Atentos

Gotas corazón

En Metáfora desconocemos el triste significado de la palabra impersonal. Por eso nos gusta llamar a las cosas por su propio nombre y a las personas por su nombre propio. Es nuestra manera de demostrar la atención que ponemos en cada nueva propuesta, en cada nuevo cliente, en cada colaborador que se incorpora a nuestro trabajo. Nos gusta tener un trato cercano y atento porque estamos seguros de que solo así convertimos cada momento en algo especial con alguien único. En Metáfora nos gusta poner la atención en todo lo que hacemos. Estar atentos como gesto de respeto y responsabilidad. Atentos para observar y comprender. Atentos para compartir y disfrutar. La atención es la capacidad de observación global. Estar atento es tener la mente alerta, pendiente de todo lo que sucede a nuestro alrededor. Seguros de que somos actores principales de lo que nos rodea y de que son nuestra actitud y nuestras decisiones, las que alteran el discurrir de lo sucede. Por eso, estar atento, es una manera de tomar consciencia de la responsabilidad que se adquiere, solamente por el hecho de mantener en pie, el diálogo con la vida. Distinto es estar concentrado. Con el interés fijo en algo concreto. Sin tener consciencia de lo que más allá de nosotros está pasando. Siendo monologista de nuestra propia existencia. Llenándonos de razones, sin más motivo que responder al centro de nuestro exclusivo interés. La concentración es necesaria en labores de precisión. Pero no lo es tanto cuando se trata de aprender a vivir o cuando pretendemos desarrollar una actividad de relación más creativa. La concentración nos situa en exclusiva en el centro de nuestra actividad pero nos distrae de la atención al total de la acción y su discurso. Así, pensemos en el científico que permanece concentrado, con su total interés puesto en la reproducción celular, pero que está despreocupado del incendio que empieza a destruir el laboratorio. Es por esto, que quizá nos prefieren concentrados, con el interés interesado puesto en la mismidad del yo mismo, egoístas, frágiles y temerosos y no nos quieren atentos, alerta, libres y creativos. Dispuestos siempre para estar cerca de todo aquello en lo que ponemos nuestra atención. En Metáfora, nos gusta observar atentamente. Comprender sin prejuicio. Vivir sin miedo. Compartir generosamente y disfrutar de los días como un regalo.  Estamos seguros de que solamente con esa atenta actitud, seremos capaces de sacar el mayor partido a nuestra concentrada aptitud, para poder ser cada día, más creativos.

Alfredo Jaso