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Agua que no has de beber

Manuel puede que no fuera el más brillante de su curso, pero sin duda de la primera promoción de la politécnica, era el que más claro tenía cual sería su futuro profesional. La mayoría de las y los egresados no tenían dificultad en pasar a formar parte de las plantillas de las industrias de la ciudad. Para ingenieros e ingenieras, no faltaban ofertas para acomodarse en el sector naval y de la automoción, pero él era una persona inteligente y por ello curiosa e inquieta y desde un par de años antes de acabar sus estudios universitarios, una idea le bullía en la cabeza. Entonces él no lo sabía, pero era lo que muy pocos años después se llamó un emprendedor. La investigación, desarrollo y aplicación de la robótica a tareas industriales y su capacidad para mejorar la gestión y calidad de ciertos servicios, le abría un camino que deseaba recorrer. Juntó sus ahorros. Visitó muchas entidades financieras en busca de ayuda, hasta que por fin y pignorando el 60% del capital solicitado, consiguió el carísimo respaldo que necesitaba para poner en pie su proyecto empresarial.

Tener la habilidad para formar un buen equipo y trabajar más horas que nadie, llevó a Manuel a que su proyecto creciese y ya en el segundo año 70 personas trabajaban junto a él. Le invitaban a Foros tecnológicos. Impartía seminarios. Recibía premios y felicitaciones. Su empresa empezó a expandirse, abrir mercados y ganar concursos que le permitían seguir con su departamento de I+D+i orientado hacia nuevos caminos. Por entonces ya tenía claro que a su robótica de uso para riegos, se le debía dar un desarrollo cognitivo, eso que ahora llaman IA.  Manuel era un hombre feliz. En esa felicidad responsable estaba cuando llegó la crisis y las grandes multinacionales, que hasta entonces ignoraban su nicho de negocio por poco interesante, fueron a saco con él. De un día para otro, él y otras empresas como la suya, se vio compitiendo en una mesa de contratos con grandes multinacionales que en su plica realizaban ofertas que rozaban lo temerario. Al fin y al cabo, estas multinacionales más que industrias productivas, son engendros financieros que viven de mover influencias, contratos y cuentas y casi les da igual quién y cómo se haga el trabajo. Lo hacían así a sabiendas de que se llevarían un trabajo que terminaban ofreciendo a empresas como la de Manuel, que tenían el personal cualificado y el conocimiento en la materia, por un precio inferior al contrato y que estas en el apuro, aceptarían. Al principio Manuel se negó a esa práctica de subcontrata. No le gustaba esa manera de hacer las cosas en las que la calidad pasaba a un segundo plano. Sabía que esa manera de trabajar siempre eran migajas de pan para hoy, hambre para mañana y muerte por inanición al poco tiempo. Pero tener que pagar 70 nóminas cada mes, es un duro rebaje contra el orgullo y terminó por aceptar esas draconianas condiciones. Lo primero que mermó en ese nuevo tiempo fue su nómina, cada vez más exigua y cobrada más tarde y lo siguiente, su departamento de I+D. Dentro de él quedó paralizado su proyecto de desarrollo de la robótica cognitiva y con él, muchas de sus ilusiones. Los malos tiempos lo son porque lo urgente se anticipa a lo necesario y en este caso, salvar el día a día de nominas e impuestos era lo principal. La siguiente rebaja llegó, dolorosamente, a la plantilla.

Así pasó otro año de penurias. Las condiciones de trabajo en los nuevos proyectos y la nueva manera de trabajar, cada vez eran más precarias. Así llegó el primer accidente laboral en su empresa, el primero en 4 años. Afortunadamente no fue grave pero si fue una dura llamada de atención. La siguiente llamada que le dio un baño de cruda realidad fue la de su administradora:había que hablar urgentemente con los bancos. En ese momento de urgencia los que ganaron dinero con su proyecto ya no querían financiar su realidad. Exigían más garantías y tuvo que hipotecar su vivienda para poder tener aire al menos para doce meses más, solo doce meses más. A los pocos días fue cuando apareció alguien, que junto a un equipo de inversores dentro del que figuraba una de las multinacionales para la que «subtrabajaba», le proponía comprarle a precio de saldo el 51 por ciento de su empresa, que en esos días ya estaba en quiebra técnica. Veían gran potencial en ella y muchas posibilidades de futuro negocio, eso si sobraba el 75% de la plantilla, de todo aquello solo les valía su departamento de I+D. Se presentaron como unos ángeles que aparecieron para salvar su negocio, pero esa noche Manuel soñó con vampiros. Rechazó la oferta y su teléfono dejó de sonar. Es el mercado, le dijeron. Es el fin, pensó.

En una semana Manuel tomó la decisión y empezó el duro camino de cerrar su empresa. Sepultados bajo la documentación de los avisos de posibles embargos y los despidos, estaban sus sueños. Empañando cada carta de despedida, cada documento de cercano impago, un recuerdo de ilusiones que se volvía doloroso. Entre esas paredes estaban sus valores y sus compromisos. En esas máquinas el esfuerzo y el conocimiento de muchas personas. El proceso resultó angustioso y traumático en lo personal, en lo administrativo y en lo económico, pero salió de ello sin causar un gran daño a nadie ajeno a él y su familia. Fueron muchas noches sin poder dormir bien, hasta que un día se sintió mal y despertó en la cama del hospital.

De todo esto no han pasado más de dos años, pero con cerca de 60 años Manuel ya no encuentra  ni los recursos, ni las fuerzas para alzar un nuevo proyecto. Lee que el futuro está en la robótica cognitiva, bueno, inteligencia artificial le llaman, y sonríe con algo de amargura. Le ofrecieron trabajar para la multinacional que le envió a sus ángeles para salvar su empresa, allí están algunos de los compañeros que trabajaron con él durante 7 años, pero al pensarlo se le revolvía el estómago y terminaba vomitando, así que decidió dedicar su esfuerzo y conocimientos a una ong que trabaja con personas que están en riesgo de exclusión. Allí le veo y por eso sé su historia. No ejerce de «coach», ni hace «mentoring», ni organiza seminarios, ni habla de resilencia. No enreda con frágiles pensamientos positivos a los que poder agarrarse. Solo escucha con atención e intenta comprender sin prejuicios para saber cómo se ha llegado hasta ahí. Luego busca cómo ayudar a encontrar una posible solución. En este tiempo dice que se ha encontrado con muchas personas valiosas que no deberían estar allí. Entonces con cierta tristeza y algo de rabia recuerda aquella sentencia que le lanzaron sus «ángeles»: «es el mercado amigo»… entonces escuchándole pienso en que quizá ninguno de nosotros y nosotras tengamos la solución, pero sin duda en el silencio de todas y todos está la responsabilidad.

Alfredo Jaso
Foto: Frank V.

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El pan nuestro de cada día

 

Sabemos diferenciar lo bueno de lo malo,incluso afinando aún más, lo bueno de lo excelente. Quien puede y a veces quien no debe permitírselo, está dispuesto a pagar más por el valor diferencial que propone un producto más caro, cuando este creemos que aporta una aparente distinción o un pretendido prestigio. ¿Quién no ha escuchado alguna vez decir, son caros pero…? pero esa calidad percibida y reconocida, ¿Se paga en productos de uso diario? No hace mucho conocí a Miguel, un tipo comprometido que decidió darle una vuelta al negocio familiar. Apostó por apoyar a productores locales. Decidió hacer una selección de materia prima basada en la calidad. Desarrolló su trabajo pensado en minimizar la huella ecológica de su actividad y orientó su negocio conforme a sus valores de responsabilidad ética. Miguel daba el tiempo justo de maduración a su masa madre, elegía la mejor madera para el horneado de su pan. Cuidaba la presentación del producto e incluso desarrolló un plan de comunicación que destacaba esos valores, que junto a su competente manera de trabajar, él consideraban que hacían la diferencia con otras ofertas, a la hora de comprar el pan nuestro de cada día.  De resulta de todo eso Miguel hacía un pan delicioso y sano pero necesariamente algo más caro. Miguel era un orgullo para el barrio. Salía en la prensa regional cada vez que se reconocía su mérito y su compromiso con un premio y su bonita panadería los fines de semanas tenía colas para comprar su producto. Cambié de ciudad y al volver de visita, 3 años después, vi cerrada la panadería de Miguel. La casualidad quiso que me lo encontrará en un parque cercano y al preguntar el por qué del cierre me dijo que al principio le iba bien, pero que al pasar el primer año, la mayoría volvió a comprar el pan en los supermercados donde lo regalaban como reclamo para otros productos y en la nueva gasolinera, donde vendían una barra de masa congelada por 0,40 y a cualquier hora del día. Así me fui quedando sin clientela y solo con los más fieles no cubría gastos. Me dijo, yo no quería competir de esa manera. No quería bajar la calidad de mi producto y llegar a casa triste y malhumorado por claudicar y pervertir mi compromiso, pero al final llegaba malhumorado y triste, porque por mantener mis valores éticos, cada mes me costaba dinero venir a trabajar. Al final, estaba haciendo pan para devolver lo que me prestó el banco por una ayuda que en realidad venía de unos fondos europeos de apoyo al emprendimiento. Estuve a punto de perder  mi casa, así que en dos meses cerré y volví al horno familiar. Entonces Miguel me miró y con gesto de preocupación me dijo: has engordado y tienes mala cara ¿Algo va mal? Le respondí, no duermo bien y ando con el estómago revuelto. Trabajo mucho, duermo poco y cada mes ganó menos, es el estrés y la responsabilidad, le dije. Entonces él tomó aire y con resignación y señalando hacia mi estómago sentenció… no te engañes, es el pan del Carrefour…y pensé, quizá nadie tenga respuestas pero todos y todas tenemos la responsabilidad.

Alfredo Jaso
Foto: Mae-Mu

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Prisencolinensinainciusol

Vivimos un tiempo en el que es más importante aparentar que se sabe, que adquirir un conocimiento  relativamente profundo sobre una materia. En esto del fingimiento utilizar el ardid de la opacidad ayuda mucho. Cuanto más alejado de la comprensión común resulte ese conocimiento, más sencillo resultará aparentar que lo que conocemos está fuera del alcance de la mayoría.  Sin duda el fin que se busca es adquirir cierta prevalencia sobre el resto que tiene dificultades para llegar a conocer lo que nosotros decimos saber. Ejemplos claros de esto, son los abogados y los economistas, expertos en complicar el acceso a una profesión para la que se han erigido en traductores e interpretes de una realidad común que se ha ido enredando hasta convertirla en ininteligible para aquellos que no somos ni leguleyos ni contables de fuste. Mas para llegar a ser interpretes de leyes y números se requiere, al menos, de horas de estudio de materias complejas, para las que se necesita de cierta capacidad intelectual y tiempo comprado para ello. Sin embargo me sobrecoge este estúpido afán profesional de opacar el acceso al conocimiento de una profesión bella de ejercer y sencilla de comprender. A veces llego a pensar que existe ese ridículo interés de conferir a nuestro oficio una dignidad que no necesita adquirir. El trabajo de comunicar y difundir mejor las acciones de las diferentes administraciones y publicitar empresas, productos y servicios es útil para el progreso del común de la sociedad. Claro que no es tarea sencilla. Sin duda que para ejercerla con honestidad hay que exigir conocimientos y saberes. Y es innegable que para poder desarrollarla con creatividad y amor al trabajo bien hecho, es imprescindible vivir la vida y llenarla de experiencias y valores. Es el compendio de todo eso lo hace que nuestro trabajo, así lo creemos en Metáfora, llegue a ser original, distinto de otros, irrepetible y por consiguiente útil para el fin que se busca. Hacerlo de manera accesible, sencilla y comprensible, sin alharacas, ni martingalas que tan solo pretenden darle el fuste de una pátina de brillo que deslumbra sin llegar a iluminar nuestro trabajo, es misión de las personas que este entorno de la creatividad puesta al servicio de la comunicación, ejercemos nuestra profesión de manera honesta. Reconocer la importancia de nuestra labor pasa por proponer ideas originales, útiles, valiosas y desarrollarlas desde el amor a lo hecho y no por recorrer a diario el camino de la ampulosa pose, que lejos de darle valor a nuestro trabajo, lo empobrece porque lo hace inalcanzable para las personas que no están iniciadas en una materia y un oficio para el que se precisan personas sensibles, atentas a la realidad que viven, conocedoras del tiempo pasado, respetuosas de las diversas perspectivas, con conocimientos profesionales, valores personales y sin miedo a mezclar todo eso con originalidad pero que en el fondo, tampoco es tan compleja.

Adriano Celentano describió con una sola palabra mágica esta situación tan contemporánea del «postureo» ridículo del traje del rey desnudo que nadie ve, pero que por no pasar por imbéciles, casi todas y todos fingimos ver y por ello nos dejamos convencer: Prisencolinensinainciusol. La letra de esta canción es solo una algarabía sin ningún sentido real, lógico o profundo. Se podría decir que es solo una canción en la que la letra finge sonar como un inglés americano, pero hablado por alguien que no conoce el idioma. Una letra ininteligible arropada por una música hipnótica que embota el pensamiento y enerva la emoción más primaria. Tal cual, oiga.

Alfredo Jaso

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2 iguales para hoy

2 iguales para hoy

 

En Metáfora sabemos que para ser creativos hay que ser lo suficientemente valientes como para no dejarse llevar por la ruta más transitada, cómoda y segura. Sabemos que hay que ser atrevidos para no tener miedo a dejar el camino gastado e ir por allí donde podamos dejar la huella de nuestro propio rastro. Sabemos que para ser creativos hay que olvidar cómodas certezas, observar con atención, comprender sin prejuicios, compartir generosamente y sonreír sin miedo, poniéndole a cada instante aquello que somos y lo mejor que tenemos. Sabemos que solo así podremos llenar los días de amor para vivir plena y creativamente. Es necesario llenar cada instante de vida vivida. Así podemos ser livianos y profundos para crecer porque lo contrario de llenar la vida, de vida consciente, es vivir una vida vacía pesada, superficial y pequeña. En Metáfora sabemos que quién pone lo que es, al servicio de lo que hace sin olvidar de dónde viene, sabe hacia dónde quiere ir y por dónde llegar. Sobre eso se construimos nuestra identidad y nuestros valores. Sobre eso se desarrollan nuestras ideas y nuestra creatividad. Por eso en Metáfora nos apoyamos en esa esencia creativa y vital sobre la que nos alzamos del suelo, para darle profundidad a nuestras vidas y distinción nuestros trabajos.

Ahora eres tú quien decide si seguir caminando caminos gastados, comprando ideas que por repetidas no aportan valor a tu empresa o producto o crecer desde una mirada propia que responda al conocimiento de lo que eres, al reconocimiento de tus valores, de aquello que puedes aportar como elemento diferenciador y distintivo. Tu decides, ser uno más perdido en la fila, condenado a la presencia fugaz de un destello vacío o ser faro decidido que ilumina caminos a seguir. ¿De verdad que prefieres seguir siendo como todas y todos?

Alfredo Jaso
Foto: CJ-Dayrit

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La bella belleza

 

En Metáfora sabemos que cuando a la belleza no acompaña una sencilla verdad que sin pretensión busca trascender del propio objeto contemplado y esta se muestra sin intención, ni valores y solo con el afán de destacar y llamar la atención, corre el riesgo de quedarse en un mero producto atractivo que sin la incertidumbre de la pregunta, adormece el pensamiento crítico. Al arbitrio de la modas, lo bello pasa a convertirse en propuesta efímera y banal, embellecida por una superficial pátina que como un bonito barniz decorativo resalta aquello que mejor se adapta a las interesadas y más cómodas tendencias. Así, desde una belleza sin alma, admirada por el destello fugaz del deseo incontinente en lugar de por la luz que ilumina la inteligencia, hacernos vivir la ficción de lo distintivo en una supuesta y fingida diferencia, que en realidad uniformiza en la pose y la embobada ensoñación.

La belleza debe de conmover y emocionar. Arrebatar y despertar la consciencia del ser para al tiempo, envolvernos en una armonía profunda, que revela de manera inquietante algo que está aquí y ahora pero que permanece siempre para trascender de lo temporal. La belleza no despierta el deseo de poseer. Antes al contrario, libera de ataduras y es fuerza inmaterial que permanece y se eleva para hacer manifestación de su libertad. Es por eso que la belleza se disfruta sin dueña ni dueño y por eso es que cuando la belleza se mercantiliza, se le pone precio, se la enclaustra para regocijo de unas pocas miradas y se acota su disfrute como expresión de la humana libertad, se la daña y corrompe, dañando y corrompiendo algo que está más allá del objeto de la propia belleza porque sin dueño ni dueña a todas y todos pertenece.

Quizá por eso, en tiempos de mirada corta y disfrute rápido. En días de mercadeo de ideas y marchamo de propiedades. En estas horas de vía estrecha donde lo más fútil pugna por destacar entre lo más baladí y la mediocridad resultante de esa contienda se impone como moneda de cambio, una falsa belleza de compra y venta y postín barato, se propone como una realidad falaz y relativa que a todos y todas deslumbra, a cualquiera complace y a nadie inquieta. Quizá esa belleza vendida no necesita ya de una mirada crítica que busca, de una emoción serena que contempla, de una libertad que inspira y provoca y de un respeto que comparte, para sin ser nadie, ser ya de todas y todos…porque quizá nos quieren hacer ver que ese respeto, esa libertad, esa emoción, esa mirada del más allá que filósofos, artistas y poetas nos regalan,  ya no existe y a nadie interesa. Afortunadamente, en Metáfora sabemos que en los corazones más indómitos, creativos y puros aún pervive el latido úberrimo de la belleza. Esta que hoy compartimos con todas y todos desde el bello sonido musical, poético, libre y trascendente de Ryuichi Sakamoto  que puedes ver si pincha sobre su nombre

 

Alfredo Jaso

 

Pintura: Perro semihundido.

Auto: Francisco de Goya

 

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Sosteniblidad y rentabilidad

 

Nos gusta decir pretenciosamente que nuestro tiempo presente es más complejo y confuso que otros tiempos pasados. Pero no vale la pena andar en comparaciones. Ni agarrarse a las circunstancias para justificar miserias y temores. Mas allá de volver la vista para reconocer la fortuna del camino andado, no es bueno mirar hacia atrás más y comparar el ahora de hoy con días pretéritos. Al fin y al cabo, como dicen las personas mayores cuando alguien fallece a la edad que sea, «uno siempre está en lo mejor de la vida». Es cierto que no tenemos otro tiempo que vivir que este que nos ha tocado. Cierto es que vivimos un tiempo en el que se confunden valor y precio y nada se aprecia si no sabemos lo que vale. Vivimos días que enfrentan el valor de los valores, con el valor de lo que vale y hoy como siempre, parece que lo que más vale es lo que mejor se vende. Por eso imagino la pregunta que cualquier persona emprendedora se hace ahora, tras más de 40 minutos escuchándome hablar sobre la necesidad de afianzar nuestra identidad y nuestra creatividad sobre el valor de unos valores. ¿La creatividad con valores es sostenible y es rentable?
Como se ha visto hoy, yo creo en el valor de las palabras. Creo que cada persona tiene su propio nombre y hay que llamarla por su nombre propio. Por eso me incomoda ese neolenguaje de palabras de vieja apariencia y novedoso significado que proponen el disfraz de la innovación y el cambio para que en el fondo aceptemos una cruda realidad. El ejemplo más palmario de esto es la más reciente en llegar: Resiliencia. Una manera atractiva de decirnos: «Aguanten. No se quejen. Resistan, asuman como inevitable lo que ven a su alrededor y continúen». Las palabras tienen valor por lo que significan y por eso hay que estar muy atentos porque cuando esas palabras nobles y bellas se manosean mucho y se hace con manos sucias, las palabras pierden su rigor y su brillo y terminan por usarse interesadamente. De entrada vayamos con la definición de otra de las palabras de moda:sostenibilidad. La sostenibilidad vendría a ser todo aquello que no necesita de nadie y se sostiene por si mismo para existir. Convengamos que el modelo de sostenibilidad que se nos propone, se desarrolla dentro de un sistema económico y productivo controlado. En él los medios de producción están en manos de muy pocos. Estos grupos de interés controlan y condicionan el consumo y la demanda y por tanto, todo eso que llamamos sostenible está en manos de quien de manera irresponsable nos ha llevado a la crítica situación medioambiental actual. Por lo tanto, hablamos de una sosteniblidad de «cara lavada» que mantiene el beneficio de unos pocos gracias al necesitado consumo de muchos. No obstante, aceptada la cautividad y dependencia a la que nos lleva este modelo insostenible de interesada sosteniblidad, convengamos que minimizar nuestra fea huella ecológica es conveniente y necesario. Pero volvamos a la pregunta ¿Existe la creatividad sostenible? Si mantenemos el mismo criterio y como sostenible definimos aquella creatividad que depende de si misma para subsistir, la respuesta claramente es no. En la mayoría de los casos esa creatividad queda a expensas del mercado y de quien la compra. Admitamos pues que en la precariedad a la que este sistema económico dejamos que nos lleve, en la que cada vez más se prima lo barato sobre lo bueno y bonito, no hay sostenibilidad, solo hay subsistencia dependiente envuelta en buenas intenciones creativas. Si la lectura la hacemos desde el punto de vista medioambiental, sería sostenible aquella creatividad que en su desarrollo minimiza el impacto de su huella ecológica. Si juntamos estas dos visiones y respondemos con una mirada global, yo sostengo la teoría de que cuando la creatividad se expresa a partir de unos valores, es siempre buena y bonita y además en sí misma sostenible. ¿A la pregunta de si la creatividad por valores es rentable? Os diré que siendo una persona que todavía mantiene sus inquietudes, pienso aún y de manera convencida, que todo lo que se hace desde el respeto, la responsabilidad y el amor, todo lo que se incardina en unos valores, es sostenible y rentable. Quizá no siempre en resultados tangibles pero para mi, lo es siempre en intangibles muy valiosos. Valores que crean otro tipo de riqueza que va más allá de lo meramente mercantil.

No obstante a esa persona emprendedora que tiene un proyecto creativo, a quien quiere ser artista gráfico o sencillamente a quien quiere vivir una vida plena y consciente, le diría que dedique su tiempo a vivir observando atentamente, que aprenda a escuchar con humildad, que dude y se pregunte quién es y quién está siendo, que intente comprender y comprenderse sin prejuicios y que comparta lo vivido y aprendido sin miedo y que con esas herramientas en su mente y sus manos, dedique su tiempo al desarrollo de buenas ideas que tengan profundidad y aspiren a mejorar el tiempo que viven y no tanto, en pensar en los frutos que obtendrá de ellas, porque quién piensa que el dinero todo lo hace, terminará haciendo cualquier cosa por dinero…y no me refiero a nada ilegal, que sea pecado o engorde…a veces por dinero se pierde un bien  cada vez más escaso y preciado:la dignidad. En una ocasión, un compañero ante mi negativa a hacer un sustancioso trabajo cuyo fin no me gustaba, me respondió que con la dignidad no se come…y tenía razón…con la dignidad no se come, de dignidad nos alimentamos para seguir en pie y no vivir de rodillas.

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Cuentos por Cuentas

 

Debemos convenir que elevar a categoría de extraordinario aquello que debería de ser común, es un fraude. Una estafa que busca igualar en la medianía, quizá para hacer destacar aquello que debería ser natural y cotidiano y que sin embargo, en estos tiempos que nos ha tocado habitar, interesa que se  convierta en excepcional. En este cambalache de valores sin valor, de genial retruécano de ideas y actos geniales, se banalizan unos y otras, desprestigiando el significado esencial de palabras y actos nobles. Así, cualquier ocurrencia pasa a tener categoría de idea. Un folletín interminable y por capítulos se convierte una serie de culto y prestigio. Una actividad deportiva, en arte que conmueve emociones y encierra identidades. Un debate mundano entre voces e insultos, se define como un ejercicio de uso y libertad democrática. Una cita gastada, en un destello fugaz de inteligencia o un comentario ingenioso, pasa a ser una genialidad digna de difusión, admiración y aplauso. Pero con todo, esto no es lo peor. En esa generalizacion,  las palabras y actitudes bellas y generosas, que deberían ser de uso y conducta cotidiana y utilizarse sin admitir amaños ni trampantojos,  se diluyen en la impostura y la pose hueca del ego bobo y simplón y la mercadotecnia más interesada y ramplona para desarmar la solidez de esos valores humanos y disolverlos en su esencia.

Ser responsable y respetuoso y tomar consciencia de las repercusiones que nuestras palabras y obras tienen en la vida que compartimos con otros y otras, debería formar parte de la educación vital. Adquirir ese conocimiento humano que nos ayude a crecer como personas es fundamental. Pero tendemos a confundir instrucción y formación con educación. Nos preparan para nuestro futuro pero no para vivir de manera plena nuestro presente. Educar es entregar a cada persona las herramientas necesarias para que puedan decidir de manera consciente, responsable, respetuosa y libre. Así, llenaríamos el mundo de personas que tienen el compromiso de asumir sin necesidad de trápala ni embuste, las consecuencias de sus actos. Seres humanos que no son infalibles y se equivocan, pero que en la medida de lo posible, se apoyan en la creatividad y la experiencia para procurar aprender y mejorar. Y lo que es más importante, personas que educadas en esos valores de respeto y responsabilidad, asumen de manera natural e inteligente esa actitud responsable y respetuosa en cada una de sus palabras y actos. Sin precisar de un certificado que califique su comportamiento. Sin que para ello sea necesario pasar por un altavoz que publicite su respetuosa manera de actuar. Sin echar cuentas en el debe ni contar cuentos que despistan. Sin que ellos y ellas fuercen la pose, finjan el gesto y flaqueen en el compromiso. Sin duda que de esa manera, una a uno, personas conscientes de su responsabilidad y comprometidas en el respeto,  harían del mundo un lugar mejor sin necesidad de alardes ni alaracas.

Lo que los expertos y expertas en la materia llaman  Responsabilidad Social Empresarial o Responsabilidad Social  Corporativa, se presenta como un alto compromiso y una misión ineludible que manejando un neolenguaje comercial, sitúa en el ámbito de lo heroico aquello que debiera ser natural y cotidiano en el devenir de los negocios y las empresas. Bajo una panoplia de conceptos manidos y vacuas ideas, se nos habla de la Sostenibilidad en los procesos , de la Ética en las manera, de la Proactividad como un equilibrio entre la visión de vanguardia y un enfoque pragmático… Conceptos que lucen en páginas webs y documentos de empresa con la fatua pretensión de mostrar que el beneficio industrial, se obtiene de manera honesta, cuidadosa y revierte en la sociedad de forma equitativa y justa. Palabras puestas en tantas ocasiones al servicio de un cuento, tras el que se esconde la ruda pretensión de mejorar las cuentas. Gestos exagerados y palabras huecas que a menudo consiguen que cualquier actividad anodina a la que se le aplica una vistosa pátina de carácter social, cobre brillo y relumbrón, por mostrarse como un gran logro empresarial.  Así, vemos e continuo y publicitado con gran pompa como a cuenta de cambiar las bombillas o sustituir botellas de plástico por jarras de cristal, eso si, convenientemente serigrafiadas con la identidad corporativa de la empresa y subidas inmediatamente por el gestor de redes a la plataforma social más adecuada, se defiende la RSE como ejemplo a seguir e imitar.  Por algo se empieza, si. Pero cuando poco se habla de igualdad de oportunidades, de la conciliación, del trabajo estable y de calidad, respeto entre empleadores y empleados… querer sacar partido de un gesto tan endeble como estos u otros parecidos por arrimarse al ascua de la RSC/RSE, es feo y venderlo como ejemplo de compromiso responsable, suena como poco, a aprovechado.

Para la actividad de cualquier empresa o  profesional es importante desarrollar un Plan Social que defina honestamente una manera de actuar socialmente respetuosa y responsable. Resulta crítico que esos valores impregnen la «filosofía» de la empresa de manera vertical y horizontal como un compromiso a mantener. Urgente que se difundan y conozcan entre las personas que desempañan sus tareas en ella. Necesario que todos y todas la asuman como un compromiso ineludible y una manera de actuar responsable y beneficiosa para el común de los «afectados». Sin embargo, rara vez vemos que la RSC se convierta en un compromiso real más allá de gestos elocuentes y palabras de ringorrango. En contadas ocasiones vemos que su aparición en las empresas sea  la consecuencia responsable de una decisión consciente al tomar conciencia de la huella, que para bien y para mal, deja la actividad en su entorno. En contadas ocasiones se refleja en ese Plan Social la relación de respeto que ha de fraguar como el armazón sólido que sostenga las relaciones laborales. Así en demadiadas ocasiones ese Plan Social es un propósito de puertas afuera. Un compromiso que tiene como referencia la palabra de moda: «sostenibilidad» y que más allá de gestos para la galería no aclara de manera responsable que es lo que se ha de sostener. Pondré varios ejemplos de ello. Uno de nuestros clientes desarrolla una interesante actividad profesional en el ámbito de la educación. Su proyecto de éxito propone la posibilidad palpable y real de una transformación social de gran impacto a corto, medio y largo plazo. Contactamos con una industria con gran implantación en un entorno geográfico y social deprimido, que tiene a gala presentarse como una empresa socialmente responsable. Se les propone que con un bajo coste en recursos y una gran repercusión transformadora entre los trabajadores y trabajadoras de la empresa, sus familias y el entorno geográfico más cercano, apoyen esta iniciativa basada en la educación que es claramente transformadora y socialmente responsable. La actuación se compromete a incrementar el retorno positivo de la inversión durante décadas y vincularlo,  generación tras generación,  a la imagen favorable de la empresa en el entorno de su actividad industrial. Pues bien, llega la respuesta. En ella se alaban las bondades del proyecto, pero esta empresa tiene otra manera de interpretar la RSE. Se prefiere apoyar proyectos en el tercer mundo, vinculados a ONGS bien implantadas en el territorio y con redes de colaboración con asociaciones locales. El compromiso es repartir algunos de sus productos como una acción social en comedores infantiles. Se consiguen así cuatro objetivos: liberar excedentes defectuosos difíciles de colocar en un mercado que exige unos parámetros de calidad en la producción. Abrir mercado llevando sus productos a nuevos consumidores, creando una cuota de demanda. Al tiempo se establecen contactos comerciales con empresarios y administraciones locales, con la idea de poder abrir en un futuro fábricas. Y cuarto, la acción se publicita en medios de comunicación nacionales e internacionales como parte de la filosofía de Responsabilidad Corporativa de la empresa y se vende como un buen ejemplo de solidaridad con los más desfavorecidos. Paralelamente se negocia con los sindicatos, peores condiciones laborales y se amenaza con externalizar parte de la producción industrial. La pregunta es sencilla ¿Es lícito que este tipo de acciones se entienda como un ejemplo de apoyo al desarrollo del tercer mundo? ¿Esta empresa debe de ser aplaudida como socialmente responsable? Pero vayamos con otro ejemplo más cotidiano. Con el beneplácito de la empresa que arrienda nuestra oficina se procede a tomar medidas para sustituir uno de los elementos de acceso y seguridad. El encargo se realiza a una empresa que en su publicidad aporta como valor diferencial su compromiso con la RSE. Se presenta como una empresa respetuosa con el medio ambiente y la gestión del reciclado de sus recursos, algo a lo que ya obliga la ley. Anuncia que una parte de su flota está compuesta por vehículos híbridos, comprados en parte gracias a una subvención. Dice con gran énfasis que en sus instalaciones se consume café de comercio justo y desde hace tiempo, se apoya a un equipo de deporte femenino al que ademas aporta su nombre comercial. Interrumpo al operario en sus labores para preguntarle que si en lugar de sustituir el elemento en cuestión por uno nuevo, no sería suficiente con sustituir la pieza defectuosa. El compañero trabajador se gira y me responde con displicencia: «¿Sería mejor para quién? Yo le respondo, que seria mejor para todos, se recicla, se fabrica menos y desciende la huella ecológica que todos dejamos. Además en Metáfora, no ofrecemos productos o servicios que nuestros clientes no necesiten. Es bueno tener unos valores y ejercer nuestra responsabilidad social. Además, le digo, su empresa así lo defiende en su publicidad comercial. El abnegado trabajador, sin dejar de tomar medidas, concluye con sobranza. Pero usted ¿En qué mundo vive? El encargo de mi jefe es vender el producto como sea. Mi obligación es hacerlo así y de paso llevarme la comisión. Y si hacemos bien nuestro trabajo, para alegría de todos, así será por muchos años. Esa responsabilidad de la que habla está bien para la empresa mientras nos ayude a vender, si no es así… y yo esos valores, que quiere que le diga, los tengo para mi casa. Entonces mi pregunta es sencilla ¿De que sirven esos valores de Responsabilidad social si son una mera añagaza para vender más? ¿Merece un premio esta empresa por sus supuestos valores responsables? En Metáfora siempre hemos pensado que hacer las cosas bien debería ser el premio y no nos parece que deba premiarse aquello que de natural por compromiso, respeto, responsabilidad y en muchas ocasiones ya, por obligación legal, se ha de hacer bien siempre y para el bien de todas y todos.

Por eso elevar a categoría de extraordinario aquello que debe de formar parte de la manera de actuar de todas y todos, no solo desvirtúa y pervierte el significado de palabras bellas y nobles, si no que tiene viso de pretender el fraude y el engaño.  Si una empresa se dice socialmente responsable , pero mediante técnicas de «contabilidad creativa legal» maquina para pagar menos impuestos o desarrolla un entramado empresarial en paraísos fiscales, o en sus relaciones laborales no respeta las condiciones de calidad  en el trabajo, podrá patrocinar equipos deportivos o colaborar con Ongs en el tercer mundo, pero está ensuciando la palabra RESPONSABILIDAD.  Si una entidad financiera se dice socialmente ética, pero apoya el negocio de la especulación de productos perecederos generando hambrunas y muertes o respalda o participa en el negocio armamentístico de la seguridad y la guerra, está pervirtiendo la palabra ÉTICA. Si una empresa se dice socialmente respetuosa, pero con su actividad colabora a establecer cadenas de pobreza y explotación y a deforestar pulmones verdes del planeta, puede apoyar eventos solidarios y realizar donaciones millonarias, pero está desprestigiando la palabra RESPETO. Si en el ejercicio de una actividad profesional alguien se dice honesto pero en su quehacer diario, se suceden prácticas abusivas o desleales, podrá pagar campañas de publicidad para destacar su compromiso, pero estará vulgarizando la palabra HONESTIDAD. Si una sociedad se dice solidaria pero mira hacia otro lado cuando se recortan derechos humanos, empeoran las condiciones laborales o se tolera la violencia contra él o la distinta y más indefensa, sin duda podrá alzarse como solidaria pero está tribializando el significado de la palabra SOLIDARIDAD.

Educar para que la mayoría de las personas asuman de manera natural unos valores que promuevan la Responsabilidad y el Respeto entre las personas y dentro de las empresas, debería de ser lo común. Cumplir con unas normas y ser Respetuosos y Responsables con lo que exige la ley, debería ser lo habitual. Sin embargo, alzar, presumir y publicitar aquello que debiera de ser cotidiano, para darle una aparente categoría de algo extraordinario y excepcional y justificarlo como una ventaja comercial, deberemos de convenir que  supone avanzar en esa vulgarización y rebaja de los valores, buscando igualar en la chocarrera medianía. Ya lo dijo Discèpolo en su conocido tango Cambalache «Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor. Ignorante, sabio… Generoso o estafador. ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! …Interesados y mediocres nos han igualao»… quizá esa sea la estratagema, que entre tanto cambalache y tanto disfraz, terminen por convertirse los bonitos cuentos en suculentas cuentas.

Alfredo Jaso

Foto: Laura Ockel

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15AÑOS

 

En Metáfora, 3 QUINQUENIOS de buenos trabajos nos han reafirmado en que la creatividad y la atención a los procesos y tareas es uno de nuestros valores diferenciales. Sin embargo en Metáfora durante estos 15AÑOS siempre hemos creído que tan importante como la calidad y creatividad de los trabajos hechos, es el cómo se hacen esos trabajos y los VALORES que impregnan el día a día de las tareas hechas. Valores que nos diferencian y se nutren de compromisos y acciones diarias. Que nos reafirman en una manera de ser y de trabajar. Valores que compartidos por todas y todos, las y los que aquí trabajamos y por quienes nos buscan, se convierten en beneficios tangibles e intangibles que siempre ayudan a creer. Valores y trayectoria que durante estos últimos 3 QUINQUENIOS han sido avalados por premios autonómicos, nacionales e internacionales, no solo a trabajos hechos, sino también a cómo somos y actuamos a la hora de enfrentar cada trabajo. Trayectoria y valores sostenidos no solo por nuestro buen hacer, sino por el reconocimiento de aquellas empresas y clientes que durante estos últimos 15AÑOS con su confianza en nuestra creatividad y VALORES nos permiten seguir trabajando. 

En Metáfora 5 TRIENIOS has sido bastantes como para saber que la creatividad no es solo una ocurrencia que aparece difusa de la nada. La creatividad es el resultado del esfuerzo coordinado de un equipo, capaz de hacer de la esencia de una idea, prototipo y ponerlo al servicio de un mensaje emocionante y eficaz. La fusión de un proceso de trabajo inteligente, basado en la búsqueda de la originalidad y la experiencia. Esa que permite descubrir el hilo de una buena idea, entre un sin fin de ocurrentes bobadas. La que se aparta de poses de moda y toma de la sabiduría, esa mirada libre, ese saber estar como si nada y que es capaz de ir más allá del conocimiento para profundizar de manera sólida y permanente. En 15AÑOS en Metáfora hemos aprendido que ser creativos es ser competentes en el saber hacer las tareas con verdad, amor, conocimiento y entregando siempre lo mejor que se tiene a cada proceso. 

En Metáfora, estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es sonreír mucho y saber reírse de lo que no tiene importancia y también de lo que la tiene, pero no tanto. Nos han enseñado a saber que la vida ha de tomarse a broma, pero que debemos vivirla muy en serio y no al revés. Tomarla en serio para vivirla medio en broma. Tener éxito en la vida, es aprender a descubrir que la belleza y el amor están en las pequeñas cosas, en las más sencillas, las que tenemos más cerca, pero también, en la manera que tenemos de mirarlas y en la libre y respetuosa relación que mantenemos con ellas. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que tener éxito en la vida, es querer mantener el compromiso con la creatividad y el trabajo bien hecho, sabiendo disfrutar del paso de cada tarea, para convertir ese gozo en una oportunidad para aprender. Que tener éxito en la vida es comprender que es bueno confrontar para aprender del que más sabe y que se debe de escuchar siempre con la mente atenta, para luego compartir sin miedo, olvidando tontos prejuicios. Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que el verdadero éxito está en el conocimiento adquirido, tamiz crucial de lo vivido y liviano poso de la experiencia. En querer mantener la mano tendida y la puerta abierta, en compartir para crecer y en el modesto afán por ser cada día un poco mejores.

Estos últimos 15AÑOS nos han enseñado que la confianza ganada con el trabajo bien hecho es un tesoro que hemos aprendido a conservar y que GRACIAS es la palabra que más nos gusta pronunciar. En Metáfora sabemos que 15AÑOS no son casi nada, pero en este tiempo hemos aprendido que poder celebrar un nuevo aniversario, es también querer celebrar la vida compartida.
GRACIAS.

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Anteojos

 

Debemos de admitir que lo que queremos que sea no siempre es lo que está siendo. Tomar consciencia de ello forma parte de nuestro aprendizaje vital y nos prepara para la inevitable frustración de asumir que no todo es siempre como queremos que sea. Ya lo dijo Erich Fromm. “La mayoría de la gente no advierte que la mayor parte de lo que cree verdadero y evidente es solo una ilusión producida por la influencia sugestiva del mundo social en que vive”. En una sociedad jibariza intelectualmente, desarmada de conocimiento capaz de generar la herramienta del sentido común. Mal educada sin el norte de la responsabilidad y el respeto y agarrada a la vanidad del querer ser sin estar siendo, asumir la frustración de aquello que deseamos que sea, no es, resulta doloroso y por ello complicado. Para paliar ese desasosiego vital de lo inalcanzable y facilitar la construcción de ese imaginario social complacido, trabajan a destajo una patulea de opinadores sin miedo. Una horda de analistas a sueldo. Una grey de publicistas sin escrúpulos y creatividad sin remilgos. Toda una panda de mentores de lo fácil, unas y otros entregados al afán de apuntalarnos el ánimo, el deseo y la displicente disciplina. Para nuestro mejor conformar, nos rodea una banda de gurús del «sisequiere-sepuede». Nos acosa una basca de pregoneros de las pragmáticas realidades con soluciones de estraperlo. Nos aturde una horda de predicadores, iluminados ganapanes del consuelo de una fugaz vida mejor. Unos y otras, puestos al servicio de hacernos ver y convencernos de que aquello que queremos, en verdad está siendo o definitivamente, será así. Por eso, para apuntalar nuestra tesis vital y salvar el pellejo de nuestras circunstancias, nos engañamos o dejamos que nos engañen y lo que es peor, desenfocando la realidad para acomodarla a nuestro interés, con la perversa ingenuidad de la infancia malcriada, engañamos a otras y otros. Generamos así una secuencia de mentirijillas o grandes mentiras, que se expanden como un virus venenoso que nos adormece y que son el lenitivo que necesita nuestro ego para sobrellevar la frustración. Mejor eso que pararse a observar atentamente quienes estamos siendo. Preferimos eso a intentar comprender y comprendernos sin prejuicios, interesados intermediarios, ni expectativas. Aceptamos señalar la culpa en otras y otros, en lugar de aceptar la responsabilidad de nuestras decisiones por acción u omisión. Buscamos una salida a la luz, sin reparar si esta es solo una linterna que nos marca un camino que no es el nuestro. Como escribió el premio nobel José Saramago «El mundo se está convirtiendo en una caverna igual a la de Platón: unas y otros mirando imágenes y creyendo que la virtualidad imaginada del mensaje, es la realidad». Todas y todos con los anteojos de ver de cerca, concentrados y entretenidos en las vueltas de la pelusa de nuestro ombligo pero fingiendo que un objetivo lejano de retóricas palabras vacías, es el que centra nuestra liviana y complacida atención. Pero en nuestra mano esta ser críticos con nuestra manera de enfocar y mirar la realidad que vivimos. Es bueno hacer del deseo creatividad que nos impulse, pero no parapeto tras el que esconder miserias. No es malo aprender de la frustración y su mensaje de humildad si nos observamos con compasiva generosidad. Con apoyo y ayuda, si es necesario, pero sin gestores de lo ajeno ni intermediarios de lo propio, hemos de ser nosotros los que nos quitemos las lentes desenfocadas para discernir entre lo que somos y lo que estamos siendo, lo queremos ser y en lo que quieren que nos convirtamos. Es urgente aprender a ser honestos y conscientes. A distinguir entre la sinceridad irresponsable de quienes se esconden haciendo ruido y la verdad comprometida de quien sin alardes, se muestra para compartir generosamente y sin miedo lo vivido. Aceptar no es conformarse. Fluir no es desentenderse. Es urgente actuar en nombre propio y de primera mano para que nadie nos lleve del brazo y decida en nuestro propio nombre. Porque ese y no otro es el ser o no ser de la cuestión.

 «Hijos de España»

Alfredo Jaso

Foto: Skeeze

 

 

 

 

 

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Las cuentas del gran capital

 

Hace Bob Pop uno de sus atinados comentarios en el programa de Andreu Buenafuente y reflexiona en voz alta y a su manera, al respecto del mal y el capital. Sabe Bob que la batalla contra el filantrocapitalismo está casi perdida. El filantrocapitalismo es la cara bonita y bien vestida de un voraz sistema de explotación de los recursos. Un cruel proceder que responde a un criterio ideológico económico basado en la ávida depredación y la explotación sin reparo, y que en el fondo, poco tiene que ver con creencias económicas de izquierda o derechas. Eso que hace años se llamaba poder fáctico y que hoy se denomina mercados, jamás actúa individualmente, ni lo hace desde una perspectiva social. Plantea su estrategia elaborando un plan premeditado y para conseguir su objetivo depredador, desarrolla la táctica más adecuada en cada situación, para obtener el fin pretendido de la manera más rentable y caiga quien caiga. Este dinero va allí donde le dejan crecer y lo hace de manera insaciable. Cuando se lo impiden, crea las condiciones favorables para que conseguirlo. A veces, basta con saber gestionar el miedo y la necesidad y disfrazar las iniciativas, con nobles ideales e inspiradores mensajes huecos lanzados a una masa social asustada, entretenida y a menudo ignorante. Durante las últimas décadas, asistimos al desarrollo de una vieja estrategia presentada con una nueva nomenclatura cuyo fin es darle al discurso social el interés de lo privado y otorgarle a la intermediación financiera, la apariencia de la economía solidaria y participativa. Por eso está bien que Bob Pop nos explique cómo trabajan las fundaciones filantrópicas. Cuales son sus feos e interesados intereses, y que nos regale una pincelada sobre su manera de actuar allá en los países ricos, en el tercer mundo y aquí cerca, entre nosotras y nosotros. No está de más que nos esboce, aunque sea de manera sucinta, cuales son sus apoyos en las diferentes administraciones públicas más permeables y su penetración en los movimientos sociales más pragmáticos. Esos que o bien necesitan recursos para mantener en pie sus necesarios y a menudo urgentes proyectos y actuaciones, o directamente aquellos que en el fondo funcionan como una consultora neoliberal a la caza de subvenciones y dinero para proyectos de más que dudoso interés general.

Pero no todo está perdido. Difundir información relevante es convertirla en conocimiento útil compartido y por eso es bueno que Bob nos invite a comprender que una dosis de consciente responsabilidad, digno respeto, espíritu crítico y sentido del humor, puede ser el impulso para que algo comience a cambiar (https://www.youtube.com/watch?v=zOiliQCcRP8). Además, en internet veo que hay personas que sin pretensión de libelo y sin ocultar sus nombres, se han tomado el interés de investigar. Lo hacen a la luz y rigor de los documentos y los hechos y con el fin de explicarnos esto del filantrocapitalismo de manera objetiva y documentada. Por compartir un enlace están de ejemplo en dos interesantes vídeos. https://vimeo.com/user39722740

No deja de sorprenderme el que todavía haya personas comprometidas que dediquen su tiempo a destripar estos tinglados, que no solamente buscan como bien dice Bob, hacer dinero con nuestras miserias, nuestra necesidad y nuestro ingenuo desconocimiento, si no que con el apoyo de grandes multinacionales, entidades financieras, fundaciones filantrópicas y organizaciones socialmente comprometidas, necesitadas o simplemente oportunistas, desvirtúan la nobleza de palabras bellas como ética, solidaridad, honestidad, justicia, responsabilidad… y juegan con los valores y la confianza de las personas, que en ocasiones cegados por el buen corazón, no saben, no quieren o queremos saber el origen, el por qué y el para qué de algunas cosas.

Hemos de reflexionar sobre quienes son los agentes promotores del “cambio”: empresas multinacionales, entidades financieras, Escuelas de negocio, «Think Tanks», Fundaciones filantrópicas, que bajo una apariencia de transformación, en el fondo no quieren cambiar nada. Hemos aceptado como bueno o como un mal menor, incluso desde posiciones progresistas de izquierdas, que en lugar de exigir a las grandes fortunas y poderes fácticos que paguen sus impuestos como todas y todos hacemos, que si pagan menos desgravando una cantidad importante y dejamos que ellos y ellas la dediquen a financiar proyectos de apariencia noble y altruista, eso no es malo. Sin embargo, al hacerlo permitimos que grupos y personas que responden a sus propios y espurios intereses decidan qué proyectos son «rentables» socialmente. En lugar de esto, deberíamos exigir que sean los gobiernos, que al menos son elegidos democráticamente, los que decidan mediante un ejercicio de participación, transparencia y control cuales son esos proyectos socialmente solidarios y en quienes revierten esos beneficios. Sin embargo, en lugar de pasar el algodón y ver qué hay detrás de cada inversión filantrópica, como dice Bob pop es más cómodo, menos complicado, más rápido mirar para otro lado y creernos esa filantropía de donaciones a cuenta de lo no pagado, de fundaciones interesadas que promueven la RSC llevando un producto solidario (alimentos, microcréditos, etc…) para abrir mercado allí donde hay necesidad y hambre, creando bancos de semillas para controlar patentes, estrategias alimentarias para controlar información y productores, proyectos solidarios varios (no es bueno y es injusto generalizar) que en muchas ocasiones responden a intereses de multinacionales…fundraising, camisetas, carreras y sms de apoyo que amparados por el buen fondo de la mayoría de las personas y escondidos tras la necesidad de tantos y tantas, no siempre responden (no es bueno y es injusto generalizar) a intereses tan generales, nobles y limpios como creemos.

Hay algo obsceno y cruel en aquellos que buscan la rentabilidad en la necesidad y hacen negocio del hambre y la pobreza. Algo ruin y  miserable en la opulencia de quien entrega dádivas y migajas mientras evade millones. Algo depravado e injusto en una tupida red de leyes fiscales que retiene mosquitos mientras deja libre a los elefantes. Pero sin embargo, para enfrentarnos a esa situación cruel, ruin, depravada e injusta hay algo que podemos hacer. Necesariamente entre todas y todos. Con información transparente y objetiva. Haciendo un ejercicio ciudadano de control democrático a nuestros responsables políticos. Actuando cada día desde la respetuosa dignidad y la comprometida y responsable libertad para ejercer el poder, que como ciudadanas y ciudadanos tenemos, sin heroísmos, pero también sin concesiones ni miedo. Podemos hacer ver a quienes llevan dominando la economía desde hace tanto tiempo, que los recursos (el dinero es uno de ellos), pueden utilizarse no solamente para la voraz explotación, si no también para crecer todas y todos de una manera más justa, equitativa y  sostenible. Hacerles ver que es posible conseguirlo sin evasiones a paraísos, ni tener que utilizar «criminalmente» la necesidad y el miedo para explotar seres humanos y esquilmar el medio natural. Hacerles entender que para construir una sociedad más justa y equitativa es necesario obligar a los que más tienen a contribuir más. Hacerles comprender que hacerlo así, no solo será más democrático, si no que además y para su sorpresa, les seguirá resultando rentable. En el mejor de los casos sin tener que pasar por el embuste, la mentira, el «travestismo» ético y el pragmatismo interesado y en el peor de ellos, por un listado de explotación, muerte y exterminio. En Metáfora, como profesionales comprometidos con la creatividad y el ejercicio del desarrollo de propuestas orientadas a la mejor y más honesta «Comunicación Social» y como ciudadanas y ciudadanos responsables, creemos que en nuestra mano está hacer llegar ese mensaje.

Alfredo Jaso

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