sujetos sujetados, que acodados en la atrevida ignorancia, hacemos del respeto y la responsabilidad, palabras en deteriorado desuso. Lo sé, eso estamos siendo y por eso, desde esa cómoda perspectiva, nos resulta más fácil pensar que lo que vemos en el momento presente, continuará indefinidamente. Por eso, sentimos que nada podemos a hacer y que nuestro esfuerzo resultará presuntuoso e inútil. Reconozco que yo también, por comodidad, he intentado unirme al clan del pesimismo. Tampoco me importa decir que en ocasiones me he dejado llevar por la indignación y he vociferado de manera airada, pretendiendo que por la potencia de mi voz o la fuerza de mi puño, en un acto de irracional heroísmo, el contrario cambiase. Pronto descubrí que en uno y otro caso, ni en la atadura del pesimismo o en la permanente y difusa indignación está la respuesta. En ambos casos, al final del camino, me encontré solo. Desde ambas miradas, la mente se acomoda y desde las dos posturas, se termina siempre justificando lo peor. Unos y otros nos prefieren ignorantes. Hombres y mujeres temerosos por la permanencia perpetua de las cosas, atados como Sísifo a un inevitable destino. Es lógico, una vida es un espacio de tiempo muy limitado y un ser humano corriente, un animal débil y preparado para sobrevivir en la permanencia pero desde el miedo, incapaz de transformar el mundo.

Sin embargo, misteriosamente, como en un caos determinado, la vida cambia y el cambio se produce si hay reflexión, voluntad y acción de uno con muchos. Se trata de que la vida no nos cambie tanto y tan hacia la mansedumbre, como para que nos impida intentar al menos cambiar nuestra vida.  Debemos permanecer en atenta observación ante lo que nos rodea, intentando comprender lo que sucede. La vida nos pide vivir sin prejuicios, para actuar de manera creativa sobre la realidad que vemos. Debemos decidir con responsabilidad y respeto para transformar lo que vivimos.

Cada día me encuentro con personas que, a pesar de la adversidad de los acontecimientos, me transmiten la alegría de vivir. Más allá del puñado de creyentes de una ortodoxia que condiciona y les convierte en activistas atados en ocasiones, a la ceguera de una ideología que contrapone, quiero creer que hay miles de personas afines a las libres ideas de cambio. Personas de gestos comprometidos, honestos, generosos y sencillos, que actúan sobre su propia vida, para cambiar de raíz el mundo.

Veo que la mayoría de la gente se toma la vida en serio y la vive medio en broma. A mi me gusta hacerlo al revés, tomarla a  broma y vivirla en serio. Un optimista no es necesariamente un risueño despistado, cantando tímidamente en la penumbra de nuestros tiempos. Mantener la alegría en la adversidad no es una simple necesidad romántica. Se basa en el hecho científico de que la historia de la humanidad no se sustenta solamente en la crueldad, sino también en la compasión, en la simpatía, en la bondad, en el valor y la acción noble, responsable y comprometida. Se basa en la acción de seres humanos libres, que no se mienten. Que no hablan en nombre de nadie, ni por boca de otros. Personas que con su ejemplo, nos dicen que es necesario actuar. Sonreír. Tomarse la vida a broma y vivirla muy en serio. Nosotros, tú y yo, también podemos ser libres. Nosotros decidimos. Aquello que prioricemos con respecto a nuestros valores y oriente nuestras decisiones, determinará nuestras vidas. Si solo vemos lo peor, si componemos nuestras horas con fríos minutos sin sentido, si convertimos nuestros en días en un triste almanaque detenido, hecho de miedos, pesimismo y resentimiento, se derrumbará nuestra capacidad de actuar. El futuro es una sucesión infinita de presentes,  y vivir hoy, tal como creemos que debemos vivir,  de manera creativa y en desafío total ante el pesimismo y el afán de revancha que nos rodea, es en si una gran victoria. Ahora, cada uno de nosotros,  debe de decidir libremente, como quiere ver el mundo.

Alfredo Jaso

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Atentos

Gotas corazón

En Metáfora desconocemos el triste significado de la palabra impersonal. Por eso nos gusta llamar a las cosas por su propio nombre y a las personas por su nombre propio. Es nuestra manera de demostrar la atención que ponemos en cada nueva propuesta, en cada nuevo cliente, en cada colaborador que se incorpora a nuestro trabajo. Nos gusta tener un trato cercano y atento porque estamos seguros de que solo así convertimos cada momento en algo especial con alguien único. En Metáfora nos gusta poner la atención en todo lo que hacemos. Estar atentos como gesto de respeto y responsabilidad. Atentos para observar y comprender. Atentos para compartir y disfrutar. La atención es la capacidad de observación global. Estar atento es tener la mente alerta, pendiente de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Seguros de que somos actores principales de lo que nos rodea y de que son nuestra actitud y nuestras decisiones, las que alteran el discurrir de lo sucede. Por eso, estar atento, es una manera de tomar consciencia de la responsabilidad que se adquiere, solamente por el hecho de mantener en pie, el diálogo con la vida. Distinto es estar concentrado. Con el interés fijo en algo concreto. Sin tener consciencia de lo que más allá de nosotros está pasando. Siendo monologista de nuestra propia existencia. Llenándonos de razones, sin más motivo que responder al centro de nuestro exclusivo interés. La concentración es necesaria en labores de precisión. Pero no lo es tanto cuando se trata de aprender a vivir o cuando pretendemos desarrollar una actividad de relación más creativa. La concentración nos situa en exclusiva en el centro de nuestra actividad pero nos distrae de la atención al total de la acción y su discurso. Así, pensemos en el científico que permanece concentrado, con su total interés puesto en la reproducción celular, pero que está despreocupado del incendio que empieza a destruir el laboratorio. Es por esto, que quizá nos prefieren concentrados, con el interés interesado puesto en la mismidad del yo mismo, egoístas, frágiles y temerosos y no nos quieren atentos, alerta, libres y creativos. Dispuestos siempre para estar cerca de todo aquello en lo que ponemos nuestra atención. En Metáfora, nos gusta observar atentamente. Comprender sin prejuicio. Vivir sin miedo. Compartir generosamente y disfrutar de los días como un regalo.  Estamos seguros de que solamente con esa atenta actitud, seremos capaces de sacar el mayor partido a nuestra concentrada aptitud, para poder ser cada día, más creativos.

Alfredo Jaso

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Medir las ideas

Corazón

Quisiéramos tener entre el repertorio de todas nuestras ideas bonitas, aquellas que son como rayos de sol. Las más cálidas y cariñosas, las más inocentes y sinceras, esas que tan solo con compartirlas llenan los días de luz. Ideas que solamente con ponerlas en pie, llevan la alegría a la sonrisa y son capaces de convertir los días grises en color. En Metáfora quisiéramos encontrar entre las palabras del diccionario esas que suenan a dulce melodía, las que animan los corazones con sus sonidos y son como caricias que nos protegen ante el dolor. Nos gustaría ser capaces de hacer brillar las ideas hasta poder alumbrar con ellas la posibilidad de un mundo mejor para todxs. Nos gustaría poder gastar las palabras a fuerza de rozarlas con buenos sentimientos, para poder compartir siempre la alegría y el regalo de vivir. Las ideas y las palabras se engrandecen cuando crecen y se pronuncian desde el corazón. Es cierto que en ocasiones, ideas y palabras por su fuerza y tamaño son capaces de llegar lejos y que en su constante viajar a veces pierden su milimétrica precisión. Así, amigo es una palabra poderosa y enorme. Que sin embargo se gasta con facilidad y se vuelve hueca cuando se pronuncia interesadamente. Que se torna ingrata cuando se pone en contra de quien nos ofreció su desinteresada amistad. Es tan grande, que entre su brillo luminoso y sus líneas de garabato sentido, caben muchas definiciones, tantas como personas que la pronuncian y alumbran. Amigo es quien te acompaña toda una vida o aquel que te ofrece durante un eterno segundo su generosa mano y desaparece de tu lado para siempre. La amistad es un sentimiento comprometido solidario, generoso que a veces se prolonga a gritos y en otras crece desde el silencio. Que se da sin pedir nada a cambio, que nada espera y que por tanto, como todo lo importante, no se puede medir. Cuando tenemos la sabiduría de encontrarlas en nuestra vida, no hay que perder el tiempo en preguntas. No hay que sacar el fiel o la vara. No hay que echar cuentas, ni pedir recompensas, hay que vivir y vivirlas. En Metáfora creemos en un mundo sin medidas, ni cuentas. Un mundo donde el valor radica en el poder de lo intangible, de aquello que se entrega y se comparte sin esperanza y se da generosamente para hacer crecer la posibilidad de un mundo mejor, más justo para todxs. Un mundo en el que el otro no sea un extraño que meter en el saco de la desconfianza. Un mundo de personas sin miedo a la libertad, ni temor a la responsabilidad. Basado en el respeto a las distintas miradas y las diferentes sensibilidades. Habrá quien diga que en Metáfora no somos lo mejores creativos del mundo. Es cierto, no tenemos cada día ideas luminosas y geniales. Pero hay algo que nos distingue cuando nos ponemos a la tarea,  sabemos sonreír a la vida con el corazón. Desde nuestro trabajo diario, buscamos compartir la sonrisa responsable. Esa que hace brillar las ideas. Esa que acerca, que abre puertas y hace amigos. Y estamos convencidos que un mundo de amigos, de personas comprometidas, solidarias y generosas, tiene que ser un mundo mejor. Un mundo de sonrisas, tiene que ser un mundo más justo. Así que no preguntes por el impacto de las propuestas, ni pidas que se indague por el peso de las ideas, ni por la medida de las palabras, simplemente observa con atención, comprende sin prejuicio, comparte sin miedo y sonríe con nosotros, sonríe con el corazón y busca llenar el mundo de amigos. Ese será tu verdadero éxito.

Alfredo Jaso

 

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Tomar distancia

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Tomar distancia es querer comprender desde fuera sin perder lo visión de lo que somos por dentro. Reclamar nuestro derecho a ser quien somos y alejarse para percibir la realidad desde una mirada honesta y objetiva. Tomar distancia es aceptar nuestra responsabilidad. Asumir sin miedo el derecho a ejercer nuestra libertad  y aceptar con respeto, el que otrxs tomen sus propias decisiones. No es fácil, tenemos miedo a la libertad. Miedo al dolor que causa el error. Pero tomar distancia es necesario para vencer ese miedo a mirar dentro. Para mirar debajo de todas esas máscaras que nos pusimos para ser quienes queríamos ser. Para desnudarnos de todos los uniformes que vestimos, prejuicios bobos que nos limitan, pero que nos confieren la seguridad de ser aceptados por los que creemos iguales. Es necesario tomar distancia para aceptar la posibilidad de avanzar al tiempo que se toman decisiones. Esa es nuestra propuesta: tomar distancia para poder tener una mirada atenta y objetiva sobre lo que nos rodea. Tomar distancia para estar más cerca, para acertar en la justa medida y en la más certera propuesta. Tomar distancia para mirar distinto y ser metáfora que propone una nueva visión, para una misma circunstancia. Solo así, mirando lejos. Tomando distancia. Haciendo camino. Siendo valientes. Encontraremos la palabra precisa. La idea brillante. La respuesta correcta.

Alfredo Jaso

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