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Cuentos por Cuentas

 

Debemos convenir que elevar a categoría de extraordinario aquello que debería de ser común, es un fraude. Una estafa que busca igualar en la medianía, quizá para hacer destacar aquello que debería ser natural y cotidiano y que sin embargo, en estos tiempos que nos ha tocado habitar, interesa que se  convierta en excepcional. En este cambalache de valores sin valor, de genial retruécano de ideas y actos geniales, se banalizan unos y otras, desprestigiando el significado esencial de palabras y actos nobles. Así, cualquier ocurrencia pasa a tener categoría de idea. Un folletín interminable y por capítulos se convierte una serie de culto y prestigio. Una actividad deportiva, en arte que conmueve emociones y encierra identidades. Un debate mundano entre voces e insultos, se define como un ejercicio de uso y libertad democrática. Una cita gastada, en un destello fugaz de inteligencia o un comentario ingenioso, pasa a ser una genialidad digna de difusión, admiración y aplauso. Pero con todo, esto no es lo peor. En esa generalizacion,  las palabras y actitudes bellas y generosas, que deberían ser de uso y conducta cotidiana y utilizarse sin admitir amaños ni trampantojos,  se diluyen en la impostura y la pose hueca del ego bobo y simplón y la mercadotecnia más interesada y ramplona para desarmar la solidez de esos valores humanos y disolverlos en su esencia.

Ser responsable y respetuoso y tomar consciencia de las repercusiones que nuestras palabras y obras tienen en la vida que compartimos con otros y otras, debería formar parte de la educación vital. Adquirir ese conocimiento humano que nos ayude a crecer como personas es fundamental. Pero tendemos a confundir instrucción y formación con educación. Nos preparan para nuestro futuro pero no para vivir de manera plena nuestro presente. Educar es entregar a cada persona las herramientas necesarias para que puedan decidir de manera consciente, responsable, respetuosa y libre. Así, llenaríamos el mundo de personas que tienen el compromiso de asumir sin necesidad de trápala ni embuste, las consecuencias de sus actos. Seres humanos que no son infalibles y se equivocan, pero que en la medida de lo posible, se apoyan en la creatividad y la experiencia para procurar aprender y mejorar. Y lo que es más importante, personas que educadas en esos valores de respeto y responsabilidad, asumen de manera natural e inteligente esa actitud responsable y respetuosa en cada una de sus palabras y actos. Sin precisar de un certificado que califique su comportamiento. Sin que para ello sea necesario pasar por un altavoz que publicite su respetuosa manera de actuar. Sin echar cuentas en el debe ni contar cuentos que despistan. Sin que ellos y ellas fuercen la pose, finjan el gesto y flaqueen en el compromiso. Sin duda que de esa manera, una a uno, personas conscientes de su responsabilidad y comprometidas en el respeto,  harían del mundo un lugar mejor sin necesidad de alardes ni alaracas.

Lo que los expertos y expertas en la materia llaman  Responsabilidad Social Empresarial o Responsabilidad Social  Corporativa, se presenta como un alto compromiso y una misión ineludible que manejando un neolenguaje comercial, sitúa en el ámbito de lo heroico aquello que debiera ser natural y cotidiano en el devenir de los negocios y las empresas. Bajo una panoplia de conceptos manidos y vacuas ideas, se nos habla de la Sostenibilidad en los procesos , de la Ética en las manera, de la Proactividad como un equilibrio entre la visión de vanguardia y un enfoque pragmático… Conceptos que lucen en páginas webs y documentos de empresa con la fatua pretensión de mostrar que el beneficio industrial, se obtiene de manera honesta, cuidadosa y revierte en la sociedad de forma equitativa y justa. Palabras puestas en tantas ocasiones al servicio de un cuento, tras el que se esconde la ruda pretensión de mejorar las cuentas. Gestos exagerados y palabras huecas que a menudo consiguen que cualquier actividad anodina a la que se le aplica una vistosa pátina de carácter social, cobre brillo y relumbrón, por mostrarse como un gran logro empresarial.  Así, vemos e continuo y publicitado con gran pompa como a cuenta de cambiar las bombillas o sustituir botellas de plástico por jarras de cristal, eso si, convenientemente serigrafiadas con la identidad corporativa de la empresa y subidas inmediatamente por el gestor de redes a la plataforma social más adecuada, se defiende la RSE como ejemplo a seguir e imitar.  Por algo se empieza, si. Pero cuando poco se habla de igualdad de oportunidades, de la conciliación, del trabajo estable y de calidad, respeto entre empleadores y empleados… querer sacar partido de un gesto tan endeble como estos u otros parecidos por arrimarse al ascua de la RSC/RSE, es feo y venderlo como ejemplo de compromiso responsable, suena como poco, a aprovechado.

Para la actividad de cualquier empresa o  profesional es importante desarrollar un Plan Social que defina honestamente una manera de actuar socialmente respetuosa y responsable. Resulta crítico que esos valores impregnen la «filosofía» de la empresa de manera vertical y horizontal como un compromiso a mantener. Urgente que se difundan y conozcan entre las personas que desempañan sus tareas en ella. Necesario que todos y todas la asuman como un compromiso ineludible y una manera de actuar responsable y beneficiosa para el común de los «afectados». Sin embargo, rara vez vemos que la RSC se convierta en un compromiso real más allá de gestos elocuentes y palabras de ringorrango. En contadas ocasiones vemos que su aparición en las empresas sea  la consecuencia responsable de una decisión consciente al tomar conciencia de la huella, que para bien y para mal, deja la actividad en su entorno. En contadas ocasiones se refleja en ese Plan Social la relación de respeto que ha de fraguar como el armazón sólido que sostenga las relaciones laborales. Así en demadiadas ocasiones ese Plan Social es un propósito de puertas afuera. Un compromiso que tiene como referencia la palabra de moda: «sostenibilidad» y que más allá de gestos para la galería no aclara de manera responsable que es lo que se ha de sostener. Pondré varios ejemplos de ello. Uno de nuestros clientes desarrolla una interesante actividad profesional en el ámbito de la educación. Su proyecto de éxito propone la posibilidad palpable y real de una transformación social de gran impacto a corto, medio y largo plazo. Contactamos con una industria con gran implantación en un entorno geográfico y social deprimido, que tiene a gala presentarse como una empresa socialmente responsable. Se les propone que con un bajo coste en recursos y una gran repercusión transformadora entre los trabajadores y trabajadoras de la empresa, sus familias y el entorno geográfico más cercano, apoyen esta iniciativa basada en la educación que es claramente transformadora y socialmente responsable. La actuación se compromete a incrementar el retorno positivo de la inversión durante décadas y vincularlo,  generación tras generación,  a la imagen favorable de la empresa en el entorno de su actividad industrial. Pues bien, llega la respuesta. En ella se alaban las bondades del proyecto, pero esta empresa tiene otra manera de interpretar la RSE. Se prefiere apoyar proyectos en el tercer mundo, vinculados a ONGS bien implantadas en el territorio y con redes de colaboración con asociaciones locales. El compromiso es repartir algunos de sus productos como una acción social en comedores infantiles. Se consiguen así cuatro objetivos: liberar excedentes defectuosos difíciles de colocar en un mercado que exige unos parámetros de calidad en la producción. Abrir mercado llevando sus productos a nuevos consumidores, creando una cuota de demanda. Al tiempo se establecen contactos comerciales con empresarios y administraciones locales, con la idea de poder abrir en un futuro fábricas. Y cuarto, la acción se publicita en medios de comunicación nacionales e internacionales como parte de la filosofía de Responsabilidad Corporativa de la empresa y se vende como un buen ejemplo de solidaridad con los más desfavorecidos. Paralelamente se negocia con los sindicatos, peores condiciones laborales y se amenaza con externalizar parte de la producción industrial. La pregunta es sencilla ¿Es lícito que este tipo de acciones se entienda como un ejemplo de apoyo al desarrollo del tercer mundo? ¿Esta empresa debe de ser aplaudida como socialmente responsable? Pero vayamos con otro ejemplo más cotidiano. Con el beneplácito de la empresa que arrienda nuestra oficina se procede a tomar medidas para sustituir uno de los elementos de acceso y seguridad. El encargo se realiza a una empresa que en su publicidad aporta como valor diferencial su compromiso con la RSE. Se presenta como una empresa respetuosa con el medio ambiente y la gestión del reciclado de sus recursos, algo a lo que ya obliga la ley. Anuncia que una parte de su flota está compuesta por vehículos híbridos, comprados en parte gracias a una subvención. Dice con gran énfasis que en sus instalaciones se consume café de comercio justo y desde hace tiempo, se apoya a un equipo de deporte femenino al que ademas aporta su nombre comercial. Interrumpo al operario en sus labores para preguntarle que si en lugar de sustituir el elemento en cuestión por uno nuevo, no sería suficiente con sustituir la pieza defectuosa. El compañero trabajador se gira y me responde con displicencia: «¿Sería mejor para quién? Yo le respondo, que seria mejor para todos, se recicla, se fabrica menos y desciende la huella ecológica que todos dejamos. Además en Metáfora, no ofrecemos productos o servicios que nuestros clientes no necesiten. Es bueno tener unos valores y ejercer nuestra responsabilidad social. Además, le digo, su empresa así lo defiende en su publicidad comercial. El abnegado trabajador, sin dejar de tomar medidas, concluye con sobranza. Pero usted ¿En qué mundo vive? El encargo de mi jefe es vender el producto como sea. Mi obligación es hacerlo así y de paso llevarme la comisión. Y si hacemos bien nuestro trabajo, para alegría de todos, así será por muchos años. Esa responsabilidad de la que habla está bien para la empresa mientras nos ayude a vender, si no es así… y yo esos valores, que quiere que le diga, los tengo para mi casa. Entonces mi pregunta es sencilla ¿De que sirven esos valores de Responsabilidad social si son una mera añagaza para vender más? ¿Merece un premio esta empresa por sus supuestos valores responsables? En Metáfora siempre hemos pensado que hacer las cosas bien debería ser el premio y no nos parece que deba premiarse aquello que de natural por compromiso, respeto, responsabilidad y en muchas ocasiones ya, por obligación legal, se ha de hacer bien siempre y para el bien de todas y todos.

Por eso elevar a categoría de extraordinario aquello que debe de formar parte de la manera de actuar de todas y todos, no solo desvirtúa y pervierte el significado de palabras bellas y nobles, si no que tiene viso de pretender el fraude y el engaño.  Si una empresa se dice socialmente responsable , pero mediante técnicas de «contabilidad creativa legal» maquina para pagar menos impuestos o desarrolla un entramado empresarial en paraísos fiscales, o en sus relaciones laborales no respeta las condiciones de calidad  en el trabajo, podrá patrocinar equipos deportivos o colaborar con Ongs en el tercer mundo, pero está ensuciando la palabra RESPONSABILIDAD.  Si una entidad financiera se dice socialmente ética, pero apoya el negocio de la especulación de productos perecederos generando hambrunas y muertes o respalda o participa en el negocio armamentístico de la seguridad y la guerra, está pervirtiendo la palabra ÉTICA. Si una empresa se dice socialmente respetuosa, pero con su actividad colabora a establecer cadenas de pobreza y explotación y a deforestar pulmones verdes del planeta, puede apoyar eventos solidarios y realizar donaciones millonarias, pero está desprestigiando la palabra RESPETO. Si en el ejercicio de una actividad profesional alguien se dice honesto pero en su quehacer diario, se suceden prácticas abusivas o desleales, podrá pagar campañas de publicidad para destacar su compromiso, pero estará vulgarizando la palabra HONESTIDAD. Si una sociedad se dice solidaria pero mira hacia otro lado cuando se recortan derechos humanos, empeoran las condiciones laborales o se tolera la violencia contra él o la distinta y más indefensa, sin duda podrá alzarse como solidaria pero está tribializando el significado de la palabra SOLIDARIDAD.

Educar para que la mayoría de las personas asuman de manera natural unos valores que promuevan la Responsabilidad y el Respeto entre las personas y dentro de las empresas, debería de ser lo común. Cumplir con unas normas y ser Respetuosos y Responsables con lo que exige la ley, debería ser lo habitual. Sin embargo, alzar, presumir y publicitar aquello que debiera de ser cotidiano, para darle una aparente categoría de algo extraordinario y excepcional y justificarlo como una ventaja comercial, deberemos de convenir que  supone avanzar en esa vulgarización y rebaja de los valores, buscando igualar en la chocarrera medianía. Ya lo dijo Discèpolo en su conocido tango Cambalache «Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor. Ignorante, sabio… Generoso o estafador. ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! …Interesados y mediocres nos han igualao»… quizá esa sea la estratagema, que entre tanto cambalache y tanto disfraz, terminen por convertirse los bonitos cuentos en suculentas cuentas.

Alfredo Jaso

Foto: Laura Ockel

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15AÑOS

 

En Metáfora, 3 QUINQUENIOS de buenos trabajos nos han reafirmado en que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Sin embargo en Metáfora durante estos 15AÑOS siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los VALORES que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, las y los que aquí trabajamos y por quienes nos buscan, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que siempre ayudan a creer. Valores y trayectoria que durante estos últimos 3 QUINQUENIOS han sido avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que durante estos últimos 15AÑOS con su confianza en nuestra creatividad y VALORES nos permiten seguir trabajando. 

En Metáfora 5 TRIENIOS has sido bastantes como para saber que la creatividad no es solo una ocurrencia que aparece difusa de la nada. La creatividad es el resultado del esfuerzo coordinado de un equipo, capaz de hacer de la esencia de una idea, prototipo y ponerlo al servicio de un mensaje emocionante y eficaz. La fusión de un proceso de trabajo inteligente, basado en la búsqueda de la originalidad y la experiencia. Esa que permite descubrir el hilo de una buena idea, entre un sin fin de ocurrentes bobadas. La que se aparta de poses de moda y toma de la sabiduría, esa mirada libre, ese saber estar como si nada y que es capaz de ir más allá del conocimiento para profundizar de manera sólida y permanente. En 15AÑOS en Metáfora hemos aprendido que ser creativos es ser competentes en el saber hacer las tareas con verdad, amor, conocimiento y entregando siempre lo mejor que se tiene a cada proceso. 

En Metáfora, estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es sonreír mucho y saber reírse de lo que no tiene importancia y también de lo que la tiene, pero no tanto. Nos han enseñado a saber que la vida ha de tomarse a broma, pero que debemos vivirla muy en serio y no al revés. Tomarla en serio para vivirla medio en broma. Tener éxito en la vida, es aprender a descubrir que la belleza y el amor están en las pequeñas cosas, en las más sencillas, las que tenemos más cerca, pero también, en la manera que tenemos de mirarlas y en la libre y respetuosa relación que mantenemos con ellas. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es querer mantener el compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho, sabiendo disfrutar del paso de cada tarea, para convertir ese gozo en una oportunidad para aprender. Que tener éxito en la vida es comprender que es bueno confrontar para aprender del que más sabe y que se debe de escuchar siempre con la mente atenta, para luego compartir sin miedo, olvidando tontos prejuicios. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que el verdadero éxito está en el conocimiento adquirido, tamiz crucial de lo vivido y liviano poso de la experiencia. En querer mantener la mano tendida y la puerta abierta, en compartir para crecer y en el modesto afán por ser cada día un poco mejores.

Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que la confianza ganada con el trabajo bien hecho es un tesoro que hemos aprendido a conservar y que GRACIAS es la palabra que más nos gusta pronunciar. En Metáfora sabemos que 15AÑOS no son casi nada, pero en este tiempo hemos aprendido que poder celebrar un nuevo aniversario, es también querer celebrar la vida compartida.
GRACIAS.

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Las cuentas del gran capital

 

Hace Bob Pop uno de sus atinados comentarios en el programa de Andreu Buenafuente y reflexiona en voz alta y a su manera, al respecto del mal y el capital. Sabe Bob que la batalla contra el filantrocapitalismo está casi perdida. El filantrocapitalismo es la cara bonita y bien vestida de un voraz sistema de explotación de los recursos. Un cruel proceder que responde a un criterio ideológico económico basado en la ávida depredación y la explotación sin reparo, y que en el fondo, poco tiene que ver con creencias económicas de izquierda o derechas. Eso que hace años se llamaba poder fáctico y que hoy se denomina mercados, jamás actúa individualmente, ni lo hace desde una perspectiva social. Plantea su estrategia elaborando un plan premeditado y para conseguir su objetivo depredador, desarrolla la táctica más adecuada en cada situación, para obtener el fin pretendido de la manera más rentable y caiga quien caiga. Este dinero va allí donde le dejan crecer y lo hace de manera insaciable. Cuando se lo impiden, crea las condiciones favorables para que conseguirlo. A veces, basta con saber gestionar el miedo y la necesidad y disfrazar las iniciativas, con nobles ideales e inspiradores mensajes huecos lanzados a una masa social asustada, entretenida y a menudo ignorante. Durante las últimas décadas, asistimos al desarrollo de una vieja estrategia presentada con una nueva nomenclatura cuyo fin es darle al discurso social el interés de lo privado y otorgarle a la intermediación financiera, la apariencia de la economía solidaria y participativa. Por eso está bien que Bob Pop nos explique cómo trabajan las fundaciones filantrópicas. Cuales son sus feos e interesados intereses, y que nos regale una pincelada sobre su manera de actuar allá en los países ricos, en el tercer mundo y aquí cerca, entre nosotras y nosotros. No está de más que nos esboce, aunque sea de manera sucinta, cuales son sus apoyos en las diferentes administraciones públicas más permeables y su penetración en los movimientos sociales más pragmáticos. Esos que o bien necesitan recursos para mantener en pie sus necesarios y a menudo urgentes proyectos y actuaciones, o directamente aquellos que en el fondo funcionan como una consultora neoliberal a la caza de subvenciones y dinero para proyectos de más que dudoso interés general.

Pero no todo está perdido. Difundir información relevante es convertirla en conocimiento útil compartido y por eso es bueno que Bob nos invite a comprender que una dosis de consciente responsabilidad, digno respeto, espíritu crítico y sentido del humor, puede ser el impulso para que algo comience a cambiar (https://www.youtube.com/watch?v=zOiliQCcRP8). Además, en internet veo que hay personas que sin pretensión de libelo y sin ocultar sus nombres, se han tomado el interés de investigar. Lo hacen a la luz y rigor de los documentos y los hechos y con el fin de explicarnos esto del filantrocapitalismo de manera objetiva y documentada. Por compartir un enlace están de ejemplo en dos interesantes vídeos. https://vimeo.com/user39722740

No deja de sorprenderme el que todavía haya personas comprometidas que dediquen su tiempo a destripar estos tinglados, que no solamente buscan como bien dice Bob, hacer dinero con nuestras miserias, nuestra necesidad y nuestro ingenuo desconocimiento, si no que con el apoyo de grandes multinacionales, entidades financieras, fundaciones filantrópicas y organizaciones socialmente comprometidas, necesitadas o simplemente oportunistas, desvirtúan la nobleza de palabras bellas como ética, solidaridad, honestidad, justicia, responsabilidad… y juegan con los valores y la confianza de las personas, que en ocasiones cegados por el buen corazón, no saben, no quieren o queremos saber el origen, el por qué y el para qué de algunas cosas.

Hemos de reflexionar sobre quienes son los agentes promotores del “cambio”: empresas multinacionales, entidades financieras, Escuelas de negocio, «Think Tanks», Fundaciones filantrópicas, que bajo una apariencia de transformación, en el fondo no quieren cambiar nada. Hemos aceptado como bueno o como un mal menor, incluso desde posiciones progresistas de izquierdas, que en lugar de exigir a las grandes fortunas y poderes fácticos que paguen sus impuestos como todas y todos hacemos, que si pagan menos desgravando una cantidad importante y dejamos que ellos y ellas la dediquen a financiar proyectos de apariencia noble y altruista, eso no es malo. Sin embargo, al hacerlo permitimos que grupos y personas que responden a sus propios y espurios intereses decidan qué proyectos son «rentables» socialmente. En lugar de esto, deberíamos exigir que sean los gobiernos, que al menos son elegidos democráticamente, los que decidan mediante un ejercicio de participación, transparencia y control cuales son esos proyectos socialmente solidarios y en quienes revierten esos beneficios. Sin embargo, en lugar de pasar el algodón y ver qué hay detrás de cada inversión filantrópica, como dice Bob pop es más cómodo, menos complicado, más rápido mirar para otro lado y creernos esa filantropía de donaciones a cuenta de lo no pagado, de fundaciones interesadas que promueven la RSC llevando un producto solidario (alimentos, microcréditos, etc…) para abrir mercado allí donde hay necesidad y hambre, creando bancos de semillas para controlar patentes, estrategias alimentarias para controlar información y productores, proyectos solidarios varios (no es bueno y es injusto generalizar) que en muchas ocasiones responden a intereses de multinacionales…fundraising, camisetas, carreras y sms de apoyo que amparados por el buen fondo de la mayoría de las personas y escondidos tras la necesidad de tantos y tantas, no siempre responden (no es bueno y es injusto generalizar) a intereses tan generales, nobles y limpios como creemos.

Hay algo obsceno y cruel en aquellos que buscan la rentabilidad en la necesidad y hacen negocio del hambre y la pobreza. Algo ruin y  miserable en la opulencia de quien entrega dádivas y migajas mientras evade millones. Algo depravado e injusto en una tupida red de leyes fiscales que retiene mosquitos mientras deja libre a los elefantes. Pero sin embargo, para enfrentarnos a esa situación cruel, ruin, depravada e injusta hay algo que podemos hacer. Necesariamente entre todas y todos. Con información transparente y objetiva. Haciendo un ejercicio ciudadano de control democrático a nuestros responsables políticos. Actuando cada día desde la respetuosa dignidad y la comprometida y responsable libertad para ejercer el poder, que como ciudadanas y ciudadanos tenemos, sin heroísmos, pero también sin concesiones ni miedo. Podemos hacer ver a quienes llevan dominando la economía desde hace tanto tiempo, que los recursos (el dinero es uno de ellos), pueden utilizarse no solamente para la voraz explotación, si no también para crecer todas y todos de una manera más justa, equitativa y  sostenible. Hacerles ver que es posible conseguirlo sin evasiones a paraísos, ni tener que utilizar «criminalmente» la necesidad y el miedo para explotar seres humanos y esquilmar el medio natural. Hacerles entender que para construir una sociedad más justa y equitativa es necesario obligar a los que más tienen a contribuir más. Hacerles comprender que hacerlo así, no solo será más democrático, si no que además y para su sorpresa, les seguirá resultando rentable. En el mejor de los casos sin tener que pasar por el embuste, la mentira, el «travestismo» ético y el pragmatismo interesado y en el peor de ellos, por un listado de explotación, muerte y exterminio. En Metáfora, como profesionales comprometidos con la creatividad y el ejercicio del desarrollo de propuestas orientadas a la mejor y más honesta «Comunicación Social» y como ciudadanas y ciudadanos responsables, creemos que en nuestra mano está hacer llegar ese mensaje.

Alfredo Jaso

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Libros y caminos

En Metáfora sabemos que no todo está en los libros. Pero no tenemos ni una sola duda al respecto de que lo más importante está impregnando sus páginas. Enhebrando palabras podemos encontrar, el fulgor de sueños e ideas. No todo está en los libros pero recorriendo el camino de la ficción, ahondado en el conocimiento de los ensayos o dejándose llevar por el sonido profundo del poema, un ser humano alzado sobre la fraterna emoción puede encontrar ejemplos, preguntas, apuntes para respuestas, reseñas para sus dudas, esbozos para certezas, caminos por tierras oscuras, luces audaces para la espera.

La vida es un libro abierto con muchas de sus páginas en blanco. Leer bien el libro de la vida, escribirlo despacio y con buena letra es una invitación a observar atentamente. A comprender sin prejuicios. Escribir y leer el libro de los días, nos enseña a compartir generosamente lo aprendido y entregar la alegría sin miedo a que ni una ni otro vuelvan de regreso. En Metáfora sabemos que vivir y leer el libro de las horas, dedicando el tiempo a la consciente lectura, nos ayuda a para crecer libres y responsables y eso, necesariamente, hace que nuestras propuestas y trabajos tengan el brillo de una mirada más creativa y la consistencia de las páginas leídas con el deseo de aprender. En Metáfora sabemos que no todo está en los libros pero sin duda, en los libros está el camino.

Alfredo Jaso

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ALMA

 

¿Qué es el ALMA? me preguntaron de sopetón como esperando de mi conocimiento una respuesta. Fui a lo fácil, al origen etimológico de la palabra. Alma viene del latín «anime» que significa aliento, impulso. Una persona con ALMA es aquella que en su actuación y con su actitud, inspira e impulsa… la verdad es que no me gustan las respuestas fáciles y me quedé dándole vueltas al asunto. Hace días compartía mesa y conversación entre compañeros. Uno de mi edad, más cerca de los 60 que de los 55 y con una trayectoria profesional cuajada de premios y apoyado su éxito sobre el pilar del prestigio, pero en horas bajas. El otro frisando los 40. Atrevido, resuelto, adicto a series y vídeo juegos, acostumbrado a apuntalar su éxito a golpe de «insight» desarrollados sobre conceptos más «cool»…este le decía a aquel «tu no te das cuenta porque es tu trabajo y porque eres una persona humilde aunque creas lo contrario, pero tu trabajo tiene algo que lo destaca sobre los demás…y no es solo la creatividad, ni el empeño que pones en que todo fluya bien… si no porque lo que haces tiene alma…y es así porque eres una persona con alma y lo que eres se refleja en tu trabajo. Sin embargo estás en ahí,  rodeado de clientes y colaboradores que no te merecen. Tío sal de ahí ya»…y yo que aun le daba vueltas a la definición dije, el ALMA es una mirada inmaterial que define al ser humano. Un soplo, un aliento de respeto y responsabilidad sobre la conciencia de ser persona. El impulso hecho verdad sin miedo que desde el ser individual, actúa en un medio global que es la humanidad… Nuestro compañero con la tristeza en la mirada resolvió… «Ya y dónde voy con casi 56 años… En estos últimos tiempos me han dicho muchas veces que hace tiempo debería haberme ido a Madrid o Barcelona»… a lo que el más joven respondió de manera algo airada…»No, tampoco ahí te merecen, eso es la misma basura, está lleno de gente mediocre y gris afanándose en ser lo que no será nunca, pero en lugar de con el rancio remanso provinciano, siendo una jungla voraz…» y respirando profundo añadió, «Es triste decirlo pero la vida de hoy no merece personas como tú…» Lo cierto es que me quedé impactado y por unos momentos sin saber qué decir. Cuando reaccioné, recordé la definición: Una persona con ALMA es aquella que en su actuación y con su actitud, inspira e impulsa… y entonces mirando a mis compañeros, que siendo más brillantes, exitosos y creativos que yo, para mi sorpresa me buscan cuando tienen dudas, dije en voz alta… si como se dice, por todas partes reina la mediocre medianía. Si el respeto y la responsabilidad ya no son valores en alza. Si la mirada nueva no pasa el tamiz del conocimiento y la verdad y uno y otra, sucumben ante el destello efímero de lo que está de moda. Si en el mercado de las ideas cotiza menos la verdad que la pose…ahora, cuando tras el destello parece que una sombra de grisura se aposenta sobre el porvenir de valores y conocimientos, ahora más que nunca, es cuando más necesarias son las personas con capacidad para compartir la mirada que impulsa, esas que pueden insuflar el ánimo que nos sujeta. Sin duda ahora más que nunca son necesarias personas con ALMA…

Alfredo Jaso

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Valor y valores. (Es el mercado, amigo)

 

 

En Metáfora estamos seguros de que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Aunque en nuestro caso, 15 años de buenos trabajos confirman esta afirmación, no haremos por presumir de ello pues sabemos que lo mismo podrían pensar y decir otros muchos y muchas profesionales y empresas. Por eso en Metáfora siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los valores que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que nos ayudan a creer. Valores y trayectoria avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que con su confianza en nuestra creatividad y valores nos permiten seguir trabajando. Por eso, para consolidarnos y crecer, siempre nos hemos apoyado en nuestra creatividad y nuestros valores y nunca hemos considerado que dentro de nuestro valor diferencial, debía contar como propuesta, entrar en una guerra de ofertas a la baja.

Entendemos por parte de las administraciones el fomento del afán emprendedor. En tiempos difíciles para el empleo, el mensaje liberador y esperanzado, machaconamente lanzado hacia aquellas y aquellos a los que este modelo injusto no les ha dejado mas remedio que lanzarse a la aventura de ser su propio jefe, es cautivador y poderoso. Más allá del emprendimiento solitario, para entrar en el mundo laboral hay otros modelos empresariales basados en el trabajo colaborativo. Esos modelos empresariales favorecen la solidaridad interna y con la sociedad, el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de exclusión social, la generación de empleo estable y de calidad, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la sostenibilidad. Modelos empresariales que dentro de la economía social, proponen otro enfoque para el crecimiento económico, en el que se prima a las personas y el fin social sobre el capital. Empresas de éxito en las que se imponen la gestión autónoma y transparente, democrática y participativa. Sin embargo y quién sabe por qué, parece que desde las administraciones públicas estos modelos se apoyan menos. Quizá tenga algo que ver el que tras la panacea del emprendimiento de una en uno, se propone otro modelo social más dúctil, menos contestatario, hecho de frágiles fortalezas, de necesidades imperiosas, de ferrreas y abnegadas voluntades, de riesgos e incertidumbres que nos atan. Quizá el pingüe negocio de unos cuantos, levantado sobre las ilusiones inquebrantables de aquellas y aquellos que tomados de uno en una, suman una gran cantidad de personas con las que hacer negocio, también influya en el impulso al apoyo del autoempleo como salida del paro. Emprendedores y emprendedoras a las que proveer de recursos de formación, entregar en brazos de coach y gurús de todo tipo. A los que subir en lanzaderas subvencionadas. Meter en espacios de trabajo compartidos con derecho a cocina idóneos para encontrar sinergias y encontrar apoyos. Emprendedores y emprendedoras a las que vender herramientas y maquinaria de todo tipo y ofrecer servicios varios, siempre imprescindibles para echar a caminar y siempre ofrecidos en condiciones falsamente preferentes. El emprendimiento de uno en una, es un buen negocio para quien hace su agosto con la necesidad y las ilusiones de muchas y muchos.  La precariedad es como un sarampión que se contagia por contacto y necesidad y en ocasiones, laborar bajo premisas de superviviencia, lleva a terminar trabajando en régimen de auto-explotación. Aceptando y reclamando unas maneras laborales poco recomendable para ellas y ellos mismos basadas en una escasa participación impositiva. Trabajando en una cadena de trueques sin beneficio, entre colegas y compañeros con el fin de poder optimizar recursos y resultados. Bebiendo todos y todas de ese manantial que los Antilopez definen como «el manantial de la mitad, de la mitad» ese mantra que nos empuja, desde la inconsciente alegría a vivir con menos, mientras otros viven mejor a costa de nuestra renuncia. Sabemos que siendo su responsabilidad,  ni unas ni otros son culpables. Un sistema voraz y depredador les empuja a esta guerra de precariedades. A esta pelea por migajas. A este combate de precios bajo y trabajo a cualquier precio. A este aceptado cautiverio con promesa de libertad. 

Pero en Metáfora no nos gustan ni los combates ni las peleas. Además, no podemos permitirnos competir por precio con esos otros  modelos empresariales capaces de asumir menos costes y por lo tanto a fin de cuentas ser menos solidarios socialmente. No solo porque el coste de nuestras tareas, estando ya ajustado a nuestra capacidad profesional y nuestra humana dignidad, no nos lo permita, sino porque cuando lo hacemos, estamos poniendo en cuestión nuestros valores. Esos que nos llevan a creer en un modelo social y de trabajo en el que todas y todos sumamos a un bien común, siempre según nuestras posibilidades y siempre para que se pueda entregar a cada quien, según su responsable necesidad. Por eso en Metáfora intentamos generar valor con nuestro trabajo. Un valor que deviene en riqueza, que se distribuye entre trabajadores y proveedores cercanos y sirve para crear y mantener empleos con los que se pagan nuevos impuestos que han de servir, según nuestro «molesto» criterio, para mejorar los servicios públicos que todas y todos disfrutamos y poder hacerlos universales y de mayor calidad. Por eso no queremos competir por precio. Nuestros compromisos se expresan en un Plan Social real,  que no es una herramienta de venta, ni un canto al sol publicitario desde el que brillar y presumir. Ese plan es la expresión de nuestros valores. Valores que asumimos como propios pero que tienen un coste. Eso que cuesta pagar una infraestructura de trabajo, se suma a nuestra creatividad y la calidad de la gestión y nos obliga a mantener un precio justo por hora trabajada. Podemos hacer ofertas promocionales puntuales o mantener nuestro compromiso con los «proyectos metáfora», proyectos sociales en los que a un coste sensiblemente menor, apoyamos el desarrollo de proyectos capaces de transformar y mejorar su entorno más cercano, pero no competimos en el mercado por el precio de un servicio o producto. Hacerlo creemos que  va en contra de la superviviencia de las personas y empresas que desarrollan su actividad laboral en un sector como el de la publicidad y la comunicación que ahora como nunca, es frágil, poco corporativo y huye del asociacionismo como herramienta de defensa.

El sesgo social de nuestros trabajos, condiciona el que la mayoría de nuestros clientes sean administraciones públicas. Por eso, la mayoría de nuestros contratos llegan a partir de participaciones en llamadas a concursos. De un tiempo a esta parte, las  administraciones públicas en su afán de gastar menos, en no pocas ocasiones nos convocan a participar en una especie de subasta a la baja, en la que precio final o el celo en la productividad, evaluado en el recorte en la fecha de entrega, puntúa más en la suma de ambas o a veces por separado, que el apartado dedicado a la creatividad. Prefieren gastar menos a como sería lo más inteligente, gastar mejor.  Con ese criterio de primar el gastar menos, esas mismas administraciones a la que apoyamos con nuestra carga impositiva y que dicen apoyar el empleo de calidad (algo de lo que no dudamos en ningún momento que sea su intención e interés) no solo devalúan el trabajo creativo, sino que además terminan por no valoran el compromiso que realizamos las empresas que intentamos con gran esfuerzo, generar valor con nuestro trabajo. Un valor que genera riqueza que se distribuye entre trabajadores y proveedores cercanos y sirve para crear y mantener nuevos empleos con los que se pagan nuevos impuestos que han de servir, según nuestro modesto criterio, para mejorar los servicios públicos que todas y todos disfrutamos y hacerlos más universales y de mayor calidad. 

Parafraseando a un defenestrado gerente del FMI, alguien podría decirnos, «Es el mercado, amigo…y añadir, «si tus valores no te ayudan y tus costes son más altos: ajo y agua. Cambia de principios…» recordando al genial marxista del humor llamado Groucho y al que se le atribuye esa tan caustica y humana frase que venía decir: «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros.» En Metáfora, pese a todo, queremos mantener nuestros principios y si fuera necesario hacerlo hasta el final. Aunque no podamos competir con otros modelos empresariales individuales que trabajan en otras condiciones, con otra carga impositiva, con distintos objetivos y en ocasiones con otros valores. Porque son nuestros valores los que conforman lo que somos como empresa y en los valores de Metáfora, están lo que nosotras y nosotros somos y en ellos, lo que deseamos para mejorar el bien común. Solo valorando el trabajo hecho por lo que cuesta y lo que vale, se puede dignificar este cada día más precario oficio. Solo con un esfuerzo solidario, generoso, valiente y colaborativo podremos conseguirlo. Por eso en Metáfora cada día intentamos tomar el riesgo de mejorar en creatividad, en excelencia, en competencia profesional y en calidad del servicio pero no nos enfrentamos en competición fratricida para vencer y derrotar por unos euros a nadie que con esfuerzo e ilusión vive de lo mismo que nosotros. El criterio de necesidad no puede justificar una actitud. La necesidad convierte en comprensible cualquier acción y el pan de hoy es hambre no solo para mañana sino para siempre pues genera una asumida y necesaria precariedad. Nunca debimos permitir que ese combate de precios bajo y trabajo a cualquier precio se convirtiera en el pan nuestro de cada día, pero el caso es que está aquí. Cada profesional, cada empresa libremente decide que vale su trabajo, sin embargo en Metáfora sabemos que mantendremos nuestros principios, cueste lo que cueste y si fuera necesario hasta el fin y no competimos nunca y menos lo haremos por ofrecer un precio que no sea digno ni justo.

Alfredo Jaso

foto:Riccardo Annandale

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Inspiración o plagio

 

En Metáfora sabemos que responder al desafío de una nueva idea supone asumir riesgos en cada nueva propuesta. Sabemos que dejar el peso de nuestra huella, marca caminos que sirven para encontrar nuevas miradas. Por eso y al hilo de la información periodística de Esther Neila, descubrir que la estela de un trabajo realizado por Metáfora hace ya diez años, pudiera haber quedado flotando en el aire del colectivo recuerdo inconsciente y servir de arranque para nuevas ideas, lejos de molestarnos o llenarnos de ira, nos hace sentir satisfacción y orgullosa emoción por el camino recorrido.

Nos complace comprobar que como hoy, hace una década nuestro trabajo ya era creativo y valioso. Que entonces como hoy, merecía la confianza de quienes supieron y saben apreciar nuestro trabajo. Nos complace porque sirviendo de modesta inspiración, de alguna manera no solo se revaloriza nuestro trabajo y la creatividad del mismo, si no que con él se le da visibilidad al que junto con Metáfora, hoy, hace diez años y muchos más, vienen haciendo creativos y agencia publicitarias de Castilla y León, que como Metáfora reciben el reconocimiento de premios nacionales e internacionales por su creatividad y buen trabajo.

Pueden llamarnos ingenuos, pero creemos sinceramente que ningún creativo publicitario tiene la intención clara de copiar o plagiar una idea ajena. En nuestro oficio se nos paga por ser creativos y si es posible intentar aportar una nueva visión a miradas ya vistas. Para Metáfora sería muy fácil rasgarse las vestiduras e intentar, como tantos han hecho antes, sacar provecho de esta situación para mantener e impulsar nuestro prestigio como agencia creativa, clamando al cielo y tildando de plagio el trabajo ajeno, pero siempre hemos pensado que además de por la creatividad y calidad de nuestro trabajo, intentamos distinguirnos por los valores que nos mueven al emprenderlo y por eso, desde la confianza y la honestidad y aunque en este caso la similitud en la propuesta está muy próxima, la idea de fondo es la misma y el concepto utilizado es muy similar, no creemos que en el ánimo de la agencia que ha desarrollado la campaña de Turismo de Extremadura estuviera plagiar ideas que ya se expusieron y utilizaron con mucho éxito hace 10 años.

Sin duda confiamos en la buena fe y la buena práxis profesional de los compañeros y compañeras autores de la campaña de Turismo de Extremadura. En ocasiones se puede llegar a dar el caso de caer en inconscientes inspiraciones colectivas cuando se parte de un «breve» de trabajo similar por tratarse, como es el caso, de productos de características muy parecidas. Por eso, más allá de disputas y pareceres, deseamos de corazón que así como la campaña: «Conoce Castilla y León, en una escapada VERÁS MUNDO» fue todo un éxito, la suya también lo sea y pueda ayudar a que esa preciosa tierra extremeña se conozca mejor y reciba muchos visitantes. Que estos generen valor y riqueza tangibles e intangibles entre las empresas, trabajadores y ciudadanas y ciudadanos de Extremadura y que esta se distribuya de manera justa y equitativa para que la vida de las personas que allí residen mejore.

Alfredo Jaso

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RyR

Dos palabras sencillas deberían bastar para conducir con bien nuestro paso por los días: respeto y responsabilidad.  El respeto hacia los demás y con nosotras y nosotros mismos y la responsabilidad sobre lo que hacemos y decimos, deberían ser los pilares sobre los que sustentar la convivencia entre personas y el desenvolvimiento profesional entre empresas, sus trabajadores y el mercado. Estas dos palabras deben de ser las columnas sobre las que sostenernos como personas respetuosas, responsables y libres. Sin embargo, pareciera que ambas, respeto y responsabilidad, suenan a palabras grandes, enormes quizá para los tiempos que corren de poses fingidas, ideologías confusas, sentimientos interesados, falsas verdades y creencias confrontadas. Más si estamos atentos y atentas, responsabilidad y respeto son de esas palabras sin fisuras que se consolidan cada día con gestos y acciones pequeñas pero valiosas. El respeto se basa en la asunción natural y conveniente de no querer para nosotros  lo que  no deseamos para otros, es eso que llamamos dignidad. Respeto es actuar para no permitir con los demás, aquello que no toleraríamos hacia nosotras y nosotros y que no es más que solidario compromiso. Responsabilidad  es actuar tomando consciencia de  los deberes que rigen nuestros actos y consecuencias de nuestras acciones.  Esto no significa negar de plano la posibilidad del error y la falta, si no ser capaces de asumir de manera consciente, por anticipado o con carácter retroactivo, los efectos de nuestras palabras y actos, sin miedo y con rigor. Sin embargo, señalar siempre es más sencillo que exigir soluciones. Buscar culpables más fácil que asumir responsabilidades. Derribar al que destaca por pensar y actuar de manera diferente, es más cómodo que apreciar desde el respeto la enriquecedora diversidad de los distintos puntos de vista. Respeto y responsabilidad son dos palabras sencillas y fáciles de comprender, pero como género humano, tomados en la globalidad de la especie y asumiendo la injusticia de la generalización, pareciera que forman parte de un jeroglífico de difícil interpretación.  Si a ellas le añadimos el pleonasmo de la generosidad desinteresada. La actitud de la alegría consciente. La virtud de la duda y la crítica constructiva y  la herramienta de la comprensión compasiva y sin miedo, sin duda podríamos alzarnos en una sociedad más justa en el respeto hacia todas y todos, más libre en la responsabilidad, más generosa y solidaria en su compromiso y más creativa en su manera de afrontar el reto del regalo de los días. Más sin embargo cada día y viendo qué sucede con las pequeñas cosas, en ocasiones es más fácil comprender mejor el por qué nos comportamos así  en las decisiones más grandes.

Alfredo Jaso
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Arquitectura

Tocamos los edificios con los ojos, acariciando tímidamente con la mirada la solidez desnuda de la construcción. Las tapias son páginas en blanco de un tiempo sobre el que fuimos levantando los días. Paredes sobre las que escribimos con el afán de dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad. Nuestra arquitectura sentimental necesita que el tiempo bañe esos muros, que las paredes se impregnen de historias, de afectos, de hechos sucedidos, para poderlos convertir en un espacio propio. Ocupamos físicamente un lugar, pero sentimentalmente habitamos en la trampa de la memoria. Urbanizamos la ciudad a nuestra medida y con el material más confortable del pasado allanamos calles y aceras para hacer más fácil el tránsito desde lo que somos a la máscara cotidiana que estamos siendo. Tramoya de aquello que sin serlo, queremos ser. Tras el trampantojo sutil de lo fatuo e inconcreto, hacemos de lo pasado pilar de la existencia y en el solar presente de las horas vividas, sobre un encofrado de interesado desinterés, se fraguan, en vanidosa arrogancia, tabiques de cristal y transparentes medianeras, que en una ficticia vecindad, construyen una fingida cercanía. Solos, en rebaño de soledades, cercados en el aprisco de nuestra cómoda indiferencia. Huérfanos de voluntades. Inconscientes sin conciencia. irresponsables de la necedad, nos escondemos en la casa común de nuestro miedo, para juntos seguir apuntalando la ruina.
Tocamos los edificios con los ojos. Rozamos la construcción con la mirada. Pero más allá de lo pasado, debemos alzarnos sobre la raíz profunda de nuestros recuerdos, para proponerle al escombro del tiempo una mirada nueva capaz de levantarse sobre la carcoma ruin del calendario. Debemos ser valientes y creativos para ofrecernos a los días sin paredes que dividen, ni muros que ocultan y separan. Ser creativos y valientes y vivir sin candados ni cerrojos, con las puertas y las ventanas abiertas a nuevos y más creativos y sólidos horizontes. Con el corazón al aire, viviendo el presente sin tutelas ni tutores. Agrimensores de sonrisa generosa y alegría responsable. Arquitectos sin prejuicios ni banderas. Constructores valientes y confiados de un tiempo por venir que es el ahora. Obreros del respeto y el compromiso que construyen día a día el nuevo y sólido edificio de nuestra vida.

Alfredo Jaso

Foto:Remi Bertogliati

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Experiencia y experiencias

En Metáfora sabemos que se es lo que se hace y hacemos lo que somos. Que no es necesario hablar una y otra vez de lo que hicimos, si no dejar que lo hecho sea voz clara que para siempre hable por nosotros. Aunque parece que vivimos un tiempo de olvidos, de lugares comunes sin sentido, en Metáfora sabemos que de todo lo hecho quedará lo bueno. Aquello que ha sido construido sobre la base de la inteligencia y la fuerza de la razón. Lo que se alzó sobre el valor del sentimiento, la verdad y la emoción. Lo que brotó de una simple idea para crecer junto al brillo del conocimiento y al amparo de la experiencia. Lo que fue nombrado en rotunda y transparente voz alta, significando la grandeza sutil de lo ya hecho, para expandir su luz brillante sobre el tiempo. En Metáfora sabemos que los que hacen del destello fugaz e irrelevante, vacua, oportuna, aparente y mediocre «creativitis», nada tienen que ver con ser creativos. Porque la creatividad no es solo una ocurrencia que aparece difusa de la nada. Es el resultado del esfuerzo coordinado de un equipo, capaz de hacer de la idea prototipo sin dejarse llevar por sus creencias. La fusión de un proceso de trabajo inteligente, basado en la experiencia. Esa que permite descubrir el hilo de una buena idea entre un sin fin de ocurrentes bobadas. La que toma de la sabiduría y sin más cuento, esa mirada libre, ese saber estar como si nada y que es capaz de ir más allá del conocimiento. En Metáfora sabemos que la honesta verdad de lo logrado, se impone siempre a la inicua impostura sin medida, pues aquellos que combaten tomando en nombre propio lo que es de otros, mienten y se retratan en su propio nombre y terminan por hacerse más pequeños, jugando el juego de querer pasar por grandes. Así que no dejes que un destello simulado y fácil te obnubile, ni permitas que lo superficial y lo falso te entretengan. Hay  en el mercado profesionales que apoyados en el hastial de la experiencia, saben distinguirse del resto, por su reconocida fácil competencia. Competentes en el saber hacer de sus tareas con verdad, amor, conocimiento y eficaz y sobrada suficiencia. Que no confrontan más que para aprender del que más sabe y que más que hablar sobre lo que quieres oír, te escuchan siempre con la mente abierta. Búscalos porque ellos  aportarán a su propuesta el peso rotundo de su inteligencia. El valor diferencial del conocimiento adquirido, tamiz crucial de lo vivido, que es el liviano poso de la experiencia. Búscalos, los tienes cerca, estarán encantados de trabajar contigo y en ellos encontrarás profesionales y empresas que como nosotras y nosotros, tendrán para ti su puerta abierta y en los que podrás siempre confiar como en un amigo.

 

Alfredo Jaso

Foto: Juan Marín

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